Myanmar: buen final

Bus Cherating – Kuala Lumpur 12:00 Domingo 30 de septiembre 2012

Myanmar llega a su fin y termino de escribir sobre mis últimos días allí cuando estoy a punto de dejar Malasia, ¿raro verdad?

Siento la confusión que sentís varios cuando leéis el blog pero para mi es imposible, dado el acceso a internet en algunos paises y el tiempo que me cuesta publicar y subir fotos, mantenedme al día con los post. Lo único que puedo decir, por si os ayuda, es que el título siempre lo encabezo con el país del que voy a hablar. La fecha que aparece al principio, hace referencia a cuando lo escribí, independientemente del día en que lo publico.

El jueves 20 de septiembre cogí en Kalaw el bus de noche que llegaría a Yangon a las 6 de la mañana. Conseguí dormir a pesar del frío glaciar del interior. Llegué a la estación y ya sin complejos, pregunté a otros turistas como irían al centro con la inteción de compartir un tuck-tuck y tal vez, ir al mismo alojamiento con ellos. Todos menos Titou, un parisino de 25 años, cogían el vuelo por la tarde. Titou había reservado una habitación en el centro y me ofreció compartirla. Después de hablar durante 30 min de trayecto y ver la inmensa habitación en Okinawa guesthouse, decidí dar un paso más en la aventura y compartir alojamiento con un recién conocido. La verdad, no me arrepiento en absoluto, todo lo contrario.

Llegamos al hotel a las 7 de la mañana. Después de hablar sin parar durante un par de horas, yo me dormí y Titou descansó. Ninguno de los dos teníamos intención de hacer de turistas, nuestro viaje llegaba a su fin. Salimos a comer a las 12h completamente hambrientos. Nos sentamos en el primer chiringuito que encontramos en nuestra calle. Allí, hasta se compartía la servilleta de tela entre los comensales. Para amortiuar el calor infernal, nos tomamos una cerveza fresca y regresamos a la guesthouse al amparo del aire acondicionado. Me contó los beneficiosos efectos del bálsamo de tigre y me mostró como utilizarlo. Estábamos hablando cuando divisé un aparato extraño en la pared, estaba desenchufado. Titou vio mi cara y supuso que me aventuraría a enchufarlo y encenderlo a ver qué pasaba. Me sentía de nuevo como una niña! Lo hice y se encendió un piloto rojo. Nada más pasó. En ese momento Titou se dio cuenta que era una lámpara de leds. Supusimos que se cargaba para después utilizarla en los numerosos cortes de luz, me sentí totalmente decepcionada….Hubiese esperado fuegos artificiales!

A las cuatro de la tarde decidimos caminar hasta Shwedagon Pagoda para ver allí el atardecer. Según muchos, de lo mejor en Myanmar. Nuria, Kike, efectivamente es precioso, qué pena que no pudimos verla juntos aquel día por la lluvia. Pero lo que me resultó realmente bonito, fue que anocheciera estando allí y la iluminación del templo en la oscuridad. Titou con su pie y su cámara, aprovechó para hacer unas buenas fotos mientras yo me dejaba llevar por la actividad religiosa nocturna. Era bastante gracioso porque él parecía un local. Su madre es vietnamita y llevaba un longi puesto, una combinación perfecta para el mal entendido. Muchos hombres se dirigían a él en birmano y con una sonrisa y hoyuelos en sus mejillas, respondía que no entendía nada. Me explicaba que lo habían confundido muchas veces con un asiático. Yo le decía que también podría pasar perfectamente por méxicano. Un guía retirado nos enseñó como visualizar los distintos colores de los diamantes que están incrustados en lo alto. Titou estaba bastante reacio, intuía una vez más, que detrás de tanta amabilidad se escondía un interés económico. No andaba muy lejos y al darle algo de dinero, aquel hombre se quejó diciéndonos que con eso sólo podía comprar agua. Nos despedimos de él fríamente y volvimos andando al hotel con la oscuridad en nuestras espaldas.

Llegamos, nos duchamos y nos fuimos a cenar a un indio. Celebración de tu despedida, me decía Titou. Por el camino, nos encontramos con un chico que enseñó a Titou como ponerse correctamente el longi en plena calle. Todos los hombres y algunas mujeres, no paran de desatarlo y atárselo de nuevo con tanta destreza que no les puedes ver ni un centímetro de piel. Lo raro fue que aquel chico no paraba de seguirnos. Incluso se quedó en la puerta del restaurante esperando mientras comíamos. No teníamos ni idea de lo que quería y Titou empezó a ponerse nervioso. Salimos y seguía detrás nuestro. Estaba claramente interesado en Titou pero no entendíamos la intención. Titou le pidió que nos dejara en paz y regresamos al hotel por avenidas principales para evitar un susto. Afortunadamente lo despistamos.

Pasé mi última noche en Myanmar en muy buena compañía. Muy tranquila de cerrar con Titou mi viaje y en paz conmigo misma. Nos levantamos pronto al día siguiente, yo tenía mi vuelo a las 14:00. Desayunamos juntos, buscamos un taxi y me despedí de este apenas conocido intercambiando nuestros mails.

El taxista era dicharachero y me contó los beneficios de una planta maravillosa que consumía de manera natural para evitar todo tipo de dolores. Me enseñó el árbol que las producía. Se quejó de la mala influencia que tienen las películas y series coreanas sobre la gente de myanmar y en especial, sobre las mujeres. Por lo que me contó, son novelas llenas de penurias, malos entendidos entre familias e historias varias. La verdad, me puedo imarginar perfectamente de qué habla. Me pregunto cuanto tardaran en tener un gran hermano birmano. Cuando llegas a casa, es mejor ver algo que te haga reir como Mr Been, me exclamaba. Efectivamente, en los cafés, restaurantes o medios de transporte, sino te ponen los rezos, suelen poner un programa o una serie cómica, humor de primer grado, al que todo el mundo se engancha y le hace soltar carcajadas. Y por fin, el misterio de cómo conducen aquí se resolvió. La mayoría de los coches que se compran en Myanmar son de origen japonés (conducen por la izquierda) porque son más baratos. En los 70, sin ningún motivo aparente, el gobierno decidió cambiar la dirección por la que circular, de izquierda a derecha. La mayoría tenía coches japoneses con el volante en el lado derecho. Comprarse un coche con el volante a la izquierda es super caro. Todo esto hace que en este país conducir sea toda una aventura de riesgo!

Llegué a tiempo al aeropuerto para leer mi guía electrónica sobre Malasia y en particular, sobre Kuala Lumpur donde estaría unas horas más tarde. La aventura continuaba.

 

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