Myanmar: dos caras de la misma moneda

Cáscada Lakkum, Kerala 14:15 un Martes 16 de octubre 2012

Estoy en Lakkum waterfalls, una cáscada de las muchas que hay en esta zona, la reserva natural de Chinnar en Kerala, India. Es una zona preciosa y es un marco inmejorable para cerrar Myanmar.

Mingalaba Myanmar,

Un país al que todo el mundo te invita ir. Un país inolvidable con cara y cruz, lleno de lecturas contrarias. Un pueblo lleno de mezcla y colores distintos. Un pueblo que se tinta de blanco la cara con tanaka para protegerse del sol, cuidarse la piel y en algunos casos, para parecer más occidentales. Un pueblo que viste faldas largas. Un pueblo con hombres de dientes negros y boca roja que escupe y manchas las calles. Un pueblo oprimido y controlado por un gobierno militar que lo mantiene bajo control negándoles el acceso a la información, la cultura y la educación. Un pueblo con pies fuertes y encallecidos de andar descalzo, con sus dedos, un tanto separados, completamente adaptados a ese caminar por la vida. Un pueblo repartido entre miradas y trato hostil y una enorme hospitalidad y generosidad. Un país precioso, con una cultura, historia y naturaleza espectacular.

Un país lleno de estupas, templos, monasterios, campanillas y budas. Un país repleto de monjes que hacen sonar sus vasijas de metal en busca de arroz y donaciones varias. Algunos de ellos vocacionales y otros, necesitados de comida y cobijo, estando muy lejos de lo que se puede esperar de una persona entregada a la espiritualidad. Un país tintado de túnicas burdeos y naranjas de distintos tonos escapándose algunas rosas que visten a monjas con las que desgraciadamente, no he tenido la oportunidad de compartir. Un país en el que los rezos continuos se mezclan con las voces de hombres y mujeres cantando alegremente canciones birmanas.

Un pueblo lleno de gente curiosa hacia los turistas, sin poder evaluar muy bien como tal, que buscan de ti. Puedes vivir momentos espectaculares con ellos, compartiendo preguntas y respuestas, comida o tan sólo un instante de vida. La magia que se crea es muy frágil y se rompe en mil pedazos si al final del tiempo compartido, te piden dinero. Cuando estás es una situación así, te sientes una persona especial porque parece que estás cambiando en algo la vida de esas personas. Tal vez, ese es el error y por eso la decepción es tan grande. Te vuelves reacio a tener más experiencias. Te alejas sin quererlo poniendo barreras a sonrisas para evitar un final que aborreces. Pintores de pacotilla que piden dinerales por copias de mala calidad. Guías turisticos que no lo son. Vendedores de artesanía barata a precio de oro. Comisiones por todos los sitios que benefician a unos pocos. Entre tanto engaño, sólo puedes decir tessubei a todos y cada una de los maravillosos birmanos que me he encontrado y me han tratado como si fuera de la familia. Algo que no me hubiera podido imaginar antes. Tidutemari al matrimonio de Yangon que me dio agua y refugio, a Tun por ser el primero que me dio sin pedir, a las mujeres del templo que me ofrecieron su pobre comida, a la familia de 16 hijas que me mostraron lo importante que es tener una familia, al conductor del rickshaw que se preocupó por mi seguridad y bienestar, a Cheri por su ejemplo de fuerza, a la chica del colegio por su humildad y sencillez, a Didi por enseñarme lo que es un trabajo duro, al pintor y su amigo por las veladas, a la chica de la aldea de Bagán por darme esperanzas en el amor, al chico que quería ser monje por su aura y su paz, a las amigas adolescentes por su ternura y curiosidad, a Moe-Moe por mostrarme esperanza en la buena fe de la gente y a mis amigas del puesto del mercado, que me trataron como una hija. Llabadee a aquellos que intentaron engañarme o aprovecharse de mi y me hicieron sentir mal. Gracias a vosotros aún hace más grande a las personas que he conocido repartidas en Yangun, Mandalay, Bagan, Kalaw e Innlay Lake. Ellas me han hecho más grande por dentro y más fuerte por fuera.

Y esta experiencia no habría sido igual sin Nuria y Kike, una pareja española maravillosa, abierta, parlanchina y generosa. Tampoco sin Piére, un jovén francés inquieto con el que hacíamos de espejo el uno para el otro. Qué decir de David y Rafael, unos alemanes caídos del cielo que me adoptaron dándome cariño. Alex de Moscú, me mostró que las apariencias engañan y que debajo de un hombre fuerte y poco expresivo, se esconde un sentido del humor muy agudo y un gran y tierno corazón de oro. Flor y Maru, dos porteñas llenas de gracia, con mucha vitalidad compartieron sus inquietudes y experiencias de mujer conmigo, haciéndome sentir menos sóla en este caminar como viajera solitaria. Titou me transportó 10 años atrás y a pesar de la nostalgia, me recordó momentos felices de mi vida. Todos ellos turistas como yo pero con ciertas inquietudes. Myanmar nos reunió para apaciguarlas y hacernos crecer un poquito más.

Cuando puedas, por favor traéme la shime. Aunque dudo mucha que pueda pagar la deuda adquirida contigo, mi querida Birmania. Me gustaría decirte hasta luego porque eso es lo que sentía estando allí pero por si acaso….

Taaataa y hasta siempre!

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