India: la primera vez

Hotel Continental, Puducherry 20:00 Jueves 4 de octubre 2012

Estaba asustada y algo preocupada por iniciar mi viaje en India. Pero Mash y Mrinal, la pareja de couchsurfing, no me lo podrían haber hecho más fácil.

Llegué a Chennai el lunes 1 de octubre a las 17:10 después de un vuelo de 3h desde Kuala Lumpur, Malasia. A la llegada, tuve que retrasar mi reloj dos horas y media reduciendo mi diferencia horaria con España a cuatro horas y media. Con las indicaciones de Mash y 600 rupias (casi 9€) llegué fácilmente a su casa. En el camino me di cuenta que aquí, a la 6:15 ya empieza a anochecer. El taxista me miraba extrañado de tener que conducirme por esos caminos de tierra completamente embarrados por algunas zonas, casi intransitables. No tenía ni idea de adonde me dirigía, Mash se ocupó de dar por teléfono todas las instrucciones al conductor.

Tip nº 49: prepaid taxi o autoriskshaw

India es conocida por el abuso a que los taxistas someten a los turistas en las tarifas que aplican. En muchos aeropuertos y estaciones de trenes, existen unos stand o puestos, donde pagando tal vez una rupia, accedes a una red de conductores con tarifas fijas según el destino. Cuando llegas al stand lo único que tienes que hacer es decir donde quieres ir y te indican el precio. Nada de negociar con los conductores. Una vez que llegas, le pagas al taxista el precio acordado. Siempre que podáis preguntar si este servicio está disponible en el lugar donde os encontréis porque os ahorraréis dinero y disgustos.

El recibimiento fue abrumador. Me esperaban Mash de la India y otras 2 chicas que estaban surfeando el couch de Mash. Asha de Kuala Lumpur y Yol de Sudáfrica. Hubiese dicho que eran amigas desde siempre, parecía mentira que se hubiesen conocido tan sólo unos días atrás. Todas ellas vestían desenfadadas, ni un apiz de trajes típicos. No se si por la emoción, el cansancio o los acentos, me costaba seguir la conversación, que obviamente, transcurría en inglés. De nuevo, era la que peor lo hablaba y la que menos entendía…El mundo es un pañuelo y hablando descubrimos que el cumpleaños de Yol y el mío es el mismo día. Asha le había regalado a Mash un perfume, casualmente el mismo que uso yo, Chloe. Asha venía de Kuala Lumpur de donde yo había salido y el mes pasado, estuvo en la boda de su prima en Madrid. Me encantaba su manera de decir Chinchón y cerveza. Mash preparó café para todas. Se organizaron perfectamente para preparar la cena mientras esperábamos que viniera de trabajar Mrinal, el novio de Mash. El buen rollo entre ellos era increíble, fluían las bromas y las puyas. Mash cocinó para todos, pepino con yogurt, salsa picante, arroz, verduras y uno de los típicos panes de la India. Cuando llegó su chico y tras las presentaciones oportunas, preparó una copa para cada una y ayudó a las chicas a organizar su partida el día siguiente. Por primera vez en mi vida, comía con la mano. Menos mal que había leído en la guía que sólo se utiliza la derecha porque la izquierda se usa para otros menesteres menos limpios. No lo hacía del todo mal y todo el mundo se sorprendió que fuera la primera vez. Estaba picante pero delicioso. Agradezco haber pasado por 4 países del sudeste asiático antes de haber llegado a este país, mi paladar empieza a disfrutar de las especias. Cuando terminamos me fui a lavar los dientes y como de costumbre, utilicé el agua del grifo. Nada me pasó pero me dijeron los chicos que no tentara a la suerte y que utilizara agua mineral. Ya acomodados en el suelo del salón, vimos una película de bollywood, Zindagi Na Milegi Dobara, firmada en España. Aparecían Barcelona, Sevilla, San Fermín y la tomatina, qué ilusión me hizo!. Nos acostábamos a las 2, para mi las 4:30 y estaba muerta. Las visitantes ocupábamos el salón en colchones dejando intimidad a la pareja. Pero la generosidad de los anfitriones no tiene límite, me ofrecieron dormir en su habitación para poder disfrutar del aire acondicionado.

El 2 de octubre aproveché el taxi de las chicas para ir al centro de Chennai. Asha lo había contratado para visitar distintas tiendas de libros en la ciudad y abastecerse de lectura barata para los siguientes meses. Yo tenía que comprarme una sim y los ingredientes para cocinar una tortilla para mis anfitriones. Fuimos a una pastelería, la más reputada de todo India y después, a un centro comercial. Allí nos separamos para cumplir cada una con sus quehaceres. Cuando acabamos, me despedí de las chicas que continuaban a su siguiente punto, convencida de que estábamos al lado de la estación central de tren. Desde allí tenía las instrucciones escritas de Mash de cómo llegar a casa. Comí en pizza hut, ¿raro verdad?. Los otros sitios me parecían complicados, no tenía ganas de elegir entre un menú interminable del que no entendía nada. A las 3 de la tarde me disponía a ir al super para poder estar, como muy tarde, a las 5 en casa. El hombre del hogar me aconsejó llegar de día. No porque no fuera un lugar seguro, sino por la condición de los caminos y porque era mi primera toma de contacto con India.

En el centro comercial no había supermercado y cuando pregunté donde encontrar uno, me dí cuenta que no estaba donde pensaba, sino en otro punto de la ciudad a 5km. Mierda pensé. ¿qué hago ahora? Intenté encontrar un mapa detallado de la ciudad, gratis o pagando, para encontrar la manera de llegar a casa. Me fue imposible. Intenté buscar una oficina de turismo cerca, conato de intento. Al final, un vendedor me ayudó. Hizo varias llamadas por teléfono y pidió a un compañero que me llevara a la parada de bus para coger uno que me llevaría a la estación central. Intenté no sonreír ni agradecer demasiado por tratarse de un hombre pero había sido realmente amable. Hasta que no me monté, no se fue. Llegué a las 16h y aún tenía que encontrar un super, coger el tren y un taxi compartido para llegar a casa. Imposible estar allí a las 16:30 como dije que volvería. Avisé a los chicos con un mensaje.

Tip nº 50: haya donde fueras haz lo que vieras

La cultura en Asia es muy diferente a la nuestra. En India la condición de la mujer es completamente diferente que en España en general. En las castas (clases sociales) más inferiores, no valen mucho. En cuanto a la religión, conviven mayoritariamente musulmanes e hindúes. En el sur, donde me encuentro ahora, hay más hindúes y en el norte, más musulmanes. Al igual que me pasó al comer con la mano, es importante que observes lo que hacen otros para comportante de la misma manera y así, intentar no ofender. Como soy mujer, suelo ubicarme donde están ellas. Por ejemplo en muchos medios de transporte, tienen asientos separados y en Chennai en el bus urbano, ellas se colocan a la izquierda. Si observas, es más fácil adaptarte al país.

Chennai es una ciudad grande, casi 7 millones de habitantes, realmente caótica. Es moderna. Todas las cadenas de restaurantes y ropa tienen presencia aquí. Pero al mismo tiempo, está esa separación entre hombres y mujeres, la ropa tradicional y los puestos en la calle que contrastan enormemente con la parte moderna. Es como si las cosas no avanzaran al mismo tiempo. Pensaba que el tráfico en Tailandia, Camboya y Myanmar era horrible, pero esto lo supera con creces. Joan, Eva os aseguro que aquí no se puede parar el tráfico para cruzar. Te tienes que tirar a la calle calculando el intervalo de tiempo entre cada vehículo. Para mayor dificultad para nosotros, se conduce por la izquierda con lo que tienes que mirar para el otro sitio al que sueles hacerlo cuando estás en España. No existen pasos de cebra y no hay pasos especiales para peatones en grandes carreteras. Los coches, motos, camiones y autobuses circulan a gran velocidad y pitan todo el rato. Todo un orgasmo para los oídos. Obviamente, como ya había constatado en otros países, tampoco existen aceras útiles transitables.

Tip nº 51: cruza la calle o carretera pegándote a los locales

Algo que es muy útil cuando quieres cruzar, es hacerlo con alguien que está acostumbrado a hacerlo, es decir, la propia gente de aquí. A mi me resulta efectivo colocarme al lado de los locales. Mejor si son varios porque al avanzar en bloque parece que los vehículos frenan para dejarte pasar. Además, elige situarte en el lado más alejado al sentido de la circulación, de esa manera, estás más protegido ante un posible accidente.

Cogí el tren que me llevaría a la estación de Velachery. Me senté con 3 mujeres y un niño pequeño risueño y sonriente. Al final no podía dejar de mirarme y se reía con las cascaretas que le hacía. El resto de madres, parecían agradecer mis gestos.

Llegamos a destino y allí, me empeñé en encontrar una tienda donde comprar algo. No podía presentarme en casa con las manos vacías, sin agua ni comida. Por fin, visualicé un super. Después de merodear y ver cómo pasar al otro lado, distinguí un lugar por donde poder cruzar la enorme carretera y entré a aprovisionarme. No pude encontrar más que la mitad de los ingredientes para la tortilla. Tendré que hacerla mañana, pensé llena de remordimientos. Compré un helado y galletas para los chicos, agua y un sobre instantáneo de nuddles para cenar. Salí y fui a buscar el taxi compartido o como aquí lo llaman, share auto (ser oodo para una española con un inglés pésimo). No me costó encontrarlo pero es como una mini furgoneta que se llena hasta los topes por 10 rupias la carrera. Llegué al hospital. Eran casi las 6 y me separaban de casa 15 minutos andando por caminos de espanto.

 

No sólo llegué, sino que encontré el piso a la primera, yahoooo! “¿Dónde has estado?” me dijo Mrinal “Estás toda sudada” Estaba un poco estresada por llegar antes de que anocheciera, contesté. “Tómate una ducha y descansa”, me apremió. Ya relajada, me ayudaron a elaborar una ruta por India aconsejándome los sitios en los que estar en 2 de las fiestas que coinciden en estos meses. Hicieron llamadas a amigos para verificar el tiempo en el sur y mostraban tanto entusiasmo que parecía su viaje en vez del mío. Mash tenía en casa el resto de ingredientes para preparar la tortilla y me puse manos a la obra. La verdad es que aunque lo parecía, aquello no sabía a tortilla. Tenía los mismos ingredientes pero supongo que la diferencia en el aceite, las patatas, las cebollas hizo que fuera distinta. Lo importante es que a los chicos les gustó y realmente apreciaron el gesto por mi parte. Me decían, no pensábamos que una cosa sin especias pudiera estar tan rica.

 

Juntos vimos un partido de Críquet, deporte muy seguido en India. No entendía nada y aproveché el hueco para utilizar su ordenador e internet. Antes de dormir Mrinal se encargó de matar a los mosquitos de la casa con una raqueta que los pulveriza cuando entran en contacto con la red electrificada. Es un cacharro curioso que tienes que cargar enchufándolo a la corriente. Si hubiese una plegable la llevaría a cuestas en la mochila para exterminar a todo bicho volante de las guesthouse!

El día siguiente hice el perro, bueno estuve con el blog y enganchada a un libro que estoy leyendo. Laura me encanta, ya he empezado el segundo de la trilogía! En Chennai todos los días cortan la luz desde las 13h a las 14h. Algo que podría ser por un tema económico o falta de recursos, Mrinal me explicó que se trabata de una medida política. En todo el sur se producen cortes de luz, unos programados y otros por sorpresa. La región se paraliza porque no existen generadores en todos los sitios que suplan la falta de corriente diaria. Mash tenía que hacer la compra del mes y decidí acompañarla. Antes me deleité con la comida que preparó. Garbanzos en una salsa de tomate llena de especias.

Me explicó las especias que utilizan más comúnmente, guindilla (chili), comino, cilantro en polvo, cúrcuma, mostaza en grano y gharam masala. Dependiendo del guiso, añaden unas u otras aunque casi todas, llevan gharam masala añadida al final de la cocción. Después de comer, mastican semillas de hinojo que refrescan el aliento y son buenas para el vientre. El pan lo prepara con harina de distintos tipos y agua. Después lo extiende en una plancha y lo termina de hacer directamente con las llamas del fuego. Está exquisito. Mash es una excelente cocinera y también prepara yogurt casero (no azucarado) que se mezcla muy bien con el resto de los preparados picantes.

Antes de comprar, nos pasamos por el salón de belleza. Aquello era puro contraste. Entre el terrible tráfico, los caminos de tierra, la basura por todos los sitios y los fuertes olores, entramos en un centro de estética para hombres y mujeres. Nos llevaron a una zona reservada para chicas y mirando a Mash, decidí también hacerme una pedicura. La primera en toda mi vida y la hago en India! La disfruté con una intensidad inimaginable y volví a aprender de nuevo una lección. Allí con los pies en remojo mientras una chica me masajeaba la planta. Si hago regalos a otros, ¿por qué me cuesta tanto hacérmelos a mí misma? Sin pensarlo mucho y sin dejar entrar ningún sentimiento de culpa, me regalé una pedicura clásica, que me arreglaron los pies por fuera y un cachito de mi por dentro.

La alegría nos duró poco porque en menos de 1h, habíamos metido nuestros preciosos y delicados pies en varios charcos…Una tarde de chicas que también dio lugar a las confesiones. Mash era musulmana pero desde muy pequeña no podía entender ciertas cosas. Bombardeaba a sus padres con preguntas molestas. ¿Por qué mi hermano puede salir y yo no? ¿por qué mi hermano puede salir con chicas y yo no con chicos? ¿Por qué no puedo tener amigas que no sean musulmanas? Tuvo una compañera de cole que murió en 6 meses de cáncer. Durante la enfermedad, Mash rezaba por ella y su madre le decía “no reces por ella, no es musulmana” “¿por qué mamá?” “Son las reglas, hija”. Mash no podía entender como su madre, pudiendo imaginarse el dolor de la familia de su amiga, podía darle esa justificación. A los 19 años, trazó un plan para fugarse de casa, Mrinal la ayudó. Ahora ya no es musulmana y lo que hizo, en algunas familias, se paga con la muerte. “Mi hermano me podría haber matado” me decía. Poca cosa podía decirle yo salvo que era una mujer fuerte y con cojones, como diríamos en España.

Fuimos juntas al super, compré cosas para preparar pasta por la noche y llegamos a casa tras compartir de nuevo auto. Era muy gracioso porque estaba lleno hasta los topes. A penas podía apoyar mi culo en el asiento. Una buena señora me abrazaba para evitar que me cayera. Preparé la cena, cenamos y me ayudaron a terminar de planificar el viaje con música española de fondo. Me regalaron una guía de lonely planet de la India y les dejé mi inservible guía rouge comprada en Kuala Lumpur. Hablamos de la vida y las circunstancias. Los tres coincidíamos en que couchsurfing había cambiado nuestras vidas. Les hablaba de mi experiencia viajando y me cosían a preguntas. Se les iluminaba la cara por momentos soñando emprender juntos una aventura. Hablamos de arte terapia y me enseñaron una canción pakistaní preciosa, Aas paas hai khuda de Rahat Fateh Ali Khan. Al día siguiente había decidido hacer una escapada a Puducherry y Auroville. Volvería a Chennai el viernes por la tarde para pasar con estas maravillosas personas el fin de semana. “Algo prepararemos para ti” me decían entre risitas.

Y aquí estoy en Puducherry, en mi habitación del hotel continental por el que pago 450 rupias (6.7€). Todavía no se por qué la gente dice que la India es tan barato. De momento, yo no tengo la impresión. Supongo que eso de no comer en cualquier sitio encarece los gastos. Espero acostumbrar pronto mi estómago para poder comer por la calle. Con la práctica espero poder encontrar esos sitios para dormir por 2€.

Me gusta el ligero movimiento de cabeza que tienen aquí para decir si, o no, o está bien, o no me gusta…con un poco de práctica más podré empezar a desfrizarlo porque al principio resulta muy confuso cuando preguntas a alguien algo y te contesta que esa baiben.

He llegado a Pondy, como aquí llaman a esta ciudad, a las 2 de la tarde después de pagar por segunda vez el autobús. Ayer reservé por internet uno, pero ha sido imposible encontrarlo. Coger un autobús es una aventura y tienes que tomarte el tiempo para encontrar las cosas. Así que con las prisas y los malos entendidos, me monté en el que no era. Menos mal que también me llevaba a donde yo quería por mucho menos dinero del que pagué (85 rupias frente a 240). He visitado esta ciudad con sabor francés, edificios coloniales, iglesias, restaurantes y baguettes.

Por momentos, no me parecía estar en India pero sólo tenía que mirar los vestidos coloridos de ellas, sus adornos y su característico punto rojo en la frente, para darme cuenta que si. Mash me explicó que el punto rojo identifica a las mujeres casadas. Cansada de la caminata, me senté en la puerta de una iglesia, justo al lado de un colegio. Recuerdo a David en Myanmar, con sus ojos azules penetrantes diciéndome, “children love you!” En apenas 5 minutos estaba rodeada de más de una docena de niños uniformados que se peleaban por darme la mano, jugar a las palmas conmigo o preguntarme mi nombre. Eran tantos, que una señora salió espantada de la escuela en mi ayuda creyendo que me estaban agobiando!

Comí un sándwich y decidí que ya era hora de probar a comer vegetales crudos. La ensalada que me comí, no produjo ningún estropicio en mi estómago. Seguí paseando a orillas del mar atravesando un mercadillo para adentrarme en la ciudad.

Y también por primera vez desde que salí de España, encontré un parque, lo recorrí y me senté disfrutando del frescor de la hierba, los olores y los pájaros característicos del borde del mar.

Volví a conectar conmigo con algo profundo y allí, derramé unas cuantas lágrimas de intenso dolor ante una realidad revelada. Eran las 6 de la tarde y sabía que empezaba a caer la luz. Mrinal me dijo que Puducherry era totalmente seguro y que podía estar dando vueltas hasta las 9 de la noche. Con ese estado de ánimo melancólico, entré en un mercadillo y encontré unos pendientes por 30 Rs (0.5€) que levantaron un poco mi ánimo. Visité unos cuantos templos hindúes muy diferentes de lo que había visto hasta ahora. Eran preciosos, coloridos, con músicos tocando instrumentos tradicionales envolviendo el ambiente.

Luché para volver al hotel. La oscuridad y la falta de nombres, dificultaron la tarea. Menos mal que muchas personas me ayudaron a encontrar el camino. Mamá, para ti, esta foto especial de la habitación de mi hotel para que veas que tu cuadro eléctrico no es tan antiguo!

Después de tres días y medio en India, los miedos se volatilizaron. Ningún hombre me ha seguido por la calle o se ha puesto pesado. Al contrario, todos se han mostrado colaboradores y educados. Ellas, protectoras cediéndome asientos y protección para no caer. Que decir de los niños. Como siempre naturales, expresivos, ingeniosos, traviesos, sinceros, haciéndome sentir viva por dentro y conectada con la niña, que ahora se, siempre llevaré dentro de mí.

 

 

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