India: Con un pie en Kerala

Bus Alleppey – Munnar viernes 12 de octubre 2012

Antes de nada, siento que las entradas del blog sean tan largas pero como el acceso a internet es muy limitado, escribo cada vez que acabo una etapa. Dosificarlo como podáis!

Planificando mi ruta por India con Mrinal desistí visitar su estado de Tamil Nadal porque el monzón amenazaba con hacer presencia. Renunciaba a ver una de las maravillas del mundo, el templo de Brihadeeswara en Thanjavur. Decidí dirigirme directamente a Kerala. Mrinal había confirmado con amigos suyos de allí, que el monzón en esa región lo sufrían entre junio y agosto.

Reservé el tren Chennai – Kochi, tercera clase aire acondicionado con cama, por 1.050Rs (16€), una pasta. Estaba la opción sleeper, mucho más barata, pero Mrinal me la desaconsejó. No tenía asiento especial asignado para mujeres, pero a pesar de estar rodeada de hombres, no me sentí agobiada. Todos dormimos, en mi caso, en la litera de arriba de las 3 disponibles. En ningún momento tuve miedo por mis pertenencias, pero las más importantes las tenía en la mochila de mano que dormía junto a mí. Muchos viajeros suelen viajar con candado y cadenas para asegurar su equipaje.

Tip nº 53: cleartrip, reserva de trenes para turistas

Desde la página oficial de ferrocarril en India, un extranjero no puede comprar billetes online sino tienes la american express. En muchas ciudades y muchos trenes, existen plazas reservadas para turistas. Somos afortunados porque los locales suelen comprar los billetes de larga distancia con 3 meses de antelación si quieren tener plaza. Nosotros podemos conseguirla el día anterior y hasta el mismo día. A pesar de eso, ir a las estaciones de trenes te quita tiempo y mucha energía. Mairead, la australiana que surfeaba el couch de Chennai, me habló de la página cleartrip y desde ésta, tras previo registro, puedes comprar billetes de tren online. Necesitas tener una sim local. Con el código que te dan en la compra, ni siquiera necesitas imprimir el billete.

Tip nº 54: Mochilas habilitadas para cerrarse con candado

Estoy bastante contenta con mi mochila pero tiene un gran pero. No se puede cerrar con un candado, ni tan siquiera utilizando varios. Si vais a compraros una mochila, intentad que ésta se pueda cerrar con candado, por lo menos el compartimiento principal. En los trekking y en los desplazamientos largos en bus o tren, sueles dejar la mochila fuera de la vista y siempre es mejor que esté asegurada. También he visto que existen unas mochilas muy prácticas que llevan acoplada una mochila de mano, que puedes separar fácilmente desabrochando una cremallera.

Al salir de la estación, había un stand de prepaid autorickshaw y por 110 Rs me llevó a Fort Kochi. Había seleccionado un hotel de la guía, pero el conductor me recomendó ir a una homestay. Me llevó a la calle Burguer, repleta de ellas. Por 300 Rs conseguí una habitación bastante decente en The Union Home Stay. Le di una propina al conductor porque realmente el trayecto recorrido era muy largo y estaba contenta por su recomendación. El problema vino cuando quiso cobrarle una comisión a la señora del alojamiento que se puso como loca diciendo que gente como aquella, estaba destrozando el turismo en India. No le faltaba razón la verdad. Si todo empieza a funcionar con comisiones, el precio final para el viajero se encarece al haber tantos intermediarios.

Tip nº 55: Hoteles vs homestay

En la lonely planet, en el apartado de bajo presupuesto para dormir suelen mencionar hoteles pero no suelen aparecer las homestay. Hay cientos de ellas. No en todos los sitios de India, pero en mucho de ellos. Se trata de habitaciones para turistas acondicionadas en las casas de las familias locales. Por el mismo precio que los hoteles más baratos, sueles tener una habitación mucho mejor y normalmente, más céntrica. Es donde realmente puedes encontrar alojamientos baratos. No te agobies por el tema de la reserva. Hay tantas y tan juntas, que es fácil encontrar una que se ajuste a lo que buscas y a tu presupuesto. Lo único, cerciórate que el sitio donde vas tiene este tipo de establecimiento.

Se me iluminó la cara cuanto vi que justo al lado, había una terraza café con wifi. No me lo podía creer. Me instalé, me duché y me fui directamente allí. Desayuné en condiciones un continental breakfast con huevos fritos y tostadas. Usé internet durante casi 2h. Me trataron muy bien, así que decidí volver por la noche a cenar y a saciar mis ansias de estar conectada con mi gente. Después me dirigí a correos a enviar un paquete muy especial para mi sobrino Pablo. Cariño, lo mandé a casa de la abuela porque no sabía tu dirección ¿te lo ha dado?. María tengo que agradecerte muchísimo que me dieras el consejo de mandar cosas a casa usando correos. Muchas veces me cuesta más el porte de mandarlas que el propio objeto o regalo, pero ver como funcionan los distintos sistemas de correo en los países y acercar mi viaje a vosotros, bien merece la pena. Cuando me dirigí a la oficina de Kochi, me pidieron que empaquetara el objeto en una tienda situada fuera. Allí que fui y me quedé flipada cuando el paquete consistía en coserle una bolsa de tela sobre la que se ponía la dirección y se lacraba con cera roja como las cartas de la edad media. No podía dejar de mirar fascinada. Mi madre me ha comentado que el operario de correos de Almansa, al ver el paquete, se preguntaba como podía haber llegado a destino.

Tras liberarme de las cosas a hacer, alquilé una bici por 50 Rs (1$) y con mapa en la mano, me dispuse a visitar esta ciudad costera con gran legado portugués y alemán. Todo el estado de Kerala está repleto de iglesias y la religión católica está muy presente aquí. Visité una tienda de especias y vi como las trabajadoras limpiaban el jengibre sumergidas en una nube de polvo. A pesar de mis ganas de comprar muchas cosas, compré lo único que puedo consumir, semillas de hinojo. Ya sabía por Mash que limpian el aliento y ayudan a la digestión. Me perdí en el barrio judío aunque no pude visitar la sinagoga ni el cementerio por ser un día festivo. Caminando por sus calles me asombró ver un camión y un montón de mujeres alrededor, con numerosos cacharros, a la espera de ser repletos de agua. En Cochin empecé a darme cuenta que publicitan mucho la esvástica, apareciendo por todos los sitios. Más tarde me explicaron que es un símbolo de buena suerte en la religión hindú asociada al dios Visnú.

Cochin es un sitio tremendamente turístico con muchas tiendas y negocios. Y sí, Kochi es lo mismo que Cochin, Madras que Chennai, Varanasi que Benarés, Alleppey que Alappuzha y así sucesivamente. Los nombres de las ciudades de India cambiaron cuando consiguieron la independencia de los ingleses, cosa que no facilita para nada moverse por la India ni por la propia guía de viajes. No sabía cuanto tiempo me iba a quedar aquí pero después de acabar el circuito, no me gustó nada la sensación de sentirme un dólar con patas. Todo era un saca cuartos y cuando alguien te proponía algo, aparentemente gratis, te pedía al final dinero por ello. Me quedó perfectamente claro después de visitar las redes chinas para pescar. Un sistema de poleas y pesos para pescar. La vistas sobre el mar era muy bonitas y disfruté mucho viendo como funcionaba. Uno de los pescadores con mi cámara en mano, me hizo un reportaje fotográfico. Al acabar, me explicó que eran 6 familias y que ahora no ganaban dinero vendiendo pescado en el mercado porque es temporada baja. No le parecieron bien los 100 Rs que le di como donación y me pidió más. Como Erwan diría,  ils me prennent comment un bulot cuit! No estaba de humor cuando me dieron el folleto de publicidad para ver un baile típico de aquí, Kathakali, y lo tiré directamente.

Asqueada, decidí volver a mi homestay, ducharme y refugiarme en la comida e internet. Lo tenía claro, me iría al día siguiente. A las siete de la tarde estaba con mi pc y mi tetera de café sentada en la terraza. Cené pescado, chapati y arroz. No estaba mal pero nada excepcional. A las diez de la noche, me echaron del local. Tan sólo dos comensales visitamos el lugar.

Al día siguiente, la propietaria de la homestay me dijo que no me fuera sin ver la danza típica de la zona. No era un motivo de fuerza para mí para prolongar mi estancia un día más. Me explicó como coger el autobús a Alleppey y volví a experimentar el caos de moverse en este medio de transporte en India. Primero, tenía que coger el bus local que me dejaría en la parada de bus, la esquina antes del puente nuevo en medio del terrible tráfico.

En cuanto bajé pregunté a una chica por mi destino, pero no tenía ni idea. Veía pasar autobuses pero no tenían letreros en cristiano, así que era imposible identificar cual era el mío. Tras 15 min de espera observando otros posibles pasajeros e intentando encontrar el modo de averiguar cuál era mi bus, pregunté al señor de al lado y me contestó, “ese de ahí”. En un rápido movimiento me puse la mochila y entré por la parte de atrás en un bus lleno a reventar. Sólo veía hombres. Un buen caballero me indicó donde dejar la gran mochila, tirada en el pasillo en la parte de atrás. Aquí los buses nacionales no tienen maletero y las pasas jodidas para dejar el equipaje. Me agarré como pude y otro señor me indicó que la zona de ladies estaba delante. La verdad, no me veía atravesando el pasillo repleto de tíos para llegar allí con la mochila pequeña a la espalda. Decidí quedarme de pie donde estaba y de pronto pensé, mierda estoy en la parte de hombres, lo mismo se ofenden porque me quedo aquí. El señor de antes me sacó de mis pensamientos tocándome el hombro. Me había hecho hueco en uno de los bancos en los que, apretujados, caben 3 personas. Me clavaba la barra de hierro, pero aquello era más seguro que andar zarandeándose durante todo el camino, una hora aproximadamente, por como conducen aquí y el estado de las carreteras. Cuando llegaba a destino, mi compañero me indicó “Alleppey”. Me levanté, cogí la bolsa de comida en una mano, la mochila pequeña en la otra y cuando intentaba colocármela en la espalda, un frenazo hizo que perdiera el equilibrio. Retrocedí varios pasos hacia atrás, que me parecieron metros, sin poderme agarrar a nada empujando a esa pobre gente. Como en una película, a cámara lenta, un hombre extendió su mano y me agarró por mi antebrazo. No permitió que me cayera evitando que me rompiera la crisma. Después de mi espectáculo, todos me ayudaron a recuperar mi gran mochila y bajar.

Tip nº 56: si eres chica, monta en los autobuses por la puerta de delante

La parte de delante es la que se reserva para mujeres. Si entras por la parte de atrás tendrás que luchar para llegar adelante empujando y caminando entre un montón de hombres que te miran fijamente. También, si hay hueco para equipaje, suele estar al principio.

Eran las 13h. Con la adrenalina a tope y sin ninguna idea de en qué dirección ir para buscar alojamiento o si estaba en el centro, decidí comer en el restaurante familiar de enfrente, serenarme y ubicarme. Me atendieron como a una reina, me dieron de comer platos típicos de la zona a base de arroz y pescado. A pesar de lo especiado y las espinas del pescado, me puse las botas. Me alegré enormemente de haber pasado una semana en Chennai con los chicos. Podía comer bastante decentemente con la mano derecha, con confianza a pesar de las miradas curiosas del resto de comensales. Hay algo curioso que me pasa cada vez que como algo especiado, la nariz me empieza a moquear y tengo una necesidad horrenda de sonarme. Pero claro, la falta de servilletas en los locales y con la mano derecha completamente llena de restos de comida y salsa…..en fin, todo un cuadro. El camarero que me atendió, me indicó donde estaba la oficina de turismo a tan sólo unos metros de allí. Llegué allí, resolvieron mis dudas de cómo recorrer los backwaters (canales de agua atracción turística en Kerala). Respiré aliviada al pensar que no tendría que gastar los 6.000Rs (90€) en una boat house. Me informaron sobre los horarios de bus para Munnar, mi próxima parada y gestionaron para mi el alojamiento, una homestay llamada Lake & Paddi por 400Rs al borde del lago, colorida y con ambiente musical. Estaba regentada por un grupo de chavales jóvenes con muy buen rollo, agradables y muy serviciales. Cuando llegué allí me pareció el paraíso. Naturaleza, casas familiares, un lago enorme y un sitio tranquilo donde dormir con wifi!

Me duché, pedí información del precio para visitar los canales en canoa y me fui a dar un paseo. Allí descubrí como las mujeres lavan la ropa aporreándola contra piedras planas estratégicamente colocadas, lavan cacharros sumergidas en el río y tanto ellas como ellos, se bañan y se asean en las orillas. Seguí caminando siguiendo el curso de un canal. Todos los niños me saludaban para seguidamente pedirme un boli. No have, respondía con una sonrisa. Compré una especie de mantecados en una tienda para merendar y seguí mi camino.

 

“What is your name?” me dijo una niña con unos ojos enormes desde una hamaca. Montse, le contesté. Me indicó que me acercara y allí pasé una hora con ella y su madre. Me pidió un boli pero suplí su ausencia con unos caramelos. Me invitaron a entrar en casa. Un sitio muy pequeño sin apenas comodidades, con el suelo de tierra, unos fuegos para preparar la comida y una cama en el salón. Me prepararon té y contesté a las innumerables preguntas que me hicieron sobre mi casa y mi familia. Se apenaron mucho cuando les conté que estaba divorciada. Enseñé a Hamsath a hacer fotos. Cuando se veía junto a mí en la pantalla digital, con una mueca en la cara me decía que su piel era negra y la mía blanca. Les conté que en España íbamos a la playa para tener su color y me miraban como si estuviera loca. Al poco, todos los niños de las casas cercanas estaban allí. Nos hicimos un montón de fotos. Me propusieron quedarme a cenar pero estaba anocheciendo y quería volver. “Ven mañana por favor y tráete un lápiz si tienes” me decían dos ojos negros preciosos llenos de chispas.

De vuelta a la homestay, no podía dejar de pensar por qué habían sido tan  agradables conmigo. Después de Cochin, pensaba que podría ser por dinero, pero yo no les había dado nada y ellos me ofrecieron su hospitalidad y una taza de chai (te) caliente. Tuve un diálogo interior todo el camino de vuelta que no me llevó a ningún lado mientras disfrutaba del caer del sol sobre el canal. Simplemente volvería porque se lo había prometido a esa niña.

Llegué, me senté a leer en una hamaca en la parte de atrás del alojamiento, con vistas a un campo de arroz, mientras el sol caía. Probé los mantecados comenzando por el de chocolate. Qué decepción y sorpresa al mismo tiempo, al degustar que el color venía de las especias que contenía y no del oro negro tan apetitoso.

Cuando anocheció, entré en mi habitación señalizada como Bod Dilan, me duché y salí con la camisola que me había comprado en Kuala Lumpur, Malasia. Los chicos de la homestay me decían que parecía una prenda típica de Kerala por el corte y el colorido! Junto con otros turistas pedimos cena para que nos la trajeran. Estábamos en medio de la nada y allí no había restaurantes ni chiringuitos callejeros para saciar nuestro apetito. Esperando, conocí a Fiona una australiana de 25 años. Ella también estaba interesada en recorrer los canales y decidimos compartir canoa.

Al día siguiente, tras meter unos colores en mi mochila para Hamsath, cortesía de la desaparecida CAM, Fiona y yo cogíamos el ferry que nos llevaría donde estaba Anthony, el propietario y remero de una canoa. Nos llevó a su casa, nos dio el desayuno y salimos a recorrer los minúsculos canales de Alleppey. Con razón se la conoce como la Venecia de esta parte del mundo. En algunos momentos me sentía como una intrusa mirando la vida privada de las personas que habitaban esa village de 26.000 habitantes. Numerosas plantas acuáticas poblaban la superficie. Anthony a veces necesitaba ayuda para atravesar el espesor. Me gustaba el ruido que provocaba el roce de las plantas con el casco de nuestra canoa. Había numerosas iglesias y hasta un cementerio escondido.

 

Volvimos a comer a su casa. De nuevo, una morada pobre con apenas 3 habitáculos en el que vivían 3 personas, un comedor-dormitorio, un dormitorio y una cocina. El baño estaba afuera. Su mujer nos preparó pescado de los canales, arroz, salsa de coco y banana, sopa de verduras y otros condimentos varios. Todo ello servido sobre una hoja de banana recién cortada.

Después de comer seguimos con el paseo. Los colores, los reflejos y el silencio nos envolvían en un recorrido lleno de magia. Un entorno perfecto para que Fiona y yo pudiésemos intimar. Ella decidió coger el mismo bus que yo para Munnar, parecía que tendría una nueva compi de viaje para los próximos días. Cogimos el ferry de vuelta a casa y disfrutamos de navegar por canales más grandes con una puesta de sol preciosa.

Al llegar a las 18h, Fiona se fue a descansar y yo, a pesar de la pereza que me daba, a cumplir con la deuda que tenía pendiente.  El té del día anterior no me había sentado mal, estaba dispuesta a correr el riesgo de una cena. Compré más mantecados para no aparecer con las manos vacías. Se alegraron  mucho de verme. Le di los colores a Hamsath y me abrazó loca de alegría. Siguieron más fotos y los ojos de unos padres agradecidos porque estuviera allí haciendo feliz a su niña, que apenas hacía 10 días, había estado ingresada dos semanas en el hospital por un problema con el estómago.

Les pedí la dirección para mandarles algunas de las fotos y les di mis datos de contacto. La madre me miraba diciéndome, te escribiré. Intentaron regalarme varios vestidos de ella y hasta un sari (vestido típico de las mujeres en India). Obviamente, no podía aceptarlos. Insistieron en que me probara uno y mi adornaron con todos los  complementos que encontraron. “Estás muy guapa” me decían. No me pude ir sin aceptar unos pendientes. Les regalé los caramelos que me quedaban y un boli para su hermano, al día siguiente era su cumpleaños. Eran las 20:15 y era momento de volver a casa. Me acompañaron en medio de la oscuridad y aprovecharon para presentarme a sus familiares. Hamsath me apretaba fuerte la mano y me decía, “no te vayas”.

Llegué a mi cuarto y a los 5 minutos, cortaron la luz. Mierda, eran las 20:30 y nos tocaba la media hora de la tarde sin electricidad. Me duché con ayuda del frontal, no puesto claro! y me conecté a internet. Fiona y yo pedimos comida que compartimos en la terraza de la homestay mientras hablábamos de la vida. Seguía reforzándose una relación que acababa de empezar. En la mañana esperando el ferry, me regaló un libro en inglés por mi cumpleaños, the glass palace de Amitav Ghosh, de un escritor indio.

Hoy hemos estado juntas viajando y parece que nos entendemos. Admiro su dulzura y la manera tan respetuosa que tiene de hacer las cosas de una forma tan natural. Llegamos mucho más tarde de lo esperado a Munnar, casi a las 21h. Y cuando las cosas fluyen, fluyen. Estamos compartiendo habitación, nada estresadas por lo que vamos a hacer mañana. El destino nos ha unido, sólo tenemos que disfrutar de la compañía y de lo que la India nos depare.

 

 

4 comentarios en “India: Con un pie en Kerala

  1. Hola Montse, soy Mª José la amiga de Susana y madrina de Naiara. Tu hermana me dió la dirección de este estupendo blog .
    Solo queria saludarte y decirte que estas guapisima, disfruto mucho leyendo tu viaje (asi te acompañamos todos un poquico) y que me alegro mucho de que estes disfrutando como una enana.
    Besitos.

  2. no puedo “put down” the blog, pero debo hacerselo, estoy en un hotel lujoso currando, leyendo sobre tus homestays – preferia estar en un homestay. las fotos son guapas, como la chica esa muy negra indiana…me recuerde de las fotos que hice en Sri Lanka, mi unica viaje en mi vida, todos los lugarenos con sus sonrisas y sus “Where are you from..England..nice people, nice queen, nice cricket….you want a tea??”

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