Myanmar: frente de batalla

El frente de batalla se tintaba de un rojo vivo, las nubes luchaban por un cielo que llevaban días clamando. La intensidad de la lucha salpicaba a las más alejadas dejando una estela anaranjada en el cielo. Una gran nube gris, hinchada de orgullo, dirigía la operación. El sol estaba cada vez más vencido pero no dejaba de relucir. Ante el desafío, la gran nube se tornaba cada vez más negra canalizando el orgullo hacia la rabia. Llena de cólera por la lentitud de la conquista, relampagueaba intentando intimidar a un sol casi derrotado. Descargó lluvia para limpiar los restos de la lucha. El gras astro había sido vencido. Se apaciguó cuando apenas se podía ver. Las primeras estrellas, procedentes de sistemas lejanos, empezaron a aparecer alarmadas ante la crueldad cometida con una de las suyas. El pelotón distraído se regocijaba de la victoria en el frente. Las estrellas ganaban camino avanzando con intensidad. La retaguardia las vislumbró atacando ese flanco cubriendo de inmediato el cielo. Parecía que la guerra estaba ganada.

Cuando se acabaron las velas salimos del templo. Ya no llovía. El sonido de la guitarra y las voces birmanas habían guiado al batallón estelar. Las nubes tuvieron que huir una vez más, derrotadas. El cielo era un precioso manto brillante sin ningún telo que las apagara.

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