México: A quien madruga Dios le ayuda

Bus Valladolid – Playa del Carmen 9:00 sábado 20 de enero 2013

Acabamos de coger el autobús que nos llevará a Playa del Carmen. Si el tiempo lo permite, pasaremos unos días disfrutando del caribe. Suelo escribir en los medios de transporte. Esta vez, el destino quiso que mi madre y yo, nos sentásemos separadas para acometer la faena. Estamos rodeadas de locales, musiquita y algo de frío por el aire acondicionado. Nos hemos levantado a las 7, como casi todos los días. No es que durmamos poco. Como mucho, a las 8 de la tarde mi madre está durmiendo y yo,  aguantando el tipo, llego casi hasta las 23h!

Dejé España después de una semana de encuentros maravillosos. Por todo lo que pasó, por fin entendí por qué tuve que volver. Ahora, ya puedo considerar la estancia en mi país, como una etapa más en mi viaje personal.

Tip nº 71: mejoras en la mochila

Apenas ha sufrido modificaciones en esta parte del viaje. He sustituido la funda de la mochila grande que tenía, que ocupaba mucho y que era aparatosa, por una funda para la lluvia. Con la que lleva incorporada la mochila y esta otra, consigo que la mochila queda cubierta para protegerla de las manchas en los medios de transporte. Llevo la cuerda de montaña para tender, un nuevo adaptador de enchufes, unas chanclas, una camiseta interior de manga larga térmica, las converse y unos vaqueros.

El martes 15 de enero en Barajas, junto con mi madre y Raúl, empezaba una nueva fase. Desde que llegamos, empecé a explicarle a mi madre cómo funciona un aeropuerto. El 2 de febrero ella se vuelve sola a España e intenté mostrarle cómo buscar en los paneles, cómo interpretar la información del vuelo y cómo leer los datos que aparecen en el billete. Era un poco cansina, como diría ella, pero pensé que podría serle de utilidad para la vuelta. Nos comimos unos bocatas que preparamos en casa de Raúl y a las 13h, nos dejó solas ante la aventura después de una emotiva despedida. Al poco, se anunció un retraso de 1h en nuestro vuelo. Tuvimos suerte y sólo nos afectó 30 minutos. A las 15:30 ya estábamos en pista.

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Nos esperaban 9h y 50 minutos de vuelo. En algunos vuelos intercontinentales, en los asientos hay colocados unas pantallas que se controlan con mando individual. Hay una gran variedad de entretenimiento. Películas, series, juegos, documentales, etc. Nosotras no las teníamos y nos tuvimos que conformar con una pantalla de televisión que había colocada en el centro del avión. Mi madre iba en ventanilla y alucinaba con las vistas a pesar de que, las del despegue, le impresionaron conforme ganábamos altura. No dormimos nada. Estuvimos todo el rato hablando y comiendo las delicias servidas a bordo. Dimos algún que otro paseo por el enorme avión de unos 400 pasajeros. Aquel bicho era gigante. Los pasillos se llenaban de gente desesperada, piernas adormecidas y ganas de baño.

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Llegamos a las 18:30, hora local. 7 horas menos que en España. Cambiamos 100€ a pesos mexicanos. Nos dieron 13,25 pesos por cada euro. Recogimos las maletas y salimos a buscar transporte para llegar al hotel. En información nos dieron las 3 opciones posibles, colectivo (taxi compartido en una van), bus o taxi. Descartamos la última por el coste, 600 pesos alrededor de 50€. Cogimos el bus ADO hasta la estación central y desde allí, un taxi nos llevó, por 40 pesos, al alojamiento que habíamos reservado, el bed & breakfast Garden. Me asusté al llegar. Una verja verde, cerrada con candado, estaba en el lugar de nuestro alojamiento. El taxista dio una voz y apareció un chico diciendo que aquel, era el lugar que buscábamos. Apareció en escena otra jovenzuela que nos aseguraba que acababa de llegar de viaje y que nos esperaba para el día siguiente. Comprobó en el ordenador la reserva y nos llevó a nuestra habitación de 550 pesos (35€). Estaba situada junto a la cocina común. Eran las 9 de la noche, hora mexicana. Las 4 de la mañana para nosotras. Habían transcurrido casi 17h desde que salimos de casa de Raúl. Estábamos muertas y nos fuimos a descansar después de mandar whatsapp’s a la familia de la hazaña cometida, habíamos cruzado el charco!

Tip nº 72: enchufe universal

En la bolsa mcgyver del primer viaje, tenía un adaptador multienchufe que María me dejó. Se lo devolví en Navidad. Apenas lo había utilizado porque en todos los países que había estado, salvo Malasia, podía enchufar las cosas directamente. En el trekking de Nepal, Raúl aprendió de un electricista cual era el mejor adaptador. Un cable al que se le monta en un extremo un enchufe y en el otro, se dejan los dos cables pelados. Si a eso, le añades un ladrón de 3 entradas, en muy poco espacio tienes el mejor adaptador universal. En el último día, Raúl me montó uno. Menos mal, porque en México los aparatos no se pueden enchufar directamente. Doy fe de que funciona y no saltan chispas cuando metes los cables pelados. Para que queden estables, es mejor poner un poco de cinta americana. Yo pensaba que tenía que utilizar un trozo nuevo cada vez y pensé, poco gano si tengo que llevarme tanta cinta americana. Pero Raúl me dijo que puedo utilizar una y otra vez el mismo trozo, hasta que no pegue, y volverlo a poner en la cinta cuando ya no me haga falta. Así lo hago y estoy super contenta con el invento!

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Nos levantamos a las 9 para desayunar y dar una vuelta por Cancún. Al salir de la habitación, nos encontramos a 3 personas en una mesa redonda desayunando y a un chico que cocinaba. Al poco, entraron 2 chicos más que preguntaron como funcionaba aquello.  El joven cocinero nos invitó a servirnos café o té. En un momento, nos daría una especie de pan frito relleno de banana. Era el hijo de la dueña que esa mañana ejercía de anfitrión. Fue un almuerzo muy agradable con una madre peruana y sus 2 hijos adolescentes y una pareja formada por un alicantino y una argentina. Nos reímos mucho, intercambiamos experiencias viajeras y diferencias en los estilos de vida de cada país. La abuela del alicantino es de Almansa. Los peruanos habían visitado recientemente Buenos Aires. La porteña había vivido en España y voló a México desde Asia. Yo quiero ir a Perú y me muero por pasar unos meses en la capital argentina. Todos estábamos vinculados de alguna manera. Era algo mágico. Después de desayunar, cada uno siguió su rumbo. Ya no veríamos más a la joven pareja que andaban buscando suerte y trabajo en tierras mexicanas. Su objetivo, ganar dinero para seguir viajando. Yo me sentía como pez en el agua y mi madre, se daba cuenta que la locura de su hija era algo más común de lo que pensaba.

Nosotras nos dirigimos al mercado 28, un mercado de artesanías situado apenas 2 minutos del alojamiento. Vimos un montón de tiendas. Cambiamos dinero. En este caso, por 1 € nos dieron 16 pesos. Nada que ver con el cambio usurero del aeropuerto. Pedimos información de tours y a las 12:00, estábamos probando los primeros tacos mexicanos en un sitio local. 50 pesos pagamos por dos de ellos, una botella de agua y una coca cola. Si había alguna duda, no soy nada delicada para comer. A mi me gustaron mucho pero a mi madre, no le terminaron de gustar. Demasiada salsa, algo de picante y un sabor raro en las tortas que utilizan, me decía. México huele a algo que está en todos los sitios, la comida, las calles, los taxis…reflexionaba mientras andábamos, Hasta en el jabón de manos! Me recuerda a Victoria Beckam cuando decía que España olía a ajo!

Hacía mucho calor y decidimos irnos a la playa. En el centro no había mucho que hacer. Cogimos un bus para lo zona hotelera y llegamos a una maravillosa playa. Alquilamos 1 sombrilla y 2 hamacas por 150 pesos con derecho a regaderas y baño. Así nos dijeron ellos cuando pagamos. Nos morimos de risa al enterarnos que se referían a las duchas. Había bandera roja y no nos atrevimos a meternos en el agua algo fría pero la tonalidad del azul del mar y la blanca arena, eran preciosas. Allí teníamos unos camareros que nos cuidaban como reinas. Y unos vecinos que daban mucho juego. Nos zampamos 2 hamburguesas que quitaban el hipo. A las 16:30 se ocultó el sol tras un gran edificio y decidimos regresar.

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A las 18:30 ya es completamente de noche y queríamos pasar antes por el super. Al día siguiente iríamos a isla mujeres a pasar el día.  Compramos provisiones varias y flipamos con la cantidad de bollería casera que hay. Te la sirves con unas pinzas en grandes bandejas de acero. Después, pasas por un mostrador y te las empaquetan en bolsas de papel con su respectivo precio.  Mi madre también se quedó asombrada del tamaño de los plátanos que vendían. A mi me recordaban tanto a los que comía en Camboya…

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Llegamos a casa a las 18:45 y a las 19:00, mi madre ya había cerrado el ojo. La dejé dormir hasta las 21:00 mientras yo escribía. Cenamos una piña riquísima que habíamos comprado y ella regresó a dormir. Yo me quedé hasta las 12 de la noche actualizando el blog y me acosté. Nos levantamos a las 8. Preparamos los bocatas para el picnic. La propietaria del hostel había preparado unas tortitas que desayunamos mientras nos contaba los problemas que había tenido con la familia peruana a la que no veríamos más. Salimos y vimos el cielo completamente nublado. Hacía un poco de fresco. La del alojamiento aseguraba que levantaría. Poco convencidas, cogimos un taxi por 30 pesos que nos llevaría a puerto Juárez para coger el ferry. Llegamos y la lluvia comenzó a aparecer. En 30 minutos, nuestro ferry embarcó con gotas azotando las ventanas. Adios a la visión de peces y tortugas desde la cubierta del barco. No pudimos ir a la playa pero pasamos un día paseando, cogiendo conchas y visitando una granja de tortugas maravillosa. Nos reímos mucho de nuestra mala suerte y yo osé a asomarme a la playa norte. Casi me muero de frío y me calé hasta los huesos por hacer un par de penosas fotos. Adiós también, a la maravillosa puesta de sol que nos habían recomendado desde allí. Nos comimos el bocata de chorizo y pavo esperando el barco junto con otras tres pasajeras jubiladas francesas y amigas.

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A las 6 de la tarde, ya estábamos en la habitación. Habría que hacer un concurso para saber qué taxi era peor. Todos son muy viejos y los asientos suelen estar recubiertos con algún tipo de sábana. Las tarifas que te aplican cada vez, son distintas y tienes que pelear para que te cobren el precio mexicano. Miramos donde alojarnos en Valladolid así como la información del autobús para llegar. Con el mal tiempo, mejor aprovecharíamos para ver cosas en el interior del país y ruinas mayas. Este horario, 7 horas menos que en España, facilita menos la conexión con España que cuando estaba en Asia. Cuando regresas al hotel por la tarde, en España es madrugada y nadie está disponible para hablar. Me gustaba más el horario de oriente. Cenamos algo de fruta, preparamos las maletas y nos fuimos a dormir. No eran más de las 10 de la noche. Nos levantamos a las 6:45, desayunamos cereales, cogimos un taxi y a las 7:50, llegábamos a la estación. Tuvimos suerte. La información web que habíamos mirado era errónea. Llegamos a tiempo de coger el bus para Valladolid que salía en tan sólo 5 minutos. Nos ahorramos tener que esperar dos horas y media allí para coger el siguiente.

Tras 3h de carretera, llegamos. Fuimos en busca de alojamiento. El hotel Zaci, el que recomendaba un montón de foros y la guía, se salía de presupuesto, 525 pesos. Ellos mismos, nos mandaron a un hotel cutre situado en frente del primero, por 200 pesos. Creo que ha sido el peor sitio en el que he estado. Estaba más o menos limpio pero era viejo, destartalado y la cama era horrible. Se te clavaban los muelles, las almohadas olían a humedad y mi madre no me dejó ver la sábana de abajo. La pared del baño no llegaba hasta el techo. La intimidad era mínima. Teníamos tele pero fuimos incapaces de poner en marcha aquella antigualla. Hasta lavar la ropa en el lavabo, era toda una prueba de fe. En la puerta del hotel, un hombre sentado con una gallina daba la bienvenida a aquel triste y pintoresco lugar. En la entrada, dos mecedoras antiguas y un traje de novia amarillento terminaban de dar empaque al sitio. Al menos, los chicos de la humilde recepción eran simpáticos y serviciales.

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Tip nº 73: tapón para lavabos mexicanos 

Si eres tu quien va a lavar la ropa, mejor tener un tapón para el lavabo y poner la ropa a remojo. Es necesario si utilizas detergente en polvo que es el que sueles encontrar en las tiendas en formato pequeño. Los tapones que me llevé a Asia, aquí no funcionan porque el agujero es más pequeño. Recuerdo que cuando fui a comprarlos, vi uno en forma de cono que se adaptaba al tamaño. En Asia no era útil porque como en España, el agujero está protegido por alguna tapa pero en México no la tienen y se puede introducir perfectamente ajustándose, supongo, al tamaño del orificio. Tendré que salir de compras para ver si encuentro uno. Mientras tanto, sobrevivo yendo a las lavanderías, 12 pesos el kilo, de nuevo, menos de 1€.

No tardamos en irnos de allí para visitar las iglesias de Valladolid y las tiendas. Valladolid es una pequeña ciudad de casas bajas de colores, de mujeres con vestidos tradicionales y una vida de pueblo típica de esta parte de México. Apenas había turistas y a mi madre le resultaba raro ser el centro de atención en el pueblo. Fuimos a cambiar dinero en un banco. Aquella oficina era para verla. Apenas había seguridad. Era un local pequeño, bastante destartalado, con una ventanilla para el empeño de objetos, otra para las transacciones y dos mesas más en las que los prestatarios esperaban el diagnóstico de la máquina para saber si podían conseguir su dinero. Empezamos a ver palabras que no entendíamos. Supusimos que la tienda de abarrotes, era como las antiguas tiendas de ultramarino en España. Mi madre rezó para que no le pasara nada durante su estancia en México cuando vio el hospital general de Valladolid.

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Comimos en un buffet por 99 pesos cada una. Allí volvimos a confirmar que la comida mexicana no está hecha para mi madre mientras yo probaba los distintos tipos de tacos acompañados de agua de jamaica. Por la tarde, nos fuimos a ver Dzitnup 2 cenotes preciosos. Pagamos 250 pesos por las entradas de las 2. No nos bañamos por falta de bañador. Pensando que con el mal tiempo haría frío, no nos los pusimos. Qué equivocadas estábamos! No había apenas gente y en las cuevas hacía calor. Mi madre se portó como una valiente bajando las innumerables escaleras escurridizas.

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Volvimos en taxi y fuimos directamente al super. Prepararíamos un picnic para la excursión de Chichen Itza del día siguiente. Llegamos a nuestra triste habitación y aunque era la feria de Valladolid, cenamos algo de fruta, cereales y nos fuimos las dos a dormir. A las 7 desayunamos, preparamos la comida y nos fuimos a coger el colectivo a las ruinas mayas que son maravillas del mundo. El colectivo es una van que recoge a gente y la deja en distintos puntos del camino. Es el transporte público que se utiliza aquí para moverse a sitios cercanos fuera de la ciudad. Llegamos a las 10 allí y nos regalamos con el paseo entre sol y sombra. Las entradas de las dos casi nos costaron 400 pesos y descartamos la opción del guía que costaba 650 más. Empecé a comprender que esta parte del país era muy cara para el presupuesto que habitualmente manejo yo.

Tip nº 74: excusiones en la Riviera Maya

Todo en la riviera maya es muy turístico. Eso implica que los precios que hay que pagar para todo, son altos. En termporada alta, todavía más. La mayoría de los hoteles y las agencias, venden tours a los distintos sitios turísticos. El precio de la excursión varía entre 40 y 60 euros. Hay algunas que pueden llegar a 100€. Evitad comprar las excursiones por pack si queréis ahorrar dinero. Todas ellas se pueden hacer por cuenta propia sin ningún peligro. La única que aconsejo que se haga por tour, es una que incluye Valladolid, Chichen Itza y cenotes. Si cuentas el transporte, la entrada y coges un guía, te sale más caro que el tour. La visita en Chichen, merece la pena hacerla con guía porque te enteras de muchas cosas de la espectacular civilización maya que ocupó este terreno desde el 2000 a.C hasta el 1500 d.C.

Tip nº 75: Fotos para evitar cargar con la pesada guía

La guía de México tiene 1.000 páginas. No se por qué no se me ocurrió antes hacer esto porque me habría evitado cargar siempre con la pesada guía de la India. Cuando teníamos que ir a Chichen Itza, llevaba en la mochila el picnic con el agua, ropa de abrigo por si acaso, protección solar, gafas…En fin, que pesaba un montón. No me vi transportando también la guía. Lo que se me ocurrió en ese momento, fue fotografiar las páginas que correspondían al lugar que íbamos a visitar. Con el zoom se leen perfectamente. Sólo comprobad antes de salir que las fotos están bien tomadas para visualizar perfectamente toda la información cultural y útil que necesitas para visitar el lugar. Evitas así acarrear casi 2 kilos de papel.

No había mucha gente y eso nos permitió descansar y comer sentadas sobre piedras milenarias. Avistamos las primeras iguanas camufladas en el paisaje. Este, sácanos de dudas, ¿es una iguana o un lagarto?. Mi madre compró unas máscaras preciosas a artesanos de la zona y unos cuantos regalos para casa. A las 13:30  salíamos del recinto desbordado de gente. Los autobuses de las agencias abarrotaban las ruinas. Nosotras salíamos después de ponernos el bañador para ir al cenote del Ik Kil a 3km de allí. En el baño, tuve que cargar con todas nuestras pertenencias mientras mi madre hacía uso del mismo. Una preciosa foto inmortalizó el momento. Nos llevó un bus ADO por 7 pesos cada una. Dejamos las cosas en una taquilla y bajamos a un nuevo paraíso natural. Mi madre me sorprendió animándose a bañarse allí cuando el acceso al agua no era sencillo. Nos pasamos 20 minutos maravillosos entre aguas frías, raíces de plantas, paredes de piedra llenas de musgo y una cavidad enorme que nos abrazaba. Aunque había mucha gente haciendo fotos, en el agua estábamos solo unos pocos privilegiados.

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Salimos, nos secamos, merendamos un plátano y fuimos en búsqueda del transporte de regreso. Nos costó 1h de espera. Un bus, que pasó rápidamente, ignoró nuestra señal. Menos mal que un colectivo tuvo la amabilidad de transportarnos. Esperando allí, al borde del atardecer, me empezaba a inquietar por nuestra seguridad para volver al alojamiento. Cuando nos recogió la van estaba llena. Afortunadamente a tan sólo 5 minutos más, se bajaba gente que dejaba libres asientos. Al llegar, fuimos a comprar los billetes de bus para las 8:30 a playa del carmen, nuestro siguiente destino. Cenamos las sobras que teníamos en el hotel y nos metimos a la cama a las 19:30. En mi vida me había acostado tan temprano. Allí tumbadas, empezamos a hacer bromas sobre aquel terrible lugar y hasta las 20:15 estuvimos las dos a carcajada limpia mientras me clavaba los muelles en la espalda. Mi madre se clavaba mi mochila en sus pies intentando tenerlos en alto par que se le deshincharan. Mi saco la protegía de la mugre y el frío del lugar. Pero aún así, nada consiguió apagar nuestras voces y nuestro estado de ánimo.

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