Camboya: un desconocido que llega al alma

Chusday Camboya,

Nunca podré olvidar los 15 días que he vivido en tu tierra. Y digo tu tierra, porque tu lado rural me ha llenado los sentidos y tu historia, me tocó el corazón.

Perdidas en el campo he disfrutado con tus campos de arroz, tus colores, los animales,  los trabajos manuales para elaborar comida como el papel de arroz o los pasteles de coco. La montaña y las cuevas, los caminos llenos de baches y los hello de niños sonrientes, que montan bicicletas mucho más grandes que ellos, al verte pasar. Los numerosos y diferentes templos siempre presentados por la impresionante Naga.

Los campos improvisados para jugar a volley ball aparecen en la ciudad o en el campo. Las orillas de los ríos, son sitios idóneos para que jóvenes, mayores y niños hagan ejercicio, cada uno a su manera y ritmo.

Pocas cosas guardas de tu periodo colonial francés pero me encanta que hayáis guardado la tradición de hacer baguettes y algunos pasteles. Los bocadillos aquí te transportan cerca de casa y los momentos que los acompañan. La comida Khmer con alguna influencia francesa, es exquisita.  Utilizan como nadie el coco y el curry. El amok de pescado quita el hipo, no dejéis de probarlo si tenéis la suerte de visitar este país.

La gente sonríe, es amable, hospitalaria y te trata con mucho respeto. Personas con ojos oscuros profundos, tez morena, con cierto aire de tristeza pero tremendamente bellos. Los niños son preciosos pero cuando los ves solos, a cargo de otros más pequeños, no puedes pasear indiferente ante la situación que viven aquí. Mucha pobreza y necesidad. Personas mutiladas por todo el país y miles de minas antipersona, todavía bajo tierra. Esta situación hace que bastantes hombres mayores occidentales vayan acompañados de preciosas jóvenes locales en busca de una vida mejor.

Las prisiones y los campos de exterminio congelaron mi sangre y me hicieron sentir muy, pero que muy pequeña, ante la crueldad humana. La ausencia de personas mayores en los núcleos urbanos refleja la realidad de una generación casi perdida que consiguió guarecerse en sitios rurales. Sus enormes sonrisas de dientes ausentes te llenan de esperanza, cuando por fortuna, te los encuentras subidos encima de alguna plataforma de bambú o en el porche de sus minúsculas casas.

No puedo más que agradecer a su manera, aookunn, lo que he experimentado aquí. No conocía nada de este país y pensaba visitarlo como tránsito a Vietnam por el río Mekong. Y sin embargo me has dado tanto…

Phnom Penh, una ciudad fea y caótica, llena de motos y tuck-tuck por todas partes. Una ciudad que te permite conocer la historia y mirar a su pueblo y su tierra, desde otro lugar. Allí se quedó Than, el conductor de tuck-tuck que quería tener la piel blanca. Allí se quedó Kate, una alemana atrapada en las redes del amor. Allí se quedaron cientos de fotos de personas, etiquetadas con un número, a las que les robaron la vida. La maravillosa Kampot. Su río tintado por la lluvia del mismo color que su gente, su agua fría y la vida de los pueblos asentados en tus orillas. Las plantaciones de pimienta. Las palmeras reflejándose en los campos de arroz. El lago secreto y su laberinto de caminos. El masaje moledor de personas ciegas.  Magnífica, encantadora y cotidiana. Allí encontré a Laura, no podría ser en otro lugar. Battambang nos marcó con impresiones distintas. La ciudad poblada por hombres maduros occidentales groseros y el countryside que nos cautivó. La ilusión de ver el circo, rememorando tiempos pasados. Las atenciones de Mr Kun y los desayunos al más estilo local. Siem Reap y Angkor Wat, otro país completamente diferente. Más turístico, más adaptado al mundo occidental, más comercial pero imprescindible. Al igual que el trayecto en barco desde Battambang. Dos joyas que no puedes dejar de visitar si vienes aquí. Los templos y el entorno, son impresionantes. Si escuchas, tal vez tengas suerte de envolverte por la magia de las centenarias piedras y árboles que habitan este lugar.

Lijain Camboya pero no para siempre porque volveré a verte.

Un comentario en “Camboya: un desconocido que llega al alma

  1. ojuuu que jarton a leer que me pegao jajajajaja Bueno lo primero de todo, felicidades por todo …
    Lo que estás viviendo y lo que te queda, lo bien que describes todo unido a los sentimientos que te produce, en fin se percibe que estas feliz y eso me alegra un montón.
    No sabes el ratiko que he pasado escuchando Jarabe de Palo y transportándome con tus relatos … impagable jajajaja
    Yo aquí ando en mi ecuador del paréntesis en Madrid, en 15 días me piro y como no me ponga las pilas me pilla el toro … solo tengo solicitado el Visado para la India, bueno y los vuelos para Katmandú, en fin ya veo que tú con la improvisación solucionas todo, así que …. Zennnnn gracias🙂.
    Gueno wapa te mando energía positiva y quien sabe … coincidiremos por la India ?????

    Besos

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