Camboya: Cumpleaños feliz

Habitación My homestay Battambang 23:00 miércoles 15 de agosto 2012

Hoy es mi primer aniversario, cumplo exactamente un mes fuera de España. Ha sido un día especial lleno de nuevas experiencias. Nos levantamos pronto y desayunamos gratis un típico desayuno camboyano, por gentileza de Mr Kun. Nuddles, 2 sopas diferentes de pescado y verdura. Todo ello acompañado por té. Tiene gracia la cosa, porque justo el día de antes, Laura y yo comentábamos que seríamos incapaces de desayunar como la gente local lo hacía. Tras el empacho, me cogí 2h para organizar mi viaje a Myanmar. Laura me dijo que desde hacía poco podías solicitar la evisa online. Lo había visto publicitado en la página de air asia. No encontré el sitio oficinal para hacerlo, ni en camboyano, ni en francés, ni el inglés y por supuesto, no en español. Así que de momento el plan es ir a Bangkok para conseguirla allí. De esta manera acompañaré a Laura hasta el final de su viaje. Pero ahora se que nunca se sabe y que mi destino puede cambiar en tan solo unas horas.

Esta mañana el tuck-tuck driver que parece que nos acompañará durante toda nuestra estancia aquí, nos ha llevado a la parada oficial del bambu train. Se trata de un medio de transporte de mercancía entre los locales pero desde los últimos años, es una atracción turística que cuesta 10$, un negocio muy rentable desde luego. Por el camino y ante la estatua de lo que creíamos que era un buda enfadado, este simpático conductor nos explicó la historia de Battambang.

Durante el trayecto en el tren de bambú, veía la vía estrecha ante mis ojos sin poder distinguir el fin. A veces los insectos chocaban en mi cara o en mi cuerpo. Algunas ramas de arbustos me arañaban. Pero sentía que ahí tenía que estar, que ese era mi camino y que a pesar de las dificultades, allí estaba recorriéndolo.

El recibimiento de los niños en algunas casas improvisadas para atender a los turistas fue increíble. Nos hicieron todo tipo de objetos con hojas de bambú, anillos, flores, pulseras, pendientes, saltamontes…Nos daban aire con un cartón y les enseñé mi abanico. Se divirtieron un rato tratando de abrir y cerrarlo como yo lo hacía.

Nos enseñaron como fabricaban ladrillos y los hornos donde los cocían. Al final nos pidieron unos dólares. Los niños podían sentir que yo era presa fácil y me perseguían por todos los lados sin parar de repetir, “montse 2$ to share, pleeeeassssse”. Laura trabajó para ONG’s pequeñas. Me comentó que darles dinero ayuda momentáneamente pero no es bueno porque se les inculca valores equivocados de cómo conseguirlo. Se quedaron satisfechos cuando compartimos con ellos  y su familia, un paquete de galletas oreo al tiempo que se iban detrás del turista recién llegado.

A la vuelta, paseamos por la ciudad de Battambang y sus mercados. En el central, lo que más nos sorprendió fue la sección de peluquería. Con menos y na, tenían montado verdaderos chiringuitos para cortar el pelo, hacer la manicura y pedicura o todo a la vez! Me compré un bolígrafo por 700 rieles (0.2€) y nos cobijamos en un garaje de la lluvia.

Buscando los edificios coloniales franceses, nos sentamos exhaustas en un banco del paseo del río, simplemente a mirar. Chicos jugando, sólo con los pies, con una bola parecida a la del bádminton. Gente andando o corriendo para de nuevo, al borde de un río, ejercitar los cuerpos. Cientos de motos pasaban por la calle. Nos divertimos fotografiando aquella más variopinta o con más gente. Se nos escaparon 2 motos que llevaba cada una 5 personas, una moto transportando un ventilador y una moto con una especie de carretilla de madera en la que iban subidos 4 chicos y 2 más en los palos

Buscamos un sitio para cenar, sólo eran las 7 de la tarde. Como siempre, hablando y consensuando, decidimos que nos merecíamos un lujo. En la guía estaba en primer lugar un francés mezcla con Khmer, la pomme d’amour. Y allí, comimos un pato con romero y té espectacular, acompañado por una copa, de mal vino tinto de mesa, que nos supo a gloria. Todo ello por el dispendio de 17$ cada una.

Cuando volvimos a la habitación, Mr Kun nos ofreció nuestra ración gratuita de agua y fruta. Al entrar, la cama estaba hecha y todo arreglado. La primera vez en un mes. En ese momento me di cuenta que la celebración de mi primer aniversario estaba siendo redonda. Le dije a Laura que cumplía un mes fuera de casa y que todo, el viaje en tren, la cena romántica, el bolígrafo autoregalo y la habitación recogida, había ocurrido para mí. Entre risas, Laura me dijo, también te mereces una buena música. Y mientras cada una está a lo suyo, música sudafricana llena el ambiente y cierra este día en el que hace un mes, un sueño comenzó.

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