Nepal: Después de la tempestad, viene la calma

Aeropuerto Tribhuvan de Kathmandú,  06:15 sábado 8 de diciembre 2012

La etapa en Nepal se cierra. Estoy sentada en las afueras del aeropuerto. No podemos entrar porque todavía está cerrado. A las 9 de la mañana mi vuelo sale. Hago escala en Delhi, Milán y llegaré a Madrid a las 22h tras 17 horas de viaje.

El miércoles 5 de diciembre, cogimos un bus a las 7:30 en Pokhara para dirigirnos a la capital. Llegamos a Kathmandú después de 7 horas de botes continuos. Eso unido con la rapidez del desayuno, el cansancio del trekking y los nervios inconscientes de volver, pusieron mi estómago de cabeza. No comí. Intenté pasar unas horas aguantando el tipo pero finalmente, a las 6 de la tarde, estaba metida en la cama del hotel Om Tara Guesthouse con diarrea, dolor de estómago y fiebre. Ya no pude reírme más de la flojera de Raúl. Después de 5 meses, había sucumbido. Me desperté varias veces pero a partir de las 10 de la noche, dormí del tirón. A la mañana siguiente, me sentí mucho mejor.

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Estábamos alojados en Tamel, una zona de Kathmandú completamente occidentalizada llena de bares, restaurantes, hoteles, cafeterías, ropa hippie y tiendas de montaña. Nada que ver con el Nepal que habíamos atravesado. Desayunamos en un sitio de categoría y nos fuimos de compritas. No conseguimos gran cosa a parte de un montón de especias masala. No dejamos de celebrarlo tomando un filete de carne con patatas, en un sitio al que Raúl fue, en el 2003. No me explico como podía recordarlo y como fue capaz de encontrarlo.  Carne roja normalita pero era el primer filete en 5 meses. Muy rico y mi cuerpo respondía a cada bocado con escalofríos.

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Por la tarde, Raúl quedó con Mariano. Lo conoció al acabar el trekking del campamento base del Everest, antes de encontrarnos en la India. Es un madrileño de unos 40 años, gafapasta, con look de mosquetero y músico. Después de vivir muchos años en Nepal, está realizando una interminable mudanza a España. Todos los madrileños con los que se encuentra, le ayudan a traer parte de sus cosas cuando les queda kilos de equipaje libre. Yo quería aprovechar para comprar y no le acompañé. Paseando por las calles, recuperé la sensación de soledad y libertad que me ha acompañado durante tanto tiempo. En cierto modo, añoraba esos momentos y los disfruté perdiéndome por calles y plazas. Me encontré con un joven chico procedente de la India. Me enseñó preciosos templos hinduistas, budistas y casas que llevan cientos de años con la madera crujiendo. Al acabar, el chico me pidió que le comprara comida. Creo que un nepalí no lo hubiese hecho. La gente nepalí es un regalo cuando has pasado 2 meses en India. Son simpáticos, sonrientes, amables, serviciales…¿será por qué comen carne? En fin, cosa a investigar….

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Volví al hotel. Hablé con María por skype para cerrar los horarios de mi vuelta. La primera vez que hablábamos en 4 meses y era precisamente, para organizar mi recogida al aeropuerto. Al poco, llegó Raúl y nos fuimos a cenar a un sitio muy bonito. Espaguetis carbonara y ensalada. Me estaba preparando sin querer para la vuelta. Es curioso porque cuando decidí volver a España, empecé a apuntarme cosas en la mano para no olvidar. Empecé también a acordarme de los sueños. Llevaba meses sin estas costumbres que me han acompañado desde siempre. Kathmandú era el puente a la civilización y al frío invierno que me esperaba en Madrid. Llevo casi 3 días con la misma ropa. Mi mochila está repleta de ropa de verano y aquí hace frío. Llevo continuamente las 3 ó 4 prendas de abrigo que tengo, al igual que en el ashram. Menos mal que María ha prometido dejarme algo de ropa para sobrevivir un par de días en Madrid antes de que llegue a Almansa. Qué ganas de ponerme unos vaqueros!

Ayer por la mañana, lloraba abrazada a Raúl por los miedos, las dudas y las incertidumbres. Volver a un país civilizado, a encontrar a mi gente, a confrontarme con mi pasado, lugares, conversaciones, sensaciones…demasiado rápido todo para hacerme a la idea.

Aunque la nube estaba en mi cabeza y mi alma, la mañana la pasamos haciendo compras para nuestra gente. Comimos momos y arroz en un sitio local. El lugar era para verlo. La decoración, las cortinas y la barra parecían de la casa de la abuela. Repuse elementos de viaje para la próxima etapa. Una cuerda fina de montaña, una riñonera nueva, unas sandalias teva de imitación y una mochila pequeña north face, también de mentirijilla. Kathmandú es el paraíso para adquirir ropa y complemento de montaña de imitación de grandes marcas a buenos precios. Por 37€ he comprado la mochila de 20L, con bolsillos para colocar agua, espacio para el saco de dormir y con funda de lluvia incorporada!

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Tip nº 68: mochila pequeña

La mochila de mano, con la que inicié el viaje, la compré en decathlon. Era de 18 litros y por entonces, me parecía perfecta. Es una mochila que he usado en el día a día. En la que transporto el pc y la ebook cuando viajo. La que me llevo a los trekking de 2 ó 3 días. Con el uso, me di cuenta que era muy limitada en los trekking porque normalmente, tienes que transportar tu agua. Mejor llevar una mochila pequeña, pero que tenga bolsillos externos en los que meter botellas de agua o cualquier otro elemento que haga falta (unas chanclas, por ejemplo, para evitar llevarlas colgando en una bolsa de plástico!).

Tip nº 69: cuerda de tender

Es algo imprescindible para el mochilero. Yo salí de casa con cuerda de tender. Parte la utilicé para ampliar la funda de la mochila. En Tailandia compré dos cuerdas para sustituir la gastada. Era una cuerda gorda. A pesar de que pesaba poco, ocupaba mucho espacio. Una de ellas, la perdí y la otra, me la quitaron en Pokhara mis vecinos pilotos. Raúl me recomendó que me comprara una cuerda de montaña fina. Es una gozada porque es muy resistente, la puedes enganchar a cualquier sitio porque es muy fina y no ocupa nada a pesar de que compré 6 metros.

He interrumpido la escritura durante una hora para poder pasar 3 controles militares, un rápido checking y un control de inmigración irrisorio en el aeropuerto. Es increíble la cantidad de controles que tienes que pasar antes de poder embarcar en tu avión. No me puedo ni imaginar cómo serán los de EEUU. Me queda una hora por delante en la sala de espera para poder embarcar y terminar esta última entrada del viaje.

El viernes por la tarde, a las 16h, habíamos quedado con Jerôme. Un chico belga de 29 años, lleno de rastas, altísimo y con ojos de buena gente. Raúl lo conoció en Kathmandú, también cuando acabó su trekking. Antes de la cita, preparamos todas nuestras cosas. Abandoné la funda de la mochila, la riñonera y la mochila pequeña en aquella habitación. También se quedó allí, una pasta de dientes que compré en Kathmandú, roja realmente asquerosa.

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El encuentro de los chicos fue espectacular. Raúl abrazado de piernas y brazos a aquel grandullón sonriente. Ya los tres, nos fuimos a ver la puesta de sol a Swayambunath. Espectacular, buena onda, templos de madera y el rodar de los molinillos de oración con el paso de nuestras palmas. Allí, ya anocheciendo, miraba las decenas de banderas de oración de colores bailando con el viento. Recostada en un muro, mirando el cielo, sentí como mis miedos se volatilizaban con el movimiento de aquellas viejas y expertas telas veneradas.

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Culminamos la tarde yendo a un concierto de flauta y piano en un restaurante pijo francés. Allí, Mariano junto con un chico español de la escuela de música, daban un concierto. La perdida de electricidad, tan común en Nepal pudiendo llegar a ser de 10h diarias, nos libró de tanto empacho. A las 21:30, después de las despedidas, nos fuimos a comprar un bocadillo y una cerveza en un sitio minúsculo. Nos los zampamos sentados en la calle, sintiendo el buen rollo que unía nuestras vidas en aquel instante. Jerôme transmite muy buen rollo y su acento de centroamérica hablando español, no podría ir mejor con sus ojos azules agrisados, su expresividad y su buen corazón. Los chicos aún disfrutarán de unas horas más juntos pero para mí, era el momento de la despedida. Serena, tranquila y sin miedos.

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Un comentario en “Nepal: Después de la tempestad, viene la calma

  1. El chico español de la escuela de música creo que salió en españoles por el mundo!!!! Lo echaron por la tele justo cuando estabais ahí y no me pude resistir a ver ese episodio acordándome de vosotros, jejejeje!!!!! Un besazo amor

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