India: Varanasi viaje temporal

Aeropuerto New Delhi 17:00 viernes 26 de octubre 2012

Estoy en el aeropuerto de New Delhi. Esta mañana he cogido un avión en Varanasi a las 13:40 con destino Chennai. Por el momento, el balance de las líneas aéreas de India es como las de España. Ya me he comido 2 atrasos. Al final, voy a preferir los larguísimos trayectos en tren. Lo que me ha sorprendido mucho son los numerosos controles que tienes que pasar para poder llegar a tu avión. Desde que llegué al aeropuerto de Varanassi, hasta que llegué a la sala de espera para embarcar, pasé 5 controles. La mayoría de ellos, militares. El equipaje a facturar lo encinturan con una cinta a presión y ponen una pegatina en el cierre principal (de esa manera pueden saber si se ha abierto). Tu equipaje de mano, aunque sea un simple bolso, también tiene que llevar una etiqueta que es comprobada en cada control. Es posible que todas estas medidas de seguridad vengan desde los atentados que alkaeda hizo a principio de los 2000. Debido a los mismos, en la mayoría de los monumentos importantes y templos no puedes hacer fotografías ni entrar con líquidos.

Tip nº 63: moverte por transporte “público” en las ciudades 

Si en algo falla la lonely planet es en indicarte como moverte por las ciudades (transporte público o local). Tal vez cuando viajas varias personas, no te das cuenta de lo importante que es, porque siempre puedes coger un taxi compartiendo gastos. Cuando viajas solo, es otro cantar. El coste de viajar se encarece enormemente. Sobre todo cuando tienes que moverte por la ciudad, visitar un sitio a unos pocos kilómetros de donde estás, ir al aeropuerto o a la estación de tren. Cada ciudad tiene su manera de funcionar. Por ejemplo, Chennai, Bangalore y Hyderabad era con el bus local. Pero en Varanasi, los autobuses desaparecieron. Fue en muy último día, cuando descubrí como hacerlo. Quería visitar Sarnath a 10 Km de Varanasi y el auto me pedía 400 rupias (6€). Puedo pagar 6€ y no me parece caro pero me niego a pagar más, simplemente porque soy turista. Pregunté en la guesthouse y me dijeron que era la única manera de ir. Sabía que no podía ser. Una ciudad de un millón de habitantes, con mucha gente pobre que se desplaza, tiene que tener una manera de viajar barata. Decidí preguntar en el sitio de internet. Allí me explicaron que existen autos compartidos que recogen pasajeros, hasta un máximo de 6, que comparten todo o parte de un recorrido. Me dijeron el nombre de las 3 paradas y el precio de cada una de ellas, 15rupias. Por 45 rupias llegué a Sarnath. Eso sí, tienes que tener paciencia. Muchos conductores intentan aprovecharse de que eres turista y cobrarte más. Viajas apretujado con otros viajeros.  Además, los autos compartidos no están marcados de ninguna manera. Si veía varios locales apretujados, presentía que se trataba de un auto compartido. Lo paraba, le decía mi destino y si me decía que si, subía. Al llegar les daba las 15 rupias y en paz. Sé firme en el precio y sino sabes cuánto es, pregunta a algún pasajero. Un conductor me dijo que se suele pagar unas 5 rupias por cada kilómetro recorrido.

Llegué a Varanasi el lunes 22 de octubre desde Hyderabad después de 30h de tren en la clase sleeper. Es la segunda vez que cojo la clase barata con cama, 430 Rs (6.4€), 10h de recorrido y casi 700km de distancia. La verdad, es un festival de gente entrando y saliendo, móviles sonando y niños llorando. Apenas había descansado en las primeras 8h de recorrido y estaba encogida de compartir mi banco con 4 personas más. A las 20h decidí irme a dormir pero mi cama era la de abajo, la que estaba plagada por una pandilla de chicos, de los cuales, la mitad no tenían asiento asignado. Tras hacer algún puchero accedieron a quitarse de mi cama. Era muy extraño porque allí estaban los 9, en frente de mí, mirándome mientras yo sacaba mi saco de dormir y me acostaba. Para no ver el cuadro, me puse mirando hacia la pared pero de vez en cuando echaba una ojeada y allí estaban los 18 ojos observando. No me hicieron nada y no me sentía ni en peligro ni mal, pero era bastante curioso ser tan observada. A media noche me desperté. Estaba ya todo a oscuras y con gente por todas partes durmiendo tirada en el suelo por los pasillos. Un chico aprovechó mi estatura para sentarse en la punta de mi cama y poder descansar un rato apoyando los pies en la cama de enfrente. A las 13h, estaba deseando llegar. Sólo me quedaban 2 horas y media pero se hicieron las 15h y Varanasi no daba la cara. No paraba de preguntar a los chicos mirones, “not yet” me respondían. Al final, casi me tiro por la ventana de la desesperación y el cansancio.

A las 16h muerta de hambre y cansancio, bajé en la estación de tren. La bofetada de la pobreza aporreó fuerte mi cara. Aquello era un amasijo de gente por todas partes, en el suelo y los pasillos, dentro y fuera de la estación. Algunos eran viajeros con maletas pero otros, parecían estar en su hogar con sus pocas pertenencias amontonadas, mantas en el suelo y los críos llenos de mocos y suciedad.

Había reservado una habitación por teléfono en una guesthouse cutre por 500 Rs, pero no tenía mucha confianza. Tenía que encontrar la manera de llegar hasta allí sabiendo que los ghats son zonas de callejuelas entretejidas sin tráfico y muy confusas. Era carne de cañón para el próximo timo de un conductor. En la estación me crucé con 3 franceses que, muy amablemente, me recomendaron el sitio donde habían estado ellos por 350Rs, GP on Guesthouse. Tenía pick up gratis y organizaba salidas en bote por el Ganges a muy buen precio. Los llamé para asegurarme que tenían sitio libre y anulé la otra reserva. Cogí un prepaid auto que recibiría el dinero directamente de la guesthouse y me llevaron hasta ella sin problemas. La habitación era correcta y además había una terraza arriba donde cenar y comer.

Tip nº 64: precios India con y sin tasas

Es la primera vez que veo esto en los 3 meses que llevo viajando. En India, los precios de los restaurantes y alojamientos pueden estar con o sin tasas. Es importante cuando miras la carta de un restaurante o reservas una habitación preguntar si es o no con tasas para no llevarte una pequeña sorpresa ya que están son del 15%.

Me duché, eran las 18:30 y estaba preparada para el primer reconocimiento de la zona. Estaba oscureciendo pero los de la guesthouse me dijeron que hasta las 21h era seguro caminar por las calles. No tenté demasiado a la suerte y me mostraron un lugar cercano donde acceder a internet. Mentalmente retuve el camino para volver. Estuve 2h allí y la vuelta resultó un poco confusa. Las callejuelas parecían todas iguales y me despisté. Pregunté y un chico me acompañó en bici mostrándome el lugar. En un momento dado, me dijo, “es por aquí”. Me di la vuelta y vi una calleja estrecha y llena de gente. Por un momento pensé que algo me pasaría y le dije que recordaba que no era por ahí. Me llevó por otro camino y respiré tranquila cuando llegué a mi hogar. Es curioso como la desconfianza y el desconocimiento te hacen ver fantasmas donde no los hay. Esa misma ruta la recorrí sola los siguientes días y no tuve nunca sensación de peligro o inseguridad, el chico no quiso engañarme porque por aquella calle estrecha, también se llegaba a mi alojamiento. Cené en la terraza del hotel y me fui a dormir. Estaba realmente agotada. La guesthouse me proponía una excursión por 400Rs que consistía en 2h de bote de 5:30-7:30 de la mañana, de 9 – 12 visita de los principales templos y de 17:30 – 19:30 de nuevo paseo en bote por el río. Podía hacerla en varios días y para descansar en paz, decidí apuntarme sólo a la salida del atardecer.

Me levanté tarde, lavé ropa y leí un poco la guía. Con mapa en mano, estaba lista para la exploración de los ghats. Los del alojamiento, me acompañaron hasta el borde del río y allí, encontré una escalera que me llevaba a orillas del Ganges y una sensación especial. Los ghats son escaleras que conectan el río con un montículo de casas formando una especie de barrio. Mi casa estaba situada en Jain Ghat. Hice varias fotos para reconocer el lugar, lo ubiqué en el mapa y me dispuse a pasear por el ganges para introducirme y perderme en los ghats que recomendaba la guía. A partir de ese momento, pude disfrutar de este sitio tan especial que es Varanasi.

A orillas del río transcurre la vida, gente lavando ropa, gente bañándose y aseándose, niños jugando, vacas dentro y fuera del agua, barcas y más barcas ofreciéndote sus servicios, hombres proponiéndote todo tipo de servicios turísticos, hombres y mujeres paseando. Edificios decadentes con graffitis en sus paredes. Monos escandalosos en búsqueda de una presa a la que robarle la comida. Hombres que se ganan la vida lavando ropa aporreándola contra piedras y dejándola secar al sol cubriendo las escaleras por las que todo el mundo transita. Pescadores preparando sus redes. Familias comiendo. Personas meditando o haciendo yoga. Carpinteros reparando barcas. Docenas de niños volando sus cometas hechas con bolsas de plástico. Hombres ataviándose y atándose sus curiosos calzones.

Me perdí por varios ghats. Se veía suciedad por todos los sitios, la gente orina en cualquier lado, me conmocionó ver tanta vaca suelta en calles estrechas. Moscas, caca de vaca y olor a orín te envuelven. En muchas partes el suelo está en mal condiciones, la basura se acumula y las paredes de casas viejas se refuerzan con una pasta de caca de vaca a la que le dan forma con la mano y dejan secar al sol. Cabras escarbando en la basura para encontrar algo de comida. Pobreza, pobreza y más pobreza. Gente tirada en la calle, casas semi derruidas, cortinas reemplazando puertas, gente descalza por todos sitios. Fuentes donde la gente se abastece de agua y se asea. Y de repente, en un rincón te encuentras con un puesto colorido que vende ofrendas para los templos. O con una madre que lava cariñosamente a su niño. Con una tienda que vende joyería familiar. Con un padre y un hijo que ponen de comer a una vaca. Con los saris dando color a todo. Hombres de túnica naranja, largas barbas blancas y caras pintadas. Garajes llenos de ollas gigantes preparando la comida. Puestos callejeros ofreciéndote el maravillo chai. Mujeres planchando. Barberos ejerciendo su oficio en un rincón. Mujeres peinando su largo cabello azabache. El sol caído iluminando un edificio encajonado. Templos hindúes y budistas.

En uno de esos Ghats me encontré con un montón de niñas que no paraban de saludarme. Me paré y al instante estaba rodeada de todas ellas. Me pedían fotos, les enseñé a hacerlas y se peleaban por ser la siguiente para mirar por el objetivo.

Encontré también lo que llevaba días buscando. Un par de cholis para mi sari por 90 Rs (1.5€) y una pulsera de plata para el tobillo. Me quedaba por encontrar, los anillos para los pies. 

Eran las 16h de la tarde y tenía que volver a mi guesthouse para la excursión de las 17:30. Me costó encontrar mi ghat porque, tanto me había perdido por las callejuelas, que me había pasado de largo. Por suerte, fui la única en el bote y pude hablar bastante con el chico que remaba. Probé a llevar la barca y era muy costoso a pesar de que estábamos a favor de la corriente. Compré una vela para ofrecérsela al Ganges, para tu buena suerte, me dijo la niña que me la vendió. Por supuesto, que lo honré pidiendo un deseo. Nos acercamos hasta Dassashwamedh Ghat donde cada día se celebra la ceremonia de culto o puja. Por el camino vimos a  muchas personas bañándose como ofrenda al sol. Aquello era toda una muestra de devoción, colorido y música. Simplemente increíble ver como la gente se arremolina alrededor, reza, canta y toca las palmas desde la plaza. Otros, desde las barcas, igualmente devotos, ofrecen velas al río.

A las 19:30 estábamos de vuelta. Al día siguiente su hermana me haría un tatuaje de henna típico de India. Regresé al hotel, cené y me acosté pronto porque me tenía que levantar a las 5 de la mañana para la siguiente salida en bote. En este caso, el bote estaba lleno y la compañía dejaba mucho que desear. Una pandilla de chicos jóvenes españoles de Alicante, que parecían que tenían una escoba en el culo. Completaban el aforo 3 personas de Europa del este de cuarenta y tantos, maleducados, antisociales e interesados sólo en hacer buenas fotos a cualquier coste. Lo mejor sin duda, ver despertar la ciudad con todos los rituales y dar los buenos días a un sol precioso que parece que siempre está coronando esta ciudad sin nubes. Atravesamos dos ghats que se dedican a incinerar cuerpos. El más grande podría hacerlo hasta 250 veces al día en hogueras a plena luz del día. En algunos casos, el cuerpo es lavado antes en el Ganges. Numerosos pájaros revolotean alrededor. Por respeto, no se pueden hacer fotos pero mis amiguitos de Europa del este, se saltaron el protocolo y no paraban de soltar ráfagas como si el sonido de la cámara no les delatara.

Coroné esta salida tan especial con un desayuno occidental, muesli con yogurt y fruta. Casi se me saltan las lágrimas de no comer algo especiado. A las 9 estaba lista para mi salida a ver los templos. En este caso, iba en moto acompañada de uno de los guías que trabajan en el hotel. En la mayoría de templos, dada la importancia, no se pueden hacer fotos. En uno de ellos, bebí leche de coco, que estaban exprimiendo en ese momento, imitando a los devotos. En otro, la gente daba 7 vueltas a un árbol que había en el interior pidiendo por sus familiares enfermos. En otro, en sus paredes estaba escrito Mahabharata, la biblia hindú. En una de las partes del templo está ilustrada la historia que dio origen al festival de Dussera con marionetas mecanizadas. Aquello era para verlo, porque daban un poco de miedo la verdad. En otro, cuyas puertas se abren sólo unos pocos días al año, cientos de devotos hacían cola para ofrecer sus plegarias y ofrendas. Aprendí también que Annapurna es una de las guardianas de Vishnu y que se le ruega a ella cuando se necesita que los alimentos se multipliquen. De ahí que muchos restaurantes de la India en otros países se llamen así.

Después, fuimos a una tienda de seda y compré algunos detalles. Cuando regresamos, descansé y al poco me fui a hacer el tatuaje de henna. Entré en la casa del chico que llevaba el bote. Teníais que ver donde viven 7 personas, en apenas diez metros cuadrados. El único extra que había en la casa, era una pequeña televisión. Me hicieron un hueco en la cama y su hermana procedió enseñándome dos diseños diferentes. Conforme lo estaba haciendo, sabía que aquello no iba  a quedar fenomenal. Me contenté con ayudar a una familia pobre pero me disgustó que quisieran cobrar demasiado por una cosa que no lo merece. De vuelta al hotel probé el preparado que tanto masticaban en Myanmar pero sin tabaco. Lleva lima y me dijeron que era como un dulce. Después de masticarlo unos minutos, lo tuve que tirar. Aquello estaba asqueroso. Creo que es lo único que de momento me ha revuelto el estómago. Hice tiempo en mi habitación para esperar una hora para aclarar el exceso de henna.

Me quedaba toda la tarde para ver los ghats más famosos y tuve la suerte de que se celebrara Dussera. Las calles estaban plagadas de gente, carrozas, mercados florales, música y gente bailando.

Me perdí por las coloridas calles del ghat Dassashwamedh. Encontré un mercado laberíntico lleno de brazaletes, saris y perfumes. Encontré en una tienda los anillos, una nueva pulsera de tobillo y un collar. Aquello era el paraíso, a mí que tanto me cuesta encontrar bisutería que me gusta! Cada vez que entraba en una tienda y me preguntaban de donde venía, la respuesta siempre era la misma, “mi amiga maría de spain” bla, bla, bla. Siempre María…debe ser un nombre fácilmente recordable para ellos. En cambio el mío, siempre les cuesta entenderlo y encontrar a alguien que lo pronuncie bien, es casi imposible! 

Después de casi un mes, empiezo a utilizar las palabras básicas. Namastec o Namaska para hola, daniabad para gracias y achá para ok o está bien. No hay una palabra para decir adiós y el hecho de que en cada estado hablen su propia lengua, no ayuda para aprender palabras básicas.

Volví anocheciendo a mi habitación siguiendo el río y comiendo cacahuetes. Estaba cansada después de un largo día y necesitaba descansar. No tenía miedo e incluso me encontré una señora que me paró para hacerse una foto conmigo. Estuve charlando un rato con su marido y un amigo asombrados, de nuevo, de que viajara sola.

Volví al hotel a las 19h y me encerré en la habitación. No se por qué motivo encendí mi kindle y empecé a leer los diarios de arteterapia de justo hace un año. Con el segundo estaba ya completamente destrozada. “Si no me escucho, no se lo que siento. En la medida en que escucho a los demás, me olvido de mi”. Me paré un momento, puse la mano en mi corazón y entonces lo sentí claro, no quería volver a España porque estaba aterrada. ¿qué pasará con mi vida allí? Bea cariño, desee tanto que estuvieras a mi lado para poder abrazarme, escucharme y aconsejarme. Cogí tu corazón y lo pegué al mío. Y así me quede dormida cuando ya no me quedaban más lágrimas. Ana, moniatilla, mil gracias por los whatsapp que intercambiamos al día siguiente. Lo que me dijiste, “tu vida en España será como en la India, exactamente como tu elijas”, recolocó las cosas en su sitio. Parece que estoy en una nueva fase del viaje de preguntas y respuestas.

Me levanté decidida a visitar Sarnath, uno de los lugares más importantes del circuito budista a 10 km de Varanasi. Pregunté en la recepción la mejor manera de llegar. Tienes que pagar un auto y por 400Rs, te lleva, espera un par de horas allí y te trae de vuelta. Estaba harta de tanto negocio. Conseguí llegar allí usando el transporte común. Se trataba de unas ruinas de templos del estilo de Bagan en Myanmar. En un templo de la religión Jain, me encontré con una pareja de Paris de mi edad, Amelie y Adil, con la que conecté desde el primer momento. Pasamos un día maravilloso juntos, hablando, compartiendo y riendo. Ellos acaban de empezar su viaje de 8 meses también por Asia y Sudamérica, así que es posible que nos encontremos al otro lado del mundo. Adil le echó cara al asunto y cambió mi guía del 2009 por una del 2011 que alguien se había dejado aparentemente olvidada en el sitio donde comimos. Nos despedimos con un abrazo y volví a casa andando haciendo mi última compra, una camisola colorida muy útil en India tapando todo lo necesario. Me encanta porque el negro prácticamente ha desaparecido de mi vestuario, quien me lo hubiese dicho!

 

Fui a internet y allí descubrí como ponerse el sari. Ya en la habitación me animé a hacer probatinas y este fue el resultado….

5 comentarios en “India: Varanasi viaje temporal

  1. Hola guapa las fotos me han parecido no sé me han hecho sentir de todo tristeza por un lado porque veo mucha pobreza. Pero ves las caras de los niños y todo se transforma no?. Estas muy muy guapa con el sari te queda genial y las pulseras son super chulas. Yo me volvería loca me gustaría todo que me conozco.
    Un besazo muy muy grande

  2. me encantan tus fotos. Tu sabes, no leo mucho, soy medio analfabeto, pero las fotos dicen mucho. Estoy en casa, no mi casa, lamentando el hecho que llevo un mes en casa de fulano y fulani por no encontrar piso, y a hora que encuentro piso veo que hasta mi empresa me paga no puedo entrar el nuevo piso, y siento como un pobrecito porque en vez de ir al teatro o a un concierto de jazz me he quedado en casa para ahorar dinero – y he cenado con un sublime steak tartare mio y un igualmente sublime guiso de pescado, todo regado con manzanilla de calidaa y una botella de Muga que me compre para celebrar encontrar un piso. Y mientras tanto, en el fondo escucho las noticias de 24 horas que hablan de la penuria aqui en espana y que hay jovenes que no tienen trabjo y pienso “que es la pobreza” la gente que casi no tiene nada, en tus fotos, sonrean, y yo, que tengo demasiado estoy de mal humor porque llevo un mes de piso en piso y no encuentro mi querido cuchillo de chef y el steak tartare me ha salido rana. Gracias Montse por tu temerez, tu valor, tu osadia tu buena corazon a ir a sitios donde las turistas no van y donde yo nunca iria por ser tan acomodado en el mundo rico. You’ve bought me down to earth and apologies for monopolizing your blog!!!

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