Myanmar: pa haberse matao

Tea Shop Nyaung U 13:00 domingo 9 de septiembre 2012

Escribo desde el tea shop en el que como por tercera vez los shan’s style nuddles. Soy adicta. En la tele hay un programa musical y de vez en cuando, algún camarero canta entre las voces de los pedidos. Ya me conocen y cuando me ven llegan, sonríen y me sirven a los 5 minutos la comida y el agua.

En Myanmar tengo la sensación de que hago vida “normal”. Me quedo bastante tiempo en los sitios, frecuento los mismos bares, alquilo bicis en sitios locales y en los hoteles, suelo ser la más veterana y charlo con el personal. En Bagán la sensación se intensifica. Casi todo el mundo viene para 2 ó 3 días. Yo estoy aquí desde el miércoles y posiblemente aún me quede un par de días más.

Ayer por la tarde estuve tomando cervezas con 2 chicos. Debe ser, que eso no se considera alcohol, porque aquí, la bebe mucha gente. En el budismo hay 5 reglas de moralidad básicas que tienes que respetar. No robar, no matar, no tener sexo antes del matrimonio, no mentir y no tomar sustancias intoxicantes como el alcohol.

Estuvimos charlando y me pasaron por bluetooth una canción de hip hop revolucionaria que le encanta a la gente de aquí, pero que hay que escuchar con cuidado. Myanmar está bajo dictadura militar desde 1964 y el pueblo está controlado. Hasta hace un año, comprar una tarjeta sim de teléfono móvil costaba 2.000$, ahora tan sólo 200$. El gobierno pone muchos problemas a los birmanos que quieren ir a otros países y piden mucho dinero por los numerosos papeles burocráticos que hay que pasar. Durante 5 años, la educación fue suspendida, con la convicción, de que cuanto más analfabeto es un pueblo, más controlable es. En 1990 se celebraron elecciones y ganó la liga nacional de la democracia. El régimen ignoró los resultados y puso bajo arresto a Aung San Suu Kyi, una mujer muy querida aquí. Puedes ver fotos de ella y su padre por todo el país. Hay numerosos controles y el pueblo no puede criticar al gobierno. Tienes que tener cuidado con las preguntas que haces a tangente y es conveniente dejar que ellos se expresen libremente. En la guía te dice que hasta te pueden seguir para espiar qué haces. Hasta ahora, si me han seguido no me he enterado, pero la verdad, no me imagino a alguien del gobierno pedaleando detrás de una turista por Bagán a las 3 de la tarde.

Después de comer me voy a ir a visitar a Moe Moe, la primera persona con la que estuve hablando al llegar aquí, el vendedor de la pagoda de Nyaung U. Prometí volver y mañana no tendré tiempo porque todavía me queda por visitar Old Bagan. Pasado mañana volveré a Mandalay. Iré a visitar a Cheri, le llevaré cosas de mi mochila que no utilizo (una chaqueta, un espejo, un desodorante, tapones de oídos, una cuerda, dos muestras de perfume, una gorra) y le compraré 2kg de arroz. Espero volver a encontrarla y poder charlar de nuevo con ella.

En los días que llevo aquí me he dado cuenta que necesito un abrazo y creo que Cheri, me puede aportar eso que tanto anhelo. Uno de esos abrazos que en Madrid tan a menudo recibo de mis amigas, o uno de esos que mi madre me da cuando llego a Almansa o uno de esos que mis sobrinos me regalan cuando los veo.

Ayer no hice gran cosa. Estuvo todo el día lloviendo y apenas pude ver un par de templos en Old Bagan. Lo curioso cuando llegas a la puerta principal, es que todos aquellos que la traspasen en vehículo a motor, tienen que pararse para realizar una ofrenda antes de entrar. Las bicicletas y los peatones estamos exentos de la tradición. Allí me encontré con un pintor, Aung Ko Lott, que aprendió el oficio de su abuelo. A diferencia de muchos, no sólo copia diseños de templos, sino que pinta libre. Le compré un cuadro. Mamá, lo recibirás en algún momento por correo! Y bajo la lluvia, pasé la tarde con este pintor arreglando el mundo. Me contaba que fue monje 3 veces. Al final es una vida fácil, me comentaba. No te tienes que preocupar por nada ni por nadie. Siempre tienes que comer y una rutina diaria, ¿qué más se puede pedir? Me decía que habría más monjas sino tuvieran que raparse el pelo. En Mynamar las mujeres llevan el pelo largo y algunas, extremadamente largo hasta caerles por la cintura. Me confirmó lo que ya intuía por las historias que había oído. Es corriente que los chicos en Myanmar, salgan con chicas más mayores. Son más independientes y casi siempre, tienen un trabajo con lo que no tienes que hacerte cargo de ellas. ¿quién se imagina esto en España?

Esta mañana y por mediación suya, he cogido un taxi que me ha llevado a la aldea de Zee O. Allí tienen un árbol de 1000 años que hace poco fue a visitar Aung San Suu. ES tan grande, que tiene pilares para poder sujetar sus ramas expandidas. En esta zona, se encuentran árboles especiales, como el milenario, que una vez muertos con el paso de los años, se convierten en piedras. Es algo impresionante. Mientras paseábamos por el bosque, intentábamos encontrar un árbol mitad piedra. Dice la gente del lugar, que no todo el mundo puede verlos, sólo los afortunados. En este caso, no pude añadir nada más a mi bolsa de la suerte morada por la hoja de trébol de cuatro hojas y el billete de 2$. Estas piedras tan especiales las utilizan para ponerlas en los monasterios que construyen. También tuve la ocasión de ver plantaciones de cacahuetes. Unas mujeres muy amables tuvieron la bondad de enseñármelas entre risas mientras trabajaban quitando las malas hierbas. Parecía una niña cuando vi debajo de la planta el cacahuete. La verdad, nunca antes había pensado de donde salían, pero no me esperaba nada así!

Antesdeayer me quedé viendo el atardecer hasta las 18:30. Recogí mi bici y decidí volver a la guesthouse, por el camino más rápido. Me paré tres o cuatro veces para ver el cielo rojizo y fotografiarlo. Era fantástico.

Me tuve que decir a mí misma, no vuelvas a parar, está anocheciendo y tienes por delante al menos 40 minutos de ruta. La noche y los vehículos iban cayendo. Apenas veía por donde circulaba. En mi cara y mis manos, sentía los mosquitos estrellarse y cuando alguna luz contraria iluminaba el espacio, podía ver la nube que formaban, mejor no verlos pensé. Me paré y até mi frontal al manillar. Con el alcance que tiene no podría iluminar la carretera pero al menos los del sentido contrario me verían. Nada podía hacer para avisar de mi presencia a los que iban en la misma dirección que yo. La carretera apenas se veía y empecé a valorar otras opciones que la de llegar a casa, claro está, sin pedalear como una loca. Todavía no había cubierto el primer tramo de ruta de las 3 que había. O al menos, eso pensaba. De día los cruces eran fácilmente distinguibles, pero en ese momento, apenas tenía referencias. La primera opción que asaltó mi cabeza fue pararme en la aldea de mi recién nueva amiga de 23 años y pedirles que me cobijaran. Los turistas en Myanmar, sólo podemos dormir en hoteles para nosotros. No podemos dormir en casa de locales, está prohibido y les puede suponer un problema pero al mismo tiempo pensaba, ¿quién se va a enterar? La segunda opción era parar un coche y suplicar que me llevara a mí y a mi bici, que tenía que devolver, de regreso al hogar. Se me pasó por la cabeza ir andando pero en seguida lo descarté porque en tal caso, sí tendría que caminar totalmente a oscuras por una carretera desconocida. Estaba en estas cavilaciones cuando empecé a ver luces a lo lejos a los lados de la carretera. Por fortuna, en este tramo había una separación entre los dos sentidos de circulación y pensé, tal vez es así hasta llegar a Nyaung U. Me reconfortaba la idea de que así fuera. Me paré e iluminé una señal con el frontal. Nyaung U a la izquierda. Miré el mapa. Empezaba la tercera etapa del trayecto de vuelta. Me dije, ánimo Montse, que ya lo tienes. Giré y al poco, las luces volvieron a desaparecer, oh, oh, oh, me dije una y otra vez. Pedaleé y pedaleé. El tiempo transcurría rápido pero las sensaciones eran tan intensas que parecía que llevaba toda una vida subida en la bicicleta. Empecé a ver más casas a los lados del camino, buen síntoma me dije, estoy llegando a la ciudad. Paré a una moto para cerciorarme que llegaría al mercado de la ciudad si seguía todo recto. Afortunadamente, el conductor entendía las palabras central market. Las luces empezaron a hacer presencia. También algún despistao con la bici, como yo. Más motos. Más tiendas. Más bares. El mercado. Qué subidón, lo había conseguido. Eran las 19:30.

Nuria, Kike, me tenéis que decir como demonios pudisteis ver la puesta de sol y regresar a Nyaung U sanos y salvos, para mí es todo un misterio…

Me temblaban las piernas, no se si más por el cansancio o por la emoción. Estaba completamente empapada en sudor pero me resignaba a encerrarme en la habitación, necesitaba aire. Pedaleé un poco más y me dirigí a mi tea shop para deleitarme con una merecida cena y celebrar por esta vez, la victoria.

2 comentarios en “Myanmar: pa haberse matao

  1. Montse:

    Desde un viernes lluvioso de Septiembre, víspera de un gran acontecimiento, te mando un abrazo muy, muy, muy grande!!

    Un besazo. Mag.

    PD: yo tampoco me podía imaginar que los cahacuetes salían de estas plantas!!

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