India: Punto muerto

Tren Hyderabad – Varanasi 15:15 domingo 21 de octubre 2012

En el tren de Bangalore – Hyderabad, conocí a Dietmar, un alemán de 43 años, que se ha cruzado en mi camino en un momento de cambio.

Él había reservado una habitación en una zona residencial. Yo estaba agotada del viaje y temía que me pasara lo mismo que en Bangalore. Desayunamos juntos a las 6 de la mañana y nos lavamos un poco en un centro de toilletes. En tan sólo 1h había decidido alojarme donde él había reservado, a pesar de que para mi, era un sitio caro a 900 Rs (18$). Una llamada confirmó que no había habitaciones disponibles y finalmente, Dietmar cambió de hotel a uno más barato sitiado en el centro que nos cuadraba a los dos. Dietmar ha visitado mucho la India en los últimos 10 años, a pesar de que para mi sorpresa, nunca ha estado en Agra. En el tren me resultó un hombre muy hablador y directo. Hablamos con 2 chicos de India larga y tendidamente. A veces parecía que se escapaba a otra dimensión aunque estaba con nosotros de cuerpo presente. Mide  2 metros de altura, tiene unos grandes ojos azules, habla hindi, aparenta ser más mayor, es muy culto, interesante y yo diría, un ser humano un tanto peculiar. Ha hecho varios retiros meditativos en monasterios. Fue profesor de una escuela gubernamental de negocios en Abu Dhabi durante dos años y medio. Libre de tasas y con gastos pagados, con el dinero que ha ahorrado, está en una nueva etapa de cambios. No se siente volver a Alemania y en 10 días estará en un apartamento alquilado en Torrevieja para reflexionar. Me sorprendió que alguien pudiera elegir ese destino español para una labor así. Se dejó caer en Hyderabad para asistir a una boda de un antiguo compañero de trabajo y el destino, nos unió. Curiosamente, no tengo ninguna foto de él.

Hemos compartido muchos momentos juntos, pese a que a él, no le gusta estar en compañía. Los mejores, los cotidianos. Comer, desayunar, tomar zumos en puestos callejeros, ir a un centro comercial, ir a un sastre para que Dietmar se hiciese unos pantalones y un traje a medida…

Hemos charlado y ha sido alguien que me ha cambiado. Le he cosido a preguntas personales de cómo se sentía después de tanto tiempo fuera y de sus incursiones en la India. Ha sido realmente amable en contestarme, creo, con mucha sinceridad. Ha sido la primera persona que me hablado de la otra cara de la moneda de esta libertad de la que gozamos algunos, de hacer y estar donde quieres en cada momento. Me explicaba que tenías que ser muy consciente y tener control sobre ti mismo. En otros países te permites cosas que no te las permitirías en el tuyo. Además estás solo y no tienes a tu gente para darte toques de atención. No me hablaba sólo de las cosas positivas de viajar sino también, de las negativas. Por ejemplo, él estaba notando que a veces se dirigía  o hablaba mal a una persona y no le gustaba que eso pasara. Entendía perfectamente de que me hablaba.

Después de tres meses cumplidos sigo evolucionando en el viaje. Las tres primeras semanas en Tailandia aprendí a viajar de mochilera, las dos siguientes en Camboya, aprendí a viajar sola, a decidir por mi, a acercarme a otros viajeros y locales, a mejorar mi inglés. Durante las tres siguientes en Myanmar, he recuperado el sentido de mi viaje y he aprendido mucho de mí emocionalmente. La siguiente en Malasia, descubría la fragilidad de mi futuro y en las tres semanas que llevo en la India, me doy cuenta que estoy en un punto de inflexión. Tal vez por la dureza de viajar en este país, tal vez por la influencia de Dietmar, pero es momento de parar y mirar hacia adentro. Creo que es momento de empezar a despedirse de Asia. En unos pocos días, me reuniré con Raúl y espero disfrutar con él antes de mi retiro. Dietmar me ha aconsejado un monasterio en el sur de Tailandia. Si todo me cuadra y es lo que me toca vivir, estaré allí del 1 al 11 de diciembre. Tal vez remate la meditación con un curso de submarinismo. De mi red neuronal se escapan China, Taiwan y Nueva Zelanda como próximas etapas. Veremos si realmente estoy en un punto de inflexión o en un punto muerto.

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