Tailandia: monzón, sobremesas eternas y buen rollo

Koh Chang, terraza del bungalow 14:00 Miércoles 29 de Julio de 2012

Está claro que estamos en la estación de lluvias. Llevamos 3 días en Koh Chang, una isla de turismo básicamente local, y el monzón nos acompaña cada minuto. Hoy queríamos alquilar un par de motos para recorrer la isla, pero aquí estamos, debajo de la terraza del Sun Flower Resort desde las 11h. Este alojamiento nos ha ofrecido el mejor baño hasta el momento. Aquí en Tailandia, la ducha no está separada en el cuarto de baño. Se trata de una alcachofa, de forma que cuando te estás duchando, el agua cae directamente en el suelo del habitáculo, en el que hay un agujero por el que sale la acumulación de agua. Es imposible por tanto, ir a mear y no chapotear en agua, o ducharse sin mojar el papel del váter. La ducha del resort estaba separada y agradecimos enormemente que por una vez, fuera así.

Tip nº7: Jabón, esponja y tupper

Cuando viajas de mochilero y por cierto tiempo, tienes que llevar poca ropa. Te recomiendan que traigas una pastilla de jabón con la que puedas ducharte y lavar la ropa (estilo jabón de marsella). El problema, es donde poner la pastilla de jabón cuando la usas y no estás el suficiente tiempo en un lugar, para que se seque. En un viaje que hice a Roma, me llevé la pastilla y la metía en una bolsa de zip, pero era un coñazo tener que meterla allí y sacarla todo el tiempo, porque se pegaba. Así que pensé en comprar un tupper muy pequeño en el que meterla. Es una muy buena solución y además, a mi me permite llevar una esponja que me da la sensación, que al usarla, salgo más limpia!

Aquí ya conocemos a la gente del barrio, el recepcionista del resort, el tatuador de enfrente, el cantante del ukelele del bar de al lado, Adam el californiano y los autóctonos que nos acompañan en las salidas nocturnas. Algo que nos ha sorprendido a todos es que no nos estamos encontrando con tantos turistas como la la gente nos había dicho. Somos pocos, pero majetes. Donde estamos alojados, 300 bahts por noche y habitación (poco más de 8€) nos tratan de lujo. Un establecimiento pequeño en el que sólo uno, habla inglés. Cada vez que desayunamos o comemos en la terraza, algún chaval (es difícil adivinar la edad aquí de la gente) va a comprar los ingredientes con la moto. No hay que tener prisa pero la verdad, aquí, eso no sirve de nada.

Aquí ya conocemos a la gente del barrio, el recepcionista del resort, el tatuador de enfrente, el cantante del ukelele del bar de al lado, Adam el californiano y los autóctonos que nos acompañan en las salidas nocturnas. Algo que nos ha sorprendido a todos, es que no nos estamos encontrando con tantos turistas como la gente nos había dicho. Somos pocos, pero majetes. Donde estamos alojados, 300 bahts por noche y habitación (poco más de 8€) nos tratan de lujo. Un establecimiento pequeño en el que sólo uno, habla inglés. Cada vez que desayunamos o comemos en la terraza, algún chaval (es difícil adivinar la edad de los asiáticos) va a comprar los ingredientes con la moto. No hay que tener prisa, pero la verdad aquí, eso no sirve de nada.

Tras abandonar Chiang Mai cogimos un tren a las 16h con destino Ayutthaya, una ciudad a tan sólo 80Km de Bangkok con unos templos en ruinas maravillosos.

Tip nº8: no cojas un tren que llega a una ciudad intermedia en plena noche

Estábamos muy contentos de coger un tren nocturno en el que pudiéramos dormir en literas. Teníamos comprobado que el vaivén del movimiento nos hacía dormir y babear. Pero claro, no pensamos que a la hora de llegada del tren a destino, las 4:44, la noche todavía cubriría el cielo. Nos pusimos el despertador a las 4:30 porque María nos había dicho que llegábamos a las 5. Justo a las 4:45 parábamos en una estación. Yo estaba lavándome los dientes, el Joan durmiendo y las niñas, despertándose. Habíamos pedido al revisor que nos avisara, pero allí no había nadie. No sabíamos de qué estación se trataba porque nuestro avance en Thai no está siendo tanto como el esperado y la falta de luz, nos impedía ver. Corrí por los pasillos para buscar a alguien, pero sólo se veían las cortinas cerradas de las literas. Me encontré con un señor mayor. Yo señalaba la estación y decía “¿ayutthaya?”  y él me respondía en Thai algo incomprensible. Yo volvía a repetir y él me contestaba, supongo, que la misma cosa. Tras una tercera vez fallida, decidí ir a una puerta para ver si había alguien en la estación y preguntar. No fui capaz de abrir la puerta. Todo apuntaba a que era nuestra parada, pero María argumentó que en el tren de la ida a Chiang Mai, tuvimos un retraso de más de 2h, con lo que era muy poco probable que llegásemos a destino puntuales. Cuando les conté a los chicos lo del hombre mayor alguien dijo, seguro que cuando preguntabas Ayutthaya? el te respondía, “tu puta madre”. Y ya tuvimos coña grupal que nos está acompañando en el viaje como recurso lingüístico. Así que cuidado si a la vuelta de los chicos, os responden Ayutthaya!.

2h más tarde llegamos a la ciudad esperada. Pasamos por Lopburi, la ciudad de los monos, y desde el tren pudimos ver que estaba todo plagado de ellos. Posados en los cables de la luz, en medio de las calles, en los campos de fútbol, encima de los templos….

Nos alojamos en el Tony’s por 500 bahts la noche los 4. Para llegar hasta allí, tuvimos que coger la barca bus que te hace cruzar un río bastante marrón donde la gente se baña y pesca. Volvimos a alquilar unas motos y nos recorrimos la ciudad viendo templos.

Tip nº9: utiliza la cámara para fotografiar informaciones útiles.

Por ejemplo, los horarios de un tren o de un bus. Resulta mucho más práctico y rápido que apuntarlos. También es muy útil fotografiar el vehículo que vas a alquiler delante de la persona que te da el servicio. De esta manera los 2 tenéis claro en qué estado se encuentra. Aquí no alquilas suplementos adicionales de seguro. Tan sólo te piden el pasaporte. No comprueban que tengas el carnet. Eso sí, cualquier problema que tengas con la moto, tienes que pagarlo a precio de oro.

En el último que visitamos, vivimos toda una experiencia. Cuando llegamos, nos encontramos con un templo bastante moderno con influencias chinas, pero detrás de éste, estaba “el templo”. Estaba anocheciendo y nos adentramos en un templo rodeado por muchos budas y dentro de una especie de capilla, un buda gigante encajado de color blanco. La cara de susto de Eva fue para grabarla. Es como si estuviéramos viviendo una película de miedo. Solos, en un templo budista con budas de miradas escalofriantes, con escaleras estrechas y murciélagos. Gracias a buda, salimos todos sanos y salvo de allí tras echarnos unas risas y muchas fotos.

Por la noche, tras visitar el mercado local nocturno, a propuesta del Joan, nos dejamos perder y fuimos a parar a un embarcadero donde algunos locales pescaban mientras algunos jóvenes creaban su clima en la oscuridad. Allí estábamos los cuatro, cada uno a lo suyo y yo recordando cuando me iba a pescar cuando era niña, en Santa Pola, con mi hermana Susana. Me emocioné al recordar nuestra caja de herramientas en la que metíamos sedal, anzuelos, plomos y boyas. Me emocioné al recuperar las sensaciones de aquella niñez. Desde donde estábamos, se distinguía una terraza sobre el río con luces. Decidimos abandonar aquel momento de vida y acercarnos a tomar algo a la terraza. Allí nos encontramos con una familia acabando de cenar que se puso muy contenta al vernos allí. Éramos los únicos clientes. Sin hablar una palabra de inglés nos sirvieron cerveza Chang y coca cola sin parar. La chica de la familia no paraba de reír cuando decíamos Kapunkaaa o thank you. Nos sirvieron lo que pedimos y una especie de buñuelos de pescado que la señora de la casa hacía muy ricos, por recomendación de su marido camarero. La conversación en la mesa giró alrededor del sexo y entre tanta calentura, empezaron a fraguarse técnicas de ligue inventadas en el corazón de Thai y ticks a cumplir. La noche acabó bajo la lluvia en el bar de enfrente del Tony’s tomando cerveza. Más no se puede pedir.

Volvimos a Bangkok al día siguiente y la ciudad nos abrumó con su contaminación, suciedad y bullicio. Tras un paseo nocturno por los arrabales (siempre acabamos siendo atraídos por ellos), dormimos plácidamente en un hostal junto a la estación de tren. Un mini paraíso en aquel barrio. Al día siguiente, un bus y después un ferry, nos traería a Koh Chang, el lugar donde nos encontramos ahora.

Ayer hicimos una salida en barco a 4 islas para hacer snorkeling. Los corales están en muy mal estado pero todavía se encuentran cientos de peces de colores y tamaños diferentes, rondándolos. Visitamos playas casi vírgenes en islas selváticas increíbles casi sin explotar. Nos bañamos bajo la lluvia en agua turquesa y saludamos al sol para que nos regalara algún rayo en el paraíso. Los japoneses vestidos en el agua aderezaban el paisaje y nos dejaban atónitos con sus modelitos de agua.

Anoche, compartimos risas, cervezas, ligoteo y algo que va más allá, la vida.

Somos cuatro, somos de colores y olemos a lluvia y tierra mojada. Nos mezclamos, nos alimentamos y entre todos, hemos creado uno.

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