Tailandia: tierra de colores, sonrisas y buscavidas

Samarika Tailandia,

Tus mercados han llenado mis ojos, cada rincón que he visitado puestos minúsculos  de comida ambulante, fruta multicolor y objetos varios, han deleitado mis sentidos. Los nuddles son como la tortilla española, no hay 2 iguales y siempre los de casa, están más ricos pero en mi corazón se quedaron los paid thai del puesto callejero de Kao Shan, en los que podías poner todos los topics que quisieras, incluyendo los deliciosos cacahuetes que tienen aquí. No falta en cada esquina, siempre cerca de alguna puerta de entrada, una gran vasija con agua, plantas acuáticas y peces para dar suerte a los habitantes de la morada. Con un poco de suerte, puedes ver a algún niño intentando atraparlos en sus minúsculas manos.

Tus calles son recorridas por coches de lunas tintadas, carromatos y cientos de motos, que lo mismo transportan 4 personas a un tiempo, llevan acoples para transportar cualquier tipo de mercancía o improvisan un punto de venta en cualquier parte. Para atravesarlas, tienes que ser valiente y tirarte. Márcate como objetivo atravesar la mitad de la calle sin preocuparte del otro lado. Ten cuidado al chequear por donde viene el tráfico porque aquí, como en Inglaterra, van al revés que nosotros conduciendo por la izquierda. Sino procedes así, será misión imposible.

Los taxis, buses y trenes, en los que te pasas horas y más horas, con sus colores llamativos lila, fucsia, verde…tintan de color este increíble país y te matan de frío. Los perros callejeros te persiguen allá donde vayas, hasta que encuentran un cómodo lugar para acompañar tus veladas que suelen estar envueltas de música en directo versionando grandes éxitos, de deliciosos shakes (banana, piña, coco, mango…), ice coffe adictivo y de una leo o chang bien fresca.

El rey hace presencia allá donde vayas, a veces de niño y a veces, no tanto. Grandes marcos dorados recargados de adornos, elefantes y flores suelen encuadrar esta figura tan respetada en este país. Los altares con ofrendas inundan cada rincón en la selva, ciudad o playa, dentro y fuera de casa. Buda permanece en el interior de los hogares Thai, colgado en la pared o encima de algún mueble. El rey y Buda compiten en presencia, dejando apenas hueco para nada más. El timbre de las campanas de los templos al soplar el aire, entra por tus oídos y conecta directamente con el alma. Cientos de budas de colores y tamaños diferentes habitan los Wats. Evita sentarte apuntándole con tus pies o sobrepasar su cabeza con la tuya sino quieres ofender a los tailandeses.

Apenas existen supermercados, pero miles de 7 eleven se han asentado en Tailandia. Todo un misterio. Como también lo es, como su pueblo puede hacer todo descalzo o en chanclas. Apenas ves otro calzado pero os aseguro que es increíble como esta gente atraviesa junglas con ellas o trabaja subidos en un andamio de bambú. El bambú y el coco también están por todas partes. Muebles, escaleras, instrumentos de cocina, lámparas…de estos materiales tornan el ambiente cálido y acogedor.

He aprendido el placer de andar descalza por tener que quitarme los zapatos cada vez que entraba en un establecimiento, hotel o lugar sagrado. Chapotear en agua, cada vez que iba al baño, también ha ayudado en el proceso. Encontrarte con un wc normal, tener papel en el baño o un ventilador que te refresca mientras evacuas, es de los pequeños lujos que te sorprenden cada día. En cada baño que visites, te encontrarás con un agujero en el suelo por el que se va el agua, a saber donde. Con suerte, con una taza y normalmente, con un baño turco que te obliga a ponerte de cuclillas, salpicándote las piernas de vez en cuando. Una manguera con agua a presión tampoco falta junto al wc y si por suerte hay cadena, la tiras y sino, a coger cazos de agua del bidón y a proceder. Otra manguera ducha, completa este curioso habitáculo.

El papel debe de ser un artículo de lujo. En pocos sitios puedes encontrar servilletas y el papel higiénico te lo dan con cuenta gotas. Pudimos descubrir de primera mano el coste de obtener tan preciado material.

Kapunkaaa tailandeses por regalarme al día tantas sonrisas, por acogerme sintiéndome menos lejos de casa, por ser tan serviciales sin acosarme y por mostrar tanto agradecimiento. Me ha sorprendido lo busca vidas que sois y como os ayudáis los unos a los otros, formando una verdadera comunidad sin sentir que sois competencia. Trabajáis duro, durante muchas horas al día sin importar el horario. Es increíble vuestro poder de reutilización de las cosas y como podéis transformar los objetos para conseguir mejorar vuestra calidad de vida. También me deja con la boca abierta todo el trabajo manual que realizáis. Adornos florales, reparación de ordenadores, vestidos, decoración, bolsos, zapatos,….son el resultado de vuestras habilidosas manos. Y todo esto, trabajando en cuclillas con toda la planta del pie apoyada. Viéndoos, hasta parece cómodo y fácil pero os aseguro que meses de yoga no han conseguido que pueda hacerlo.

Laundry service, hormigas y Thai massage por todas partes. Un país 4 veces más barato que España pero donde sientes que a cada sitio que vas, ayudas a la economía local de la zona.

Bangkok es una ciudad impresionantemente grande, bulliciosa, ruidosa, llena de gases y con una capacidad de chuparte la energía espectacular. Cuando la visualizas a lo lejos mirando al horizonte, no puedes creer la vida que transcurre a pie de calle. Es imposible adivinar que pasa, hasta que no estás inmerso en ellas. Y ahí, se abren mercados, puestos ambulantes, cientos de motos y miles de buscavidas. No se por qué, sentíamos atracción por los arrabales y mercados de esta ciudad y siempre acabábamos perdido en alguno de ellos. Pero nuestro alojamiento nos obligaba a atravesar la bulliciosa calle de Kao San que concentra a todos los turistas, música discotequera y puestos de souvenires posibles.

En contraste, el tiempo parece que se detiene en Chiang Mai. Con sus espectaculares mercados de artesanía puedes deleitarte y cometer algún pecado. Templos y más templos poblan la ciudad. La madame de nuestra guest house, capaz de hacer cualquiera cosa, atender la recepción, lavar la ropa, gestionar el alquiler de motos, preparar el desayuno…sin dejar el tiempo detenerse, también quedará guardada en mi mente. Junto con ella, recordaré los momentos pasados en aquella terraza, los alemanes luchadores mirándonos mal por ser los típicos viajeros españoles ruidosos, la excitación del grupo al alquilar por primera vez motos y las horas y las anécdotas del tren nocturno.

El contacto con la naturaleza selvática en el parque de Dai Inthanon, me dejó con ganas de más. Mariposas gigantes y de mil colores revoloteándote alrededor, el sonido de las chicharras, los bichos, los tréboles de 4 hojas, agua por todas partes, arrozales, tierra rojiza y árboles gigantescos llenos de lianas. El sudor y el esfuerzo nos llevaba a un conjunto de cabañas donde descansar y comer comida casera. Raimond y Simon, dos personajes que aderezaban las veladas a la luz de las velas.

Ayutthaya, conocida entre los viajeros nocturnos de tren como “tu puta madre”, me aportó una experiencia en tren inigualable, muchos templos ruinosos anticipo de Angkor y pequeños momentos de vida local.

Koh Chang, mi lugar favorito y tal vez idealizado de gente muy cordial y mezcla de locales y turistas. El monzón y la lluvia. Las buenas sobremesas. Las charlas. El eterno Adam californiano en cada sitio donde íbamos y las risas que nos arrancaba. Las vacas cerdo, el mágico atardecer y los cantantes malos y a veces no tanto, entregados a su público.

Koh Tao, la vida de turista en la playa, el snorkeling, las barbacoas y un trayecto nocturno en barco, que me dio la vuelta como un calcetín.

Suratthani, breve pero intenso momento de vida en una cafetería llena de adolescentes colorada con padres de familia ojerosos, trabajadores cosmopolitas y jubilados ociosos.

Tailandia, está claro, same, same, but different.

Y Tailandia no sería tal, sin 3 turistas backpackers de pacotilla, todoterreno, que han hecho este viaje para mí perfecto. Un training en forma de viajar y filosofía de vida. Consejos, risas, cariño, conexión y libertad. Gracias queridos compañeros y amigos. María, Eva, Joan, guardo el anhelo que me traigas de vuelta a casa algún día.

Un comentario en “Tailandia: tierra de colores, sonrisas y buscavidas

  1. Por supuesto que te iremos a buscar allí donde estés y te traeremos de vuelta a casa….no pienses que te vamos a dejar escapar tan fácilmente!!! Muchas gracias a tí amor, por brindarnos la oportunidad de empezar esta aventura a tu lado. Después de estos días sé que vas a estar en buenas manos, las tuyas, que son las que hacen posible todo esto. Un besazo!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s