Camboya: El countryside de Battambang

Bus Bangkok – Siracha 9:45 sábado 28 de agosto 2012

Tras dos días en Bangkok, la visa de Myanmar y los dólares en mi mano, pongo rumbo hacia mi nuevo destino, Koh Sichang. Una minúscula isla a 3h de la capital vía de escape de sus ciudadanos más cosmopolita.

Y a pesar de que estoy en Tailandia, aprovecho este trayecto para relatar nuestros últimos días en Camboya. Estábamos en Battambang celebrando mi aniversario. El jueves 16 de agosto, Laura se fue con Mr Kun y sus colegas profesores, para desayunar con un miembro de la oposición del partido que está en el poder 30 años, el Cambodian people’s party. Todo el país está empapelado con carteles del partido y yo, ingenua de mí, pensaba que estaba a punto de participar en algún tipo de fiesta nacional gigante. Por la realidad del país en el que vive, Laura está muy interesada en política. Yo simplemente descansé y volví a desayunar al más estilo camboyano.

A las 11 nos animamos a coger las bicis que teníamos a nuestra disposición gratis en el alojamiento para seguir un mapa que nuestro tuck-tuck driver había elaborado para nosotras, la tarde anterior.

Y de nuevo nos dejamos embaucar por la Camboya rural que tanto nos gusta a Laura y a mí, casi siempre siguiendo el curso del río. Primero fuimos a ver un templo y otra vez nos encontramos con la terrible historia de este país, un campo de exterminio. Los monumentos en memoria del pueblo perdido contrastaban con la ropa tendida en las casas de los monjes. Bajo un árbol centenario, me quedé embrujada por el ruido que sus miles de hojas hacían con el paso del viento. Sentía que quería grabar en mis sentidos la atrocidad que se vio obligado a ver y vivir.

De camino al mercado de pescado, nuestros ojos se iban abriendo cada vez más con lo que descubríamos. Paramos en un lugar en el que unas niñas estaban cortando bambú. Pensamos que luego lo rellenarían con arroz cocido, algo que puedes encontrar en numerosos puestos callejeros.

Llegamos al mercado de pescado y nos tomamos un helado para refrescarnos. Paseamos por los locales donde estaba trabajando la gente. Había docenas de bidones que contenían pescado y mucha sal en algún proceso de maceración y secado. El resultado era una especie de pasta. Nos impresionó como dejan secar el pescado al sol y como las mujeres trabajan cortando el pescado fresco recién traído. Las camboyanas visten muy discretamente, no enseñan ni rodillas, ni hombros y es frecuente que lleven manga larga a 35ºC. De esta guisa, bajo un gran local de madera, sin aire y sentadas en minis taburetes o agachadas con la planta de los pies apoyada, trabajan a destajo sin dejar de echarse unas risas de vez en cuando y comentar alguna cosa cotidiana.

Después nos detuvimos en un sitio que el mapa no indicaba, pero allí había 4 mujeres acompañadas de 2 niños haciendo algo con coco. Nos paramos a mirar. Dos de ellas rallaban coco directamente en la cáscara utilizando una especie de rastrillo hecho con bambú. Otra removía una sartén llena de aceite, coco rallado y algo amarillo que supusimos que era algún tipo de endulzante. La cuarta, metía en bolsitas individuales en especie de pastel de coco. Con lo que veíamos, no podíamos entender el proceso entero de elaboración, nos faltaba algún paso. Laura y yo nos miramos y comprendimos que ambas queríamos probar. La unidad sólo costaba 10 bahts. Aquello estaba delicioso y nos llevamos diez más que nos han acompañado hasta Siem Reap! Nos despidieron con sonrisas y pedaleamos hasta nuestra siguiente parada.

Aquí laminaban el plátano muy fino y lo dejaban secar al sol. Esta vez las hormigas que circulaban por encima nos desanimaron a probar.

Cualquier cosa insignificante para ellos, era motivo de parada nuestra.

Más adelante también vimos algo que se secaba al sol. En el mapa teníamos indicado, paper rice. ¿para qué será? Le pregunté a Laura, ni idea, me respondió perpleja. Después de observar un poco vi que en un rincón los estaban produciendo. Me acerqué y allí nos encontramos a 3 mujeres más elaborándolos. Una mantenía el fuego que se alimentaba a base de colfa de arroz. Otra untaba el culo de una cáscara de coco en una masa líquida y lo echaba en una placa. Cocía durante unos segundos un mini crêpe muy fino. Lo cogía con una pala, también hecha con palma, y lo dejaba en una malla donde la última mujer lo terminaba de colocar.

La cocinera hablaba inglés y mientras le abanicaba nos explicó que podía hacer unas 2.000 unidades diarias, lo que le suponía unos 20$. Trabajada de 7 a 15 y sólo descansaba los domingos. Es un negocio muy rentable teniendo en cuenta que, en Camboya de media, se gana unos cientos de dólares al mes. Nos ofrecieron probar uno pero no sabía a nada, como están riquísimos es en los rollos de primavera frescos. Tras mojarlos y rellenarlos con vegetales, carne o gambas.

Al salir, vimos lo ingeniosos que pueden llegar a ser. Una niña se había hecho bigudís en el pelo utilizando las hojas de palma. Otra más pequeña peleaba para quitárselas. Laura y yo les ayudamos y pudimos comprobar los rizos que salían de la melena morena de esa preciosa niña.

Durante todo el trayecto que llevábamos pudimos descubrir con afecto y cierta emoción que aquí si habitaban personas mayores.  No todo se había perdido.

Nos extraviamos para buscar nuestra última parada oficial, uno de los tres templos más importantes de Battambang. Paramos varias veces hasta que una señora mayor, también en bicicleta, nos dio a entender que la acompañásemos. Pedaleamos unos 20 minutos, a su ritmo. Me preguntaba si sabría que dos turistas la estábamos siguiendo. Pero los saludos de los que venían en dirección contraria, lo hacía obvio. Nos llevó hasta la misma puerta y desapareció en su bicicleta vieja. Nos sentamos en un pupitre desgastado de una escuela y allí al aire libre, calmamos el hambre con unas galletas. Ya estábamos preparadas para visitar el templo. Bordeando sus paredes, me encontré unas vacas. Una niña vino a pedirme un caramelo, pero sólo tenía chicles. Así que todos, hasta la abuela, nos sumamos a la fiesta.

En Camboya puedes ver que en la entrada de todos los templos está presente la serpiente con 5 cabezas conocida como Naga en la mitología.

Al salir sobre las 5 de la tarde, muertas de cansancio, calor, hambre y sabiendo que nos esperaban más de 10km en bici para volver, comimos algo en el único puesto con comida que había. Allí, una mujer preparaba unos rollitos frescos de contenido desconocido y un chico asaba unos pinchos en una improvisada barbacoa en un bidón. Ni una palabra de inglés. Nos sentamos a su lado dando a entender que queríamos comer algo. Con el libro de Lachesis, supimos que lo asado era pollo. Menos mal, porque no había mucho más que comer y Laura evita comer cerdo. Comimos bien con un pincho cada una y 3 rollitos pero a la hora de pagar….las señoras decían, pran, pran,pran. Laura y yo nos mirábamos riéndonos. Sacamos la libreta para que lo apuntaran, pero no sabían hacerlo con números normales. Volvían a repetir, pran, pran, pran. A una de ellas se le ocurrió utilizar el lenguaje que nunca falla, el de los signos. Contando dedos pudimos pagar los 8.000 rieles que nos costó la comida, apenas 2$. Dos de ellas empezaron a disputarse por la cantidad de dinero a repartir. Supimos que había llegado el momento de partir.

Recorrimos sin parar la distancia que nos separaba de casa. En media hora ya limpias, estábamos listas para la siguiente aventura. El tuck-tuck driver nos esperaba puntual a las 18:30 para llevarnos al circo. Un proyecto francés que ayuda a niños y chavales desfavorecidos a desarrollarse utilizando la música, pintura y el teatro como herramientas. Estaba tan entusiasmada….Lo disfruté como un niño. Acrobacias, música en directo, acting y  humor. Siempre recordaré a uno de los chavales, de los 10 o 12 que aparecían en el show, por su expresividad clownesca.

Cuando abandonamos el recinto, Laura se encontró con una pareja con la que había coincidido en Myanmar. Compartimos trayecto de vuelta en tuck-tuck y una hamburguesa en la ciudad. Ella era parisina y él italiano, los dos muy involucrados en proyectos sociales y ONGs. Cuando les dije que era española y que viajaba sin planes ni tiempo, me contó la historia de Oscar, un español que conoció en uno de sus viajes. Después de divorciarse, vendió su casa y se puso a viajar. Apenas hablaba inglés cuando lo conoció. Era un chico normal, moreno, con gafas. Se lo fue encontrando en distintos países y vio la evolución en el idioma, sociabilidad con otros viajeros y look. Ahora era monitor de buceo y de esta manera, conseguía dinero para seguir viajando. Las últimas noticias que tuvo de este español por el mundo, lo sitúan en África, 4 años después de este gran periplo! Be careful, me decía la chica y todos reíamos.

Es curioso esto de los encuentros…Laura se encontró con ellos, la parisina se encontró varias veces con Oscar y yo, antes de ayer, lo hice con Guillaume, el chico francés con el que compartí trayecto en bus en Camboya desde Phnom Penh a Kampot. Pero el encuentro esta vez, fue en el concurrido barrio de Kao Shan en Tailandia.

Llegamos a casa extenuadas de un largo día, con reservas alimenticias para el viaje en barco  del día siguiente dirección Siem Reap. Al llegar, nos esperaba agua fresquita y 4 plátanos. Teníamos que preparar nuestras mochilas. Me di cuenta que en la tienda de comida me habían devuelto un billete de 2$. Nunca había visto uno antes. Laura me dijo que era falso y que íbamos a tener problemas para colocarlo. Mr Kun me contó una historia de buena suerte, pero también pensaba que no era válido. Falso o no, lo llevo conmigo porque me llamó. Recibí suerte en Tailandia con los numerosos tréboles de 4 hojas que vi en la selva. En Camboya, la llevo conmigo en forma de billete de 2$. Estoy convencida que suerte, es lo único que no me falta.

Un comentario en “Camboya: El countryside de Battambang

  1. Si el día de tu aniversario fue perfecto, este no lo ha sido menos. Definitivamente yo también creo que suerte no te está faltando… ¿o a lo mejor es la actitud con la que vives cada día?
    Hay una Montse que disfruta de cada cosa que se encuentra, y esa Montse no necesita suerte.

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