Myanmar: tocada y hundida

Barco Mandalay – Bagán 7:10 Miércoles 5 de septiembre 2012

Hoy madrugón para coger el barco del gobierno a las 5:30 que me llevará a Bagán. Me levanté a las 4 de la mañana. En el hotel me dijeron que llegaríamos sobre las siete de la tarde. El barco sale los miércoles y domingos, cuesta 15$ y está lleno de locales esparcidos por el suelo. La veintena de turistas tenemos sillas de plástico, todo un lujo. Diez minutos antes de partir, empezó a bajar un montón de gente del barco con sus maletas y bultos. Tal vez polizontes, pero a saber.

Mandalay ha cambiado mi percepción sobre el país y estoy aprendiendo a comunicar con su gente. Todo ello se lo debo a unas cuantas mujeres que conocí en un templo, a un matrimonio formado por un retirado del gobierno y una mujer serena y hospitalaria, a un moje gracioso, a una familia de 16 hijas, a un conductor de auto-rickshaw y a mi querida dragón Cheri.

El martes 4 de septiembre decidí alquilar una bici para recorrer la ciudad. Mi amiga sudafricana se moriría si tuviera que pedalear por esta caótica ciudad de 1 millón de habitantes y llena de motos, carros, auto-rickshaw, autobuses y pick-up por todas partes. Como peatón, tampoco es tarea fácil. Apenas hay aceras y tienes que ir por la calle sorteando obstáculos y recibiendo pitorrazos todo el tiempo para que te apartes.  Aquí en Myanmar, si van a adelantar, no buscan el momento apropiado para ello, tocan el pito varias veces y a veces lo acompañan de algo que gritan. Más vale que el vehículo o persona que va a ser adelantado, se desplace todo lo posible a la derecha, sino corre el riesgo de ser arrollado por el vehículo que pita, que como no, suele ser siempre de mayor proporción.

Por la noche, a las 20:30, quería ir a ver un espectáculo prohibido a los locales, los moustache brothers. Sátira, música y humor, según la lonely planet, sonaba bien la verdad. Podría aprovechar e ir con la bici.

Tip nº41: whatsapp arriba!

En la mayoría de los sitios, no hay internet. En algunos hoteles tienen pc disponibles para los clientes y en sólo unos pocos, tienen wifi. Mandar un correo a veces puede suponer hasta 30 minutos. Si decidís viajar aquí, cuando hay wifi, los whatsapp llegan sin problemas y rápidamente. Es una muy buena manera de mantener informados a la familia. Así que no dudéis en traeros  vuestro móvil si disponéis de la aplicación.

Tracé una ruta de cosas a visitar en la ciudad, esta vez más realista que el primer día pero con el mismo punto final, Mandalay Hill, para disfrutar de la vista y la puesta de sol.

Empecé por unos templos alejados. En cuanto dejé las calles principales, la ciudad se convirtió en un entresijo de casas amontonadas de madera con mucha vida callejera. Eran unos templos preciosos, del mismo estilo que el de Inwa. De madera, con numerosas tallas. Estaba completamente sola, como ya viene siendo habitual en este país.

Después, con ayuda del mapa, me fue a ver cómo hacen las hojas de oro que los birmanos utilizan para cubrir los budas. Más tarde me enteré que sólo se hacen en Mandalay. Mucha gente las compra y cuando van a la pagoda, la pegan sobre un buda que eligen a modo de ofrenda. Por 1.000 kyats me llevé el folleto informativo con una hoja pequeña de oro. Mi intención era bien distinta, comérmela con un pastel de chocolate y banana, porque según esta gente dice, es bueno para tu corazón si lo haces.

De camino a buscar mi bici, conocí a “yoyo” un hombre de unos 50 años con el que charlé un rato. Montaba una de esas bicis que llevan al lado un acople para transportar a varias personas o bultos llamada auto-rickshaw. Me aconsejó rutas por la ciudad en bici, me enseñó alguna palabra más en birmano y me aconsejó un par de sitios baratos para comer. Cuando me presenté se reía diciendo, montain? No entendía cuando pronunciaba mi nombre. Si él hubiese sabido catalán, habría sabido que mi nombre tampoco andaba tan lejos de lo que entendió. Me despedí de él con un tidutemari y una sonrisa enorme.

Me paré en una pastelería a comprar la delicia de chocolate para comerla con la hoja de oro. Todo el mundo me miraba asombrado de ver una turista allí. Volví a coger la bici para buscar unos de los sitios que me había aconsejado yoyo para comer. No paraba lejos de allí. Estaba pedaleando cuando me adelantó un camión y de repente, noté una molestia enorme en el ojo. No podía seguir y tuve que parar. En ese momento, reviví la voz de mi cuñada Ana diciéndome, “no te restriegues el ojo porque si tienes algo, te provocará una herida. No se por qué en vuestra familia lo hacéis siempre, mira ahora tu madre con el ojo tapado”. No lo toqué.

Empezó a llover y me refugié en el toldo de un garaje. Me lavé varias veces el ojo con agua mineral. Incuestionable pedir que me dejaran usar el baño. Normalmente aquí no hay espejos ni lavabos y si los hubiese, por la pinta de las manos de los trabajadores, no pensé que fuera el mejor sitio. Me asusté un poco y pensaba, mierda, ahora que estoy sola me pasa esto. Si me sigue molestando y aparece inflamación, no se cómo voy a contactar con el seguro médico en este país. ¿Cómo serán los hospitales aquí? Todo eran temores.

Amainó un poco la lluvia y decidí ir al sitio recomendado para comer, deseando, que allí tuvieran un baño en condiciones. Llegué y fui al baño, más de lo mismo. Así que con mucha paciencia decidí comer y esperar a ver qué pasaba con mi ojo. Me senté en las sillas de plástico, esta vez por fortuna, de mi tamaño. No se por qué motivo en Myanmar las mesas y las sillas de muchos sitios son enanas. Apenas hablaban inglés pero fueron muy amables conmigo y comí muy bien. Algo similar a cuando me invitó Tun, pero de mejor calidad. Es típico que los birmanos coman arroz blanco al que le añaden un montón de vegetales distintos, unos picantes y otros no, que te sirven en mini cuencos. Cuando vas a estos sitios, eliges un cuenco de carne o pescado, con salsa o frito. El resto, te lo ponen siempre, lo comas o no.

Muchas personas comen con las manos. Existe una especie de envases metálicos donde llevan todo preparado para comer. En un templo, en el tren, en el colegio o en el trabajo. También está la opción take away, en ese caso, las sopas, el arroz o los nuddles, los echan en pequeñas bolsas de plástico que la gente se lleva. Mientras comía, apenas me acordé de mi ojo y cuando cogí la bici, ya no me molestaba. Respiré aliviada. Muchas gracias Ana por el consejo aquella noche en tu casa. Sino te hubiese escuchado, posiblemente ahora estaría en una situación complicada y sola.

Pedaleé bordeando el recinto del palacio real y me dirigí hacia los templos que estaban al pie de la monte. Para evitar las grandes avenidas, callejeé y pasé por un colegio. Allí una chica estaba rodeada por un montón de niños que esperaban algo de comer. Observé junto a ellos como preparaba el snack. Pensé, si a los niños les encana, tiene que estar bueno. Esperé a que se vaciara la cola y le expliqué con señas a la chica que quería probar. Por supuesto, ni una palabra de inglés Me dio dos cosas distintas preparadas en hojas de banana. Y digo dio porque no permitió que le pagara. Otra vez, me quedé sorprendida y tocada.

El cielo estaba muy cubierto, deleité aquella mezcla de pasta de arroz, cebolla seca y cacahuetes que me gustó mucho y decidí ponerme en marcha. En un minuto empezó la lluvia a caer. Me puse el chubasquero que compré 2 días antes en el mercado y en cinco minutos más, pude cobijarme en un monasterio. Estuve 30 minutos, junto con otras 4 ó 5 personas más, esperando a que cesara la lluvia. Sentada en el suelo, descalza, leí durante un rato.

Cuando ya chispeaba, crucé la calle para visitar el templo de enfrente. En 10 minutos estaba liquidado. Después fui a recoger mi bici, estaba rodeada por agua por todos los sitios. Me calé los pies para recuperarla y el culo, al sentarme.

Llegué al siguiente punto que indicaba el mapa a las faldas del monte. El pobre empezaba a romperse por la lluvia y el uso. Un templo en el que había cientos de estupas que contenían piedras escritas con la historia de buda. No pasé del pasillo porque allí me encontré a Cheri, una mujer de 67 años que perdió a su marido y a sus 2 hijos. Todos ellos, por problemas cardiacos heredados. De padre americano y madre birmana, con unos ojos azulados grisáceos penetrantes y una pierna herida por un accidente de tráfico 5 meses atrás que le obligaban a llevar andador. Una mujer fuerte, con carácter, una dragón que nació en sábado. Boxeadora en Tailandia, criada con chicos, era como uno más.

Me dijo cosas que me tocaron profundamente. Me emocioné y lloré. Me dijo, “no llores porque me pongo triste, ¿por qué lloras?” Le respondí que porque estaba lejos de mi familia y me conmovía que ellos se portaran como tal. “No llores. Eres una mujer fuerte viajando sola por el mundo. Estás aprendiendo mucho. Eso debe ser suficiente para hacerte feliz”. No le había dicho que estaba viajando por tiempo, pero esta mujer tiene un sexto e incluso yo diría un séptimo. Me quité las gafas para secarme las lágrimas. “Sin gafas pareces más joven” Me miraba con ternura sin atisbos de la vida dura que había tenido y tiene. “¿qué día naciste?” Me preguntó cuando ya estaba serena. No lo sé, le respondí. “Seguro que naciste en miércoles. Eres elefante. ¿tienes un hombre?” Lo tenía, le respondí. “Algo me intuía” me contestó. “No te preocupes, encontraras uno mejor. Pero recuerda my darling, tienes que buscar uno que haya nacido en sábado porque tu naciste en miércoles. Así podréis estar mucho tiempo juntos y felices. Créeme. ¿cuándo te vas?” Mañana, le respondí. Tengo mi billete de barco para Bagán. “qué pena” me decía, “me encantaría que volvieras. Dale un beso a tu madre de mi parte cuando hables con ella y ten cuidado con la bici camino del hotel. Hay muchos charcos. Vuelve de nuevo a Myanmar. Estaré aquí, en Sanda Muni Pagoda. Todo el mundo me conoce. Si tus amigos vienen, mándales con ellos cosas que no te sirvan y que me busquen”. Perfume me pedía mostrándome sus dientes mellados. “Les contaré cosas de mi país y les ayudaré. No las mandes por correo, nunca me llegarían.”

Decidí no subir al Mandalay Hill, ya había subido muy alto ese día. Camino del hotel, cubierta por mi chubasquero lila, pedaleé tranquila dejándome llenar por dentro saboreando cada una de las experiencias vividas durante esos días.

 

4 comentarios en “Myanmar: tocada y hundida

  1. Hola guapa te dejo hoy aquí mi mensaje espero que te llegue. Ya sabes que la informática no es lo mio. Lo que he leido ésta tarde me parece conmovedor es precioso. Tierno y sincero. Espero que estes bien. Vaya aventuras y estas conociendo a una gente increible y muy especial me alegro mucho. un besazo enorme. Paz

  2. Mon… me encanta tu blog!!! 🙂
    Yo creo que hace que no monto en bici unos cuantos años … Debes sentirte como en verano azul jajaja…
    Menuda historia la de Cheri… Haz caso de lo que te decía esa sabia mujer…
    Disfruta de esta experiencia, que seguro que te está aportando muchas cosas y te hará crecer muchísimo a nivel personal …
    Mucho ánimo, y no dejes de compartir con nosotros tus aventuras, vale?
    Yo te esperaré aquí en México, ya sabes … jeje
    Un besazo enorme, muak!! Ciaooo

  3. Que historia tan tierna. Me ha emocionado!!!! Tus relatos me confirman q hay q disfrutar de las pequeñas cosas, porque tal vez puede q un dia, eches las vista atras y te des cuenta de q eran las grandes cosas.
    Montse, leo tu historia 2 meses despues, aunq para mi es como si esto te hubiera pasado hoy, q cosas…espero q te llegue toda la energia positiva q te mando y todo mi cariño!!!

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