India: A las puertas del desierto

Hotel Harasar Haveli 00:30 domingo 4 de noviembre 2012

Estoy sentada en un banco de madera en la terraza del hotel Harasar Haveli de Bikaner. Junto a mi, Raúl teclea en mi ordenador, conectado de nuevo al mundo real tras su estancia en las montañas de Nepal. Jaime, un par de fotos de un coche viejuno que tenemos aquí aparcado.

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Nos encontramos en Delhi el viernes 2 de noviembre a las 15:30 en el hotel Amax Inn. El baño del hotel era como un occidental, puro lujo! Lo recibí como Vishnu manda, ataviada con el sari. Después del recibimiento me cambié en 10 segundos y nos fuimos a comer. Allí recibí mi primer regalo traído desde España. Muchas gracias Mary por el abanico. Es el que llevaste a Tailandia y claro que me sirve porque no repuse el que perdí en Yangon, Myanmar.

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Raúl y yo llevamos dos días juntos y no hemos parado de hablar y reír. Somos dos locomotoras. Todo está yendo como la seda, nos entendemos y a pesar de que habíamos pensado ir al norte, estamos en un circuito por el Rajasthan en coche privado con conductor. Teníamos varias alternativas de viaje pero al final, ésta es la que se cruzó en nuestro camino. Por 210€ cada uno, tenemos 15 días de coche y conductor para llevarnos a recorrer todo el Rajasthan.

Raúl me dio una alegría enorme cuando, ya en el hotel, sacó unos paquetes de jamón, chorizo, cecina, queso y aceite de oliva del bueno. Cenamos increíblemente bien y yo no podía parar de chuparme los dedos pigmentados de rojo, qué maravilla señor.

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A parte de venir cargado de ibéricos, me ha aportado una costumbre más. Lavarme los dientes con agua corriente. Si él no se pone malo….ya veremos si la osadía nos pasa factura!

El sábado por la mañana, antes de iniciar nuestra versión particular de Telma y Louise, Raúl pasó por el barbero por el que le intentaron cobrar 70€ después de someterle a una tratamiento facial de belleza. Durante la hora que duró, yo no paré de reírme y hacerle fotos. Nos fuimos pagándole 17€ y con escozor de culo, no la habían metido bien. Raúl pagó la novatada del recién llegado a India.

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Comimos rápidamente en el hotel y a las 17h salíamos de New Delhi, primera parada Mondawa. El conductor, con supuesto nivel experto de inglés, nos dijo con palabras robóticas, que tendríamos que parar antes a dormir. Imposible llegar a destino. A las 21:30, tras horas de charla en nuestra road movie, nos paramos en un pueblo a buscar cobijo. Ashok nos llevó a un hotel por 1.200 Rs. Le habíamos dicho que nuestro presupuesto eran 600Rs, pero nos aseguraba que no había más hoteles. El dueño del hotel nos enseñó la habitación y le dijimos que era demasiado cara para nosotros. Llamó a su primo, el del hotel barato. Nos dirigimos allí y vimos otros hoteles en menos de 5 minutos de trayecto. Empezamos a entender que Ashok funcionaba con comisiones. El otro hotel nos enseñó 2 habitaciones. Casualmente, ya no quedaban de las de 600Rs y nos decidimos por la de 950Rs con una bonita foto en el cabecero que nos acompañaría durante nuestros sueños.

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El hotel era dantesco en medio de una carretera. Los chicos jóvenes que allí trabajaban no paraban de mirarme fijamente. Salimos a dar una vuelta, completamente a oscuras. Nos encontramos con alguna pequeña tienda en la parada de autobuses, casas pobres con personas durmiendo al aire libre en los camastros de cuerda trenzada, el margen de la carretera mostrándonos el camino como único acompañante y una luna dorada asomándose en la noche. Llegamos a una tienda en la que venden alcohol. En India no se puede comprar en supermercados, sólo en tiendas especializadas donde sólo entran hombres. Compramos una cerveza y nos dispusimos a beberla senados en un bebedero de animales. El tendero nos reprendió diciendo que estaba prohibido. Nos adentramos por una calleja sin asfalto y descansamos nuestros culos en un portal semiiluminado, rodeados de basura y vacas.

Al rato, salió una pareja de una casa modesta mirándonos con extrañeza. A los pocos minutos, otra, salió de una casa adinerada. El hombre se nos acercó amenazante. Parece que no les gustaba que estuviéramos allí y menos aún, bebiendo. Desaparecieron al decirles “hotel”.Decidimos irnos ante la duda de buscarnos problemas. De camino, compramos agua y un par de plátanos que nos servirían de cena en la habitación. Al llegar, nos tuvieron que abrir la puerta del hotel. Encendimos la tele, hicimos zapping, charlábamos y nos dormíamos a la 1 de la noche, muertos de sueño. A las 7:30 sonaría el despertador para seguir la ruta. A las 5 de la mañana ruidos de claxon y voces, nos sacaban del descanso. La bulliciosa carretera estaba plena de vida. Cuando nos levantamos, el balcón de la habitación nos regaló escenas inolvidables. Carros llenos de bananas, hombres yendo y viniendo, autobuses, vacas corriendo como en un encierro y hombres esquivándolas entre risas. Sin desayunar, empezamos el segundo día de nuestra ruta por carretera. A la hora, Ashok nos paró en un sitio a desayunar. De nuevo un restaurante solitario lujoso y vacío en el que pagamos 700Rs por unas tostadas, una tortilla y 2 tes. Aprovechamos para reservar hotel siguiendo la guía trotamundos ante los oídos sordos del conductor. Teníamos claro que teníamos que hablar con Ashok. A pesar de que nos dijo que él sólo ganaba las propinas en el viaje, no queríamos pagar como turistas servicios no pedidos. A partir de ese momento le pedimos que para comer, nos parase en el centro de un pueblo y nosotros elegiríamos el sitio donde hacerlo. La mañana pasó volando entre más charlas y el observar de la entrada a un nuevo territorio. De repente empezaron a aparecer carros de camellos, tractores transportando sacos gigantes de paja embuchados y casi rozando la calzada, vacas, pavos reales, ovejas y perros atravesados en la carretera que apenas se inmutaban al rápido paso de los vehículos. Mujeres con el sari transportando en la cabeza ramas y cestos. En esta región, las mujeres se tapan la cara con una tela semitransparente que sujetan al sari.

Llegamos a Mondawa a las 13h y por 50 Rs tuvimos un guía local que nos enseñó las casas de los comerciantes, llamadas havelis, decoradas durante la ruta de la seda. La gran mayoría están en muy mal estado de conservación pero son realmente preciosas. Paseando por las calles de este pequeño pueblo, los camellos y los burros hacían presencia compitiendo en número con las vacas sagradas que transitan tranquilamente.

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Nos dio consejos muy valiosos y nos llevó a un restaurante local por el que comimos fenomenal por 200 Rs en total. Nos llevó a la tienda de su tío, un pintor que tenía souvenires varios. Compré, no si antes consultar a Raúl si podía llevárselo a España. Compré a pesar de que estaba convencida de que no lo haría, no pude evitar la tentación. En la tienda fue gracioso porque fue la primera vez, de muchas otras, que nos tomaron como matrimonio. A partir de ahí, hemos tenido coña para rato eligiendo la figurita adecuada que conjunte con las cortinas del salón.

Tip nº 65: Dabhá, comer barato en India

Si no te quieres gastar mucho dinero en comer y quieres hacerlo bien, pregunta siempre donde hay un Dhabá. Se trata de sitios locales donde puedes comer a muy buen precio. Ahora bien, estamos en India y aquí los sitios son como son. No esperes higiene absoluta, un baño occidental y un menú traducido en inglés. Eso sí, el trato siempre es muy cordial y  son muy rápidos con el servicio.

Tip nº 66: el precio justo 

Muchas tiendas te pretenderán cobrar más por el simple hecho de ser turista. En las pequeñas tiendas donde compras el agua o snacks, los productos no están etiquetados. Si quieres saber el precio justo de las cosas, mira con detenimiento el envase. Absolutamente en todos, debe aparecer grabado el precio en rupias. Muy útil por ejemplo, con el tabaco. Paga lo que está establecido en el envase.

Al encontrarnos con el conductor a la hora establecida, las tres de la tarde, empezó a hablar en hindi con el guía local de Mondawa. El guía nos traducía. Ashok se encontraba mal, había devuelto varias veces y no podía seguir la ruta. “¿Habéís reservado hotel en Bikaner?”, nos preguntaban. Sí, respondimos. “por favor anularlo y quedaros aquí, conocemos hoteles”. Aquello nos parecía raro. No entendíamos porque de repente el conductor, aunque con su mal inglés, no intentaba hablar con nosotros directamente. Raúl les decía que él tenía medicinas y que preferiríamos seguir. Al mismo tiempo, no sentíamos mal de forzar a Ashok y el guía, que minutos antes nos había dado tan buenos consejos, nos decía que era un buen hombre. Se me encendió la bombilla y les explicamos que no había ningún problema si teníamos que quedarnos allí pero entonces el tour que habíamos  contratado, tenía que acabarse un día después. El conductor dijo que ok pero llamamos al hotel con el que contratamos el servicio, para explicarle la situación. Tras hablar con el conductor, en menos de 5 minutos ya estábamos de nuevo en marcha. No paró ni una sola vez a devolver. Tampoco se le veía mala cara. A media tarde, nos volvió a parar en un sitio caro. No tomamos nada ni fuimos al baño. Estábamos ingiriendo dosis de paciencia. Entre tanta anécdota y pelea para evitar pagar y pagar comisiones, Raúl y yo seguíamos hablando, riendo y disfrutando de la carretera y los pueblos por los que pasábamos. Teníamos claro que aquello iba a ser todo un reto. El sol cayendo sobre el gris asfalto en medio de ramas verdes era un cuadro precioso en el que nos quedamos embobados.

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La última hora y media de ruta fue complicada. Ya de noche la conducción se volvió muy peligrosa y los adelantamientos, casi un suicidio colectivo. Raúl avisó a Ashok de una vaca parada en mitad de la carretera que no había visto. Por muy poco….Siguiente resolución, madrugar más y evitar el coche por la noche. Llegamos a nuestro hotel de Bikaner, Hotel Harasar Haveli. Era precioso con un buen servicio por tan sólo 600 Rs. Tenía un coqueto restaurante en la terraza iluminado con candiles. Desde el pasillo veíamos terrazas con edificios llenos de vida familiar en la intemperie. Cenamos entre risas y confesiones…teníamos carrete para rato. Fuegos artificiales coronaron dos días de viaje maravillosos en lo que de nuevo, disfruto de unos días de vacaciones y una inmejorable compañía.

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