India: Munnar y Fiona un dúo en perfecta sintonía

Chinnar Checking point 18:00 martes 16 de octubre 2012

Estoy esperando, en la reserva natural de Chinnar, que mi autobús de Munnar – Bangalore pase a recogerme a las 18:30. Tengo en mi regazo, bajo mis observadores ojos, una bolsa con agua y comida. Un mono hábilmente me ha robado una bolsa de snacks indios. Se ha acercado a mí de forma casual, haciéndose el despistado. En menos de un segundo tenía sus zarpas en mi bolsa. Ha intentado llevárselo todo, como el que va a la compra. El peso y la rápida reacción de mis compañeros de espera, lo ha disuadido. Lo tengo enfrente de mí, con la bolsa entre las manos. Ha desparramado parte del contenido en la repisa del muro y se pone como una furia cuando los otros monos se acercan para robarle la comida.

Fiona y yo llegamos a Munnar el sábado 13 de octubre a las 21:30 cuando la noche era ya cerrada. El camino transcurría por montañas, curvas, lluvia y frenazos. Fiona y yo nos mirábamos con la complicidad de estar pensando en lo mismo, nos vamos a matar por estas carreteras! No habíamos reservado alojamiento. Pensábamos que llegaríamos a media tarde, tal y como estaba previsto. Llovía a cantaros y allí estábamos junto con otros 4 mochileros decidiendo qué hacer. Un conductor de tuck-tuck vino para ofrecernos sus servicios. Una de las turistas, aparentemente muy joven, le espetó que no necesitábamos nada de él. Aún así, nos informó que muchos hoteles estaban llenos. La chica le replicó, dándole la espalda y de muy mala manera, que no quería alimentar un sistema de comisiones. Agradecí que Fiona fuera una persona razonable y nosotras si  cogimos el tuck-tuck. Llamó al sitio donde queríamos alojarnos, comprobamos que no había disponibilidad y nos llevó a Kaippallil Inn.

No entiendo que se creen algunos turistas. Esa chica ni sus amigos, que se la juegan a hippies y perroflautas, tienen derecho a tratar a nadie con desprecio y mala educación. Fiona y yo estábamos de acuerdo. Basta con responder en el mismo tono que te ofrecen un servicio, que no estás interesado. Nos los cruzamos varias veces por Munnar y tenían la misma cara de desagradables que cuando los encontramos por primera vez, ¿por qué están aquí nos preguntábamos?

Fiona se fió de mi criterio cuando fui a ver la habitación que decidimos compartir mientras ella esperaba cobijada de la lluvia. La que me ensañaron era horrible, mohosa y maloliente. Les dije que no me interesaba y me enseñaron otra con balcón y en mejores condiciones. Negocié quedárnosla por 500 Rs. El único pero que más tarde descubrimos era que el baño olía y que nos teníamos que duchar con cubos de agua. Menos mal que había agua caliente. En Munnar la temperatura había bajado unos cuantos grados y se agradecía dormir con manta. Dejamos las cosas en nuestro nuevo hogar y nos fuimos a cenar. No fuimos muy lejos. Munnar es pequeño y era tarde. Nos conformamos con comer en una furgoneta que servía comida. Y justo ahí, empezó una bonita relación, que ha durado 5 días, entre Fiona, la comida, las confidencias, la naturaleza y yo.

Fiona es una chica que transmite mucha paz y calma. Hemos disfrutado enormemente de Munnar. El primer sitio de la India que realmente me gusta. Su gente, el pueblo, la paz que se respira y la naturaleza que le rodea. Hay un montón de colinas repletas de plantaciones de té que decoran la montaña de una manera muy particular. Fiona y yo compartimos muchas cosas. La misma manera de enfocar las situaciones sin estrés. La improvisación dejando que los planes salgan. Yo he cambiado cuatro veces de ruta en India y ella, que pensaba quedarse sólo un par de días por aquí, ha  prolongado su estancia 2 días más para que fuéramos juntas  a Chinnar, un parque natural cerca de Munnar en el que dormiríamos en una casa en lo alto de un árbol. También compartimos nuestro disfrute por la comida y la curiosidad por probar cosas nuevas todo el tiempo. Nuestros estómagos, también se parecen. Fuertes y capaces de aguantar sin flaquear cualquier tipo de comida de no importa que sitio callejero o restaurante. A las dos nos gusta probar lo que mcdonald ofrece en los distintos países. Ya me lo decía Cherry, “la comida te pierde!”. Como sigamos así, tendremos que hacer dieta intensiva después de nuestro paso por India. A ambas nos gusta hacer el tonto, sentimos curiosidad por las personas, somos bastante agradecidas con los sitios donde dormir o comer y disfrutamos con las pequeñas cosas como una caminata o tomar un te en una terraza. No tardamos mil horas en arreglarnos, sonreímos mucho. Nos fascina el horóscopo, nos gustan las adivinaciones y la astrología, al tiempo que nos da miedo  saber que nos depara el futuro. El yoga, el placer por la lectura y bollywood. Nuestras coincidencias crecen con los días. Poco a poco nos sentimos más y más cómodas. Me contagia su naturalidad, sus ganas de vivir y su manera de disfrutar. Fiona es trabajadora social. Lo hace con adolescentes con problemas y desequilibrios mentales. Ha pasado 5 semanas de voluntaria en Jaipur. Lleva dos meses y medio en India. Me ha dado muy buenos consejos, recomendaciones y  mucho cariño.

 

Tip nº 57: hierro

A pesar de que Fiona y yo comíamos bien y en abundancia, estábamos cansadas. En India prácticamente toda la comida es vegetariana y de vez en cuando el pollo aporta un poco de carne a la dieta. Si sois chicas, os recomiendo que viajéis con hierro para tomarlo en vuestro viaje. Os sentiréis más fuertes y tendréis menos desbarajustes con la regla.

El primer día en Munnar nos dejamos perder. Paseamos por la carretera que nos llevaba al museo de té. Nos deleitamos con el maravilloso paisaje, la visita a la fábrica y nos resguardamos de la lluvia, durante más de dos horas, en un restaurante con vistas al río. Nos cruzamos con un autobús escolar y Fiona me dijo que le gustaba la manera que tenían en India de nombrar a los niños discapacitados, “differently abled children”, niños capacitados diferentemente. Chavales jugando al críquet en medio de la nada. Iglesias antiguas por todos los lados. Nos tropezamos con la oficina de turismo y allí, contratamos un trekking de 3h por las plantaciones de te para el día siguiente. Al terminarlo, nuestros caminos se separarían. Fiona se dirigiría para Munnar y yo me tomaría un día más para descubrir los alrededores naturales de aquella región, con una excursión que me convencía a medias. Remataría con yoga gratuito en mi guesthouse y tal vez, una sesión de Reiki.

El trekking fue muy bonito. Paseamos por un paisaje que no había visto jamás. En medio de las plantaciones, hay árboles que tienen raíces que generan una malla horizontal que mantienen la humedad en las plantas de te. Las podan a la altura perfecta para no tener que agacharse ni levantarse al recolectar sus hojas que crecen durante todo el año. Numerosas flores de un rojo intenso sangran las plantaciones Son las mujeres las que, en su mayoría, hacen este trabajo. Los distintos tes, blanco, verde, …, proceden de la misma planta pero el proceso de elaboración para cada uno de ellos es distinto. Nuestro guía, Babu, se unió al dúo aportando su buen hacer, su paz y su filosofía de vida. Católico de 40 años, separado, con una niña de 11 años, amante de la fotografía, la terapia natural, trabajador social, guía turístico, es un apasionado de su tierra y la naturaleza. Nos explicó todo sobre las plantaciones y aquella zona. Subimos una colina, vimos las espectaculares vistas, nos llenamos los pulmones de nuevas sensaciones y seguimos compartiendo el tiempo. Ayudó a Fiona a deshacerse de 2 sanguijuelas que se habían adherido a su tobillo dejándole dos bonitos agujeros que no paraban de sangrar. Fue él, quien me aconsejó ir a Chennar y la mejor forma de llegar, aconsejándome dormir en una casa encima de un árbol. Ese plan encajaba en lo que buscada y deseché la excursión que me habían propuesto el día anterior. Fiona se moría de envidia y al final, entre las plantaciones de té, renunció a Kochi para unirse a mi. Me alegró mucho que pudiéramos compartir esa experiencia juntas. Se lo expresé con palabras y con un abrazo en medio del verdor y los rallos de sol. Volví a sentir el fluir de las situaciones y las sensaciones. Más tarde, ya estando en la habitación, me dijo que en Alleppey había visto en una revista de viajes, ese tipo de casas. Pensó en escribirles para saber donde encontrarlas, quería probar la experiencia. Sin quererlo, la oportunidad se le presentó y se dejó sentir. Era domingo y Babú no pudo reservar la casa del árbol. No os preocupéis, nos decía. Mañana a primera hora, os aviso si es posible. Fiona no cogió su autobús a Kochi, pasamos la tarde juntas, tranquilas, confiando en lo que la india nos depararía.

Babú se encargó de todo, gestionó la reserva de una de las 3 casas que existen en el parque, nuestros autobuses a destinos diferentes, abastecimiento de agua, provisiones de comida, alcohol y la gestión del trekking para el avistamiento de animales salvajes. Para rematar la jugada Babú era especialista en el masaje Ayurveda, típico de Kerala. 2000 Rs (30€) financiaron las 24 maravillosas horas siguientes. Casualidad o no, Fiona me había hablado de ese masaje el día anterior. Todo parecía cuadrar….

Tip nº 58: mosquitera

María, la mosquitera se quedó con Babú. Tenías razón, no pasó de los tres meses acompañándome. Compré, por recomendación de foros, una mosquitera individual impregnada para protegerme de las mordeduras de mosquitos malariosos. La utilicé una única vez en Myanmar. La mosquitera es individual, muy pequeña y difícil de utilizar en una cama normal e imposible en una doble. Si necesitas mosquitera, en la mayoría de los sitios, te proveen de ella y sino, siempre está la opción de comprarla. Mi recomendación es que no compréis ni traigáis una desde España.

Después de desayunar, el trayecto para llegar a Chennar (3h) lo cubrimos en el bus local. Una carretera estrecha llena de curvas imposibles atravesando montañas preciosas llenas de agua, cascadas y zonas valladas con animales salvajes como búfalos. Mamá, me acordé mucho de ti y de nuestra escapada a Mijas para ver a Graham el año pasado.

Al llegar, un guía nos llevó rápidamente a nuestro hogar por la previsión de lluvia. Nos cayó una buena por el camino y de nuevo un constipado, parecía instalarse en mí. Tan sólo conseguimos avisar monos. Me quedé flipada cuando llegamos. Estábamos solos. No se por qué pensaba en un conjunto de casas próximas y tal vez, un centro de atención. Pero ni mucho menos. Estábamos junto a un ensanchamiento del río, con pequeños saltos de agua y una casa a diez metros de altura. Subir era difícil. Cuando estabas dentro, un temblor se producía cuando otro la escalaba a través de la escalera de cuerda. El sitio era precioso.

El guía local del parque natural, también era el chef. No preparó te y tras beberlo, nos subimos a la casa. Fiona, Babu y yo estuvimos hablando largo y tendido acompañados de gin con limón. Nos untó la nariz con un bálsamo que fabrica él recolectando plantas y aceite de coco. Se nos despejaron las vías respiratorias, era como echarse vicks vaporub. Nos contó historias de la India que me saltaron las lágrimas. Nos regaló relatos de la mitología hindú y nos leyó la mano. Me decía, “eres buena ahorradora, no tendrás problemas con el dinero. En tu vida tendrás 2 relaciones importantes, una corta y otra mucho más larga”. Se me volvieron a empañar los ojos y se me puso un nudo en la garganta que tardó horas en desaparecer. Cenamos de noche a la luz de un fuego solitario. Después recibí mi maravilloso masaje con un aceite especial mientras Babu adiestraba a Fiona con mi cuerpo como cobaya. Al terminar estaba completamente preparada para dormir pero pasé muy mala noche. Los mocos se me caían del constipado, los estornudos y la nariz taponada no me dejaban conciliar el sueño. Fiona y Babu me emparedaron.  Numerosos ruidos en la habitación presagiaban que un animal estaba revolviendo nuestras cosas. Pensaba que tal vez era un mono y me agobié imaginando que me robaba el pasaporte y las tarjetas que tenía en mi mochila. Mis compañeros de habitación ni se inmutaban. Más tarde Babú me dijo que se trataba de una rata gigante. Otros animales parecían que saltaban por el tejado y a las 5:30 la claridad empezó a aparecer.

Esperé hasta que a las 8 se levantó el resto. Bebimos te a orillas del río. Allí empezó la diversión. A tan solo unos metros, en la orilla de enfrente, había un cocodrilo. Lo pudimos ver perfectamente bien con los prismáticos. Mierda, Fiona y yo queríamos nadar allí la tarde anterior. Qué insensatas! A las 9 nos pusimos en marcha a la búsqueda de más animales, Babu, Fiona, dos guías del parque y yo. Y vaya si los vimos. Qué maravilla tener que rastrearlos, descubrirlos y observarlos. Ciervos, una pequeña serpiente mortalmente venenosa matando y engullendo un lagarto. Y como somos chicas suertudas, elefantes. Si vienen, corre lo más rápido que puedas, nos decía Babu mientras intentábamos acortar la distancia que nos separaba de ellos. Estaban en una zona arbolada y los veíamos entre las ramas. Estábamos al lado y nos acercábamos sigilosamente en silencio siguiendo a los guías. Había 4 elefantes. Oíamos el crujir de las ramas al partirlas con las trompas, sus lamentos y el sonido seco que provocaba su movimiento de oreja al rozar con su cuerpo. Dios mío, en ese momento pasé miedo evaluando por donde podría escapar si tenía que huir. Fue una aventura espectacular. La primera que había vivido de ese tipo.

Eran la una de la tarde y Fiona tenía que volver a Munnar para coger su autobús. Me uní a ellos en el bus de vuelta para bajarme en las cataratas de Lukkum. Nos despedimos con un abrazo tierno cargado de sentimientos y energía positiva soñando ir juntas de safari por África. Babu y yo nos dimos un baño super refrescante en  una zona apartada, comimos pescado con arroz y se volvió para Munnar.

Ya sola, regresaría de nuevo a Chinnar a esperar mi bus a Bangolore. Era la tercera vez que recorrería aquel precioso paraje. El trayecto fue horrible. El bus estaba lleno y viajé de espaldas sentada junto al conductor. Sentía sudor en la frente y la temperatura subir. Sino llego, pronto vomitaré me decía. Aguanté la embestida. Llegué a las 16:30, tan sólo tenía que esperar a que pasaran a recogerme. Un conductor de un autobús escolar me acompañaba y me ofreció cobijo en el caso de que tuviera algún problema. Y aquí estoy, escribiendo casi sin luz, protegida por un montón de guardas, un conductor de un bus escolar, monos y un colegio entero de niños cobijado en la sala común.

Un comentario en “India: Munnar y Fiona un dúo en perfecta sintonía

  1. Adiós a la mosquitera, yupi!!!! Yo también me he deshecho de la mía…jejeje…
    Estoy haciendo un maratón Montsil de blog y haces que se me salten las lágrimas…pues claro que tienes alas!!! Y además cada día más fuertes, yo las veo crecer a mi lado…Muuuuuak

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s