India: burbuja

Tren Chennai – Kochi 20:40 lunes 8 de octubre 2012

Micha, llevo unos días pensando en ti y en el consejo que me diste, “aguanta al menos 3 meses, el inicio del viaje suele ser lo más duro”. Cielo, lejos de querer volver me acerco a vencer el límite de tiempo. Estoy disfrutando y aprendiendo de cada minuto de este viaje tan especial, gracias en parte, a los buenos consejos que me diste para la preparación del mismo.

He pasado unos días maravillosos en Chennai en una pequeña burbuja llena de aire purificador. Se lo debo a Mash y Mrinal, que a pesar de su juventud 25 años, me han enseñado otra manera de vivir y hacer las cosas viviendo a contracorriente en su propio país. No tengo mucho feeling de la India, pero estoy segura de que ellos son especiales, aquí y en el mundo entero. Ofrecen una visión de un país moderno, culto, divertido, hospitalario, generoso, especiado, lleno de matices y con una música que penetra los poros de mi piel y hace mover mis caderas.

Mash y Mrinal, dos compañeros de piso abiertos al mundo y a la vida. No se cómo, ni en qué momento los emparejé, la verdad. Mash es una cocinera excepcional, atenta a cualquier necesidad que pueda surgirte, cariñosa, servicial,  inteligente, con una seguridad y fuerza que no te pueden dejar indiferente, coqueta y muy elegante. Compartimos momentos de chicas, confesiones, música, recetas y hablamos de lo contradictorio de la vida y los paises. Las mujeres en India quieren ser blancas y las europeas nos torramos bajo el sol para ser morenas. ¿Qué narices pasa en este mundo? Mrinal es un hombre irónico, con gran sentido del humor, capaz de hablar de cualquier cosa, con una sonrisa contagiosa y una espiritualidad y valores que me tocan mucho. Un hombre de éxito, con muchos retos y sueños por cumplir. Hemos compartido consejos para usar couchsurfing, charlas filosóficas, una cena mediocre en un restaurante fashion de malas tapas, disco y tantas cosas más, que siempre lo llevaré dentro de mí.

Después de pasar un día en Pondy, alquilé una moto para ir a Auroville. Una ciudad internacional dedicada al ideal de la unidad humana. Es un proyecto de sociedad sin religiones y con personas de muchas nacionalidades, emprendido por una francesa, Mirra Alfassa (conocida como Mère) y un indio, Sri Aurobindo. No era un lugar para turistas ni visitantes, sino para residentes entre los que se encuentran 5 españoles. No puedes acceder a la mayoría de los sitios. Lo que más me impresionó fue encontrarme con un árbol muy especial, sagrado en India llamado Le Banian. A este árbol le crecen raices que terminan siendo soportes de sus propias ramas que crecen de forma inimaginable. Me podría haber quedado horas al cobijo de su sombra.

Otra cosa que me gustó mucho, fue la aventura en moto. Podía pararme donde quisiera, aparcar la moto, callejear, perderme y volver a seguir la confusa ruta. En una de las paradas me encontré muchos dibujos con tiza en las puertas de las casas. Alguien me dijo que eran motivos decorativos y de bienvenida. La ruta para llegar a auroville no estaba muy bien indicada pero de nuevo, siempre encontraba alguien que amablemente me indicaba el camino a recorrer.

Si como peatón no es fácil transitar por las calles, como conductor os puedo asegurar que no es obvio tampoco. La salida de la ciudad fue una odisea pero disfruté enormemente de la libertad de conducir por las carreteras, atravesando pueblos, caminos y arboledas. Volví por un camino distinto al que había tomado en la ida siguiendo las indicaciones de Pondy y fui a parar a una autovía. Pensé que no me dejarían pasar y que tendría que deshacer el camino rodado, pero no tuve ningún problema e incluso, no tuve que pagar nada. Tan sólo imité lo que otras motos hacían. En apenas diez minutos había cubierto los diez kilómetros de recorrido. La agonía fue encontrar mi hotel. Entré a la ciudad por un sitio distinto al que había salido. Aunque tenía un mapa, el hecho de que la mayoría de las calles no tenían nombre, dificultó enormemente que me ubicara. Ni siquiera era capaz de situar el mar y cuando lo hacía, después de unas cuantas vueltas volvía a estar completamente desorientada. Intentaba en vano dirigirme a algún sitio conocido para desde ahí, poder llegar al hotel. Aquella situación me recordó aquellas primeras veces que conducía con el coche en Madrid. Avenida para arriba, avenida para abajo, incapaz de encontrar las salidas oportunas, parándome para chequear cada tres por cuatro el mapa. Vueltas enteras a la M30 para salir por una salida que me había pasado incapaz de encontrar un cambio de sentido.

Tardé casi 1h en encontrarlo. Estaba ya al borde de la desesperación cuando empecé a transitar calles que había recorrido antes a pie. Esperé más de una hora y media al chico que tenía mi pasaporte y el depósito de 500Rs. El hombre de la tienda de enfrente amenizó mi espera pero tampoco me atrevía a intimar demasiado. Llegó el del alquiler de motos, me devolvió 200Rs para zanjar la operación y ya estaba libre para coger el autobús de vuelta a casa.

Me reconfortó volver a Chennai. Mash me llamó para decirme que me bajara en un sitio que trasladé al conductor. Mrinal vendría a recogerme en la moto. Genial pensé, así no tendría que arreglármelas sola para llegar a su casa a las ocho de la noche. Me bajé en plena oscuridad en medio de no se donde. Agradecí que hubiera 2 ó 3 puestos de comida que dieran luz al lugar. Mientras esperaba, me decidí a probar mi primer snack callejero. Aquí hacen muchas cosas con harina y vegetales que luego fríen en abundante aceite. Estaba rico y de nuevo, mi estómago respondió como un campeón. La sensación de subir en la moto fue super buena, relajante y refrescante. Al llegar a casa, le pregunté a Mrinal acerca de la actitud que tenía que tener frente a un hombre que se me acercara y me diera conversación. Me explicó que había tres posibles razones para ello, dinero de forma directa o indirecta porque te va a aconsejar un sitio para dormir o un restaurante, sexo porque eres una mujer blanca o la tercera y más esperanzadora, porque es una persona amable que sólo siente curiosidad por otras culturas.

Tip nº 52: Si necesitas indicaciones, pregunta a 2 ó 3 personas mínimo

No se por qué es así y es bastante confuso, pero en India, las indicaciones que puedes recibir a la pregunta de donde está un sitio, cuál es el precio de un servicio o qué autobús coger, difieren de una persona a otra. Si quieres obtener información fiel, pregunta al menos a 3 personas diferentes. Sigue preguntando hasta que haya dos respuestas que coincidan. Tardarás más tiempo en obtener la información correcta, pero os aseguro que es mejor que hacer caso a todas y cada una de las indicaciones contrarias que te ofrecen.

Los siguientes días los aproveché para escribir el blog, planificar mi viaje con Mrinal, soportar pacientemente y con calor los cortes diarios de 13h-14h e intercambiar experiencias, consejos y anécdotas con una australiana de 28 años que llegó a surfear el sofá de los chicos. Después de India quería ir a Nueva Zelanda, comprar un coche y recorrer las islas. Pero me temo que no voy a poder hacerlo por falta de presupuesto. No quiero andar sufriendo por eso cuando hay otros países que encajan más en mi ruta de viaje. China se está dibujando como una buena candidata. Mairead, la chica australiana, ha estado allí, me ha recomendado sitios y me ha indicado como conseguir la visa. El sábado por la noche Mrinal y yo salimos a cenar a un sitio de tapas, caro y bastante alejado de la realidad española. En medio de una decoración moderna y bastante fría las paredes estaban llenas de poster de flamenco y toros. Música disco de fondo completaba la velada. Después fuimos a un club, como dicen aquí. La diversión nos duró poco, cerraban a las 12:30. Lo suficiente para ver como los chicos se seguían muestrándose tan afectuosos entre ellos. En India muchos hombres van de la mano y no parar de tocarse afectuosamente. Es realmente curioso cuando entre las parejas ver apenas muestras de ese tipo. Si los viéramos bailar y cogerse así en España, pensaríamos que son gays. En esta salida eché de menos unos vaqueros y unos zapatos de tacón. Tal vez reorganice la mochila para abrirles hueco.

Esta mañana, lunes 8 de octubre, preparé música para mis host de Chennai y me respondiron cargando mi móvil con un montón de música de la India de diferentes estilos. Me despedí de Mash. Mrinal me llevó con la moto a la estación de tren más cercana de su casa. Cargaba las dos mochilas a cuestas, todo un periplo no caerme de la moto entre tanto bache. En una hora estaría en la estación central desde donde salía mi tren a Kochi. Me relajé, abracé mi gran mochila para dejar hueco, empecé a escuchar la  música recién cargada y allí, sentada en mi compartimento de mujeres, volví a disfrutar de mi precieda soledad.

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