México: Campeche, tierra de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros

Estación ADO bus Campeche, 23:55 miércoles 6 de febrero 2013 

Estoy esperando el bus para Palenque, sale a las 00:30. Según unos chicos, que conocí en Campeche en mi hostal y que cogieron el mismo bus el día anterior, llegaré a las 5:30 de la mañana. Dudo que encuentre un sitio bonito donde ver amanecer pero sin lugar a dudas, veré nacer el sol un día más.

Campeche tiene 200.000 habitantes. Es una ciudad amurallada que alberga casas bajas en tonos pasteles y un malecón lleno de vida deportiva y parejas que ven el atardecer. Aquí se practica mucho deporte. En cada rincón encuentras canchas llenas, campos de fútbol ocupados y pequeños gimnasios. Animada por el ambiente, participé en una sesión de zumba e hice yoga con Lalita Ji, la instructora del ashram de India, gracias al dvd que me compré. También se respira cultura con diversas salas de exposición, galerías, bibliotecas y centros culturales. La calle 59 está repleta de esculturas de bronce preciosas.

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Con la llegada de los conquistadores españoles, Campeche se convirtió en el puerto comercial más importante de la península de Yucatán. Por ese motivo, fue blanco de continuos ataques piratas. La muralla se construyó para defenderla de los mismos.

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Llegué a Campeche el domingo 3 de febrero a las 14:00. A punto he estado de cancelar mi billete de bus para quedarme por un tiempo en esta tranquila ciudad. Tal vez sean las ganas de establecerme en un lugar o tal vez, las ganas de tener una rutina pero esta ciudad, queda anotada para posibles planes futuros. Veía por todos los sitios señales para quedarme aquí un tiempito. Clases de salsa por 10 pesos. Todos los días 2h de clases gratis de zumba (disciplina fitness de origen colombiano) en el malecón. Una piscina donde nadar. Un  par de carriles peatonales junto al malecón donde patinar. Clases de teatro en centros culturales. Cine. Atardeceres preciosos en los que el sol se apaga hundiéndose en el mar. No me perdí ninguna puesta de sol mientras estuve aquí. Una comida estupenda. Un agitado y verdadero mercado donde venden fruta pelada y masa preparada para hacer tortillas. Un montón de carteles de se busca empleado. El instituto tecnológico de Lerma, donde me veía trabajando con bata blanca como Eva! Rico pescado y la playa a 30 minutos. La plaza central es muy animada con música y bingo por las tardes. Me veía perfectamente haciendo de payaso entre la multitud. La gente aquí es bien linda. Después de los días que he pasado en Campeche, descarté de forma inmediata volver a Playa del Carmen.

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Nada tienen que ver los precios de aquí con los que me encontré en la riviera maya. Mi presupuesto de 30€ (alrededor de 500 pesos) puede reducirse a 300 si no viajo. Lo más caro es el transporte. No hay tren y los billetes de autobús, son igual de caros que en España. Comparado con el resto de las cosas aquí, una barbaridad!

El alojamiento que había reservado desde Cancún, el hostal pirata, me encantó desde que entré. 120 pesos en habitación compartida con desayuno básico incluido en el precio. El sitio estaba limpio, tenía cocina y sala de tv que nunca vi y un personal amable. Salvo una noche en la que estuve acompañada por una francesa, el resto tenía el cuarto de 8 personas para mi sola. Todo un lujo.

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No he hecho gran cosa aquí, pero me sentía muy bien. La mayoría de los viajeros se quedaban un día a lo sumo dos pero yo me quedé enganchada a esta ciudad. He paseado por sus fuertes y baluartes. He callejeado encontrándome maravillas como el instituto campechano o la antigua iglesia de San Jose. He recorrido de arriba abajo el infinito paseo del malecón junto al mar. Allí me encontré ayer con el señor Candelario de 73 años. Platicamos mientras su hija de 52, daba clases de zumba a un montón de señoras, jóvenes y niñas con pañuelos de danza de vientre enfundados en su cintura, mientras movían graciosamente las caderas. Imaginaros a 30 mujeres de todas las edades y tipos bailando al aire libre así, una pasada!

http://www.youtube.com/watch?v=Vf0q6qtThF4

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Candelario es un hombre tremendamente religioso, que estudia la biblia, con 3 hijas maravillosas y una mujer increíble. Así se define él. Es confiado. Me dio de detalles de la economía familiar y su situación personal. Nació en una familia muy humilde, vendía las tortillas que su madre cocinaba. Fue capitán de barco, boxeador profesional y se jubiló trabajando en la eléctrica mexicana. Al día siguiente, me uní al timbrar de las lentejuelas de los pañuelos. Al acabar la sesión de zumba completamente sudada, me despedí de Candelario. Un hombre del que aprendí muchas cosas, que consiguió emocionarme, me erizó la piel con sus historias y me deseo buen viaje con una hermosa mirada paternal.

Mientras paseaba, he visto vías de tren abandonadas que aún son propiedad federal. Es curioso salir de casa y encontrarte con la vía férrea llena de hierbajos en la puerta. Aquí usan unas bicis que delante llevan incorporado un carro. A veces suben personas ahí, pero normalmente, las utilizan para desplazar carga o están adaptadas como tiendas ambulantes. He cogido el bus local que aquí llaman camión y a los colectivos de Playa, los llaman combi. En uno de ellos, me crucé con 2 jóvenes payasos muy bien caracterizados pero con una interpretación mediocre. Su forma de ganarse la vida, en vez de robar, anunciaban a voz en grito en el momento de pedir la colaboración del público. Salieron encantados con los 5 pesos que les dí. Cuando subes en el bus puedes parar en cualquier sitio, todo es una parada posible pero no hay botones ni campanas para indicar al conductor que pare. Al poco, me di cuenta que tienes que vociferar a gripo pelado la palabra “baja” si quieres que el bus se detenga. Yo no suelo conocer la parada donde gritar así que les pido a los conductores que me avisen. Un día, uno de ellos se despistó y me dio una vuelta gratis de 40 minutos donde conocí otro México. Los alrededores pobres, de chavolas y casas descascarilladas pero siempre, llena de sonrisas de la gente.

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A pesar de que aquí se celebra el carnaval, ningún día me animé a acercarme a la carpa que habían montado con actuaciones musicales y coronación de reyes y reinas.

Me he adentrado en la historia maya visitando Edzná, un asentamiento importante en esta zona y el museo del fuerte de San Miguel. Las ruinas fueron una maravilla porque apenas había gente y la ausencia de vendedores, hacen del paseo una delicia. Es increíble como este sitio está tomado por las iguanas. Las ves por todas partes y el sonido de las hojas secas cuando se desplazan, te mantienen alerta e incluso te asusta cuando te pierdes por la maleza y las piedras. Increíble es uno de los primeros paneles informativos que puedes leer al llegar al lugar. En él se afirma que los mayas no fueron auxiliados por seres extraterrestres! En el museo, aprendí que los enanos y los jorobados se consideraban criaturas sagradas. Estaban situados entre los dioses y los humanos y eran reclamados para sacrificios. También lo eran la gente con malformaciones o los estrábicos. Tanto, que a veces forzaban la generación de las mismas. Como cambia la vida y los valores.

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En el fuerte de San José, al otro extremo del de San Miguel, me encontré con un bonito museo pirata, el primero que veía en mi vida. Tuve muy presente a María y al Joan viendo la historia de las embarcaciones. Los únicos piratas que quedan ahora, ladrones de pescado, son los pelícanos que sobrevuelan la ciudad a todas horas y ocupan los botes en el mar. El fuerte de San José está situado en un cerro con una vista bonita. Por primera vez, vi como los manglares (vegetación típica de la costa) hacen de frontera con el mar. La zona que lo rodea es muy humilde. Todo lo contrario que las cosas que encuentras dirigiéndote al fuerte de San Miguel, adosados, casas y restaurantes de lujo.

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He probado por primera vez en mi vida la guayaba, pero no me gustó. No encuentro gel para ducharme, tan solo pastillas de jabón que detesto. Así que he decidido sólo usar champú. Todavía no me atrevo con los snack con jalapeño (pimiento picante) pero algún día tendré que intentarlo! El jalapeño se ha convertido casi en una obsesión. Cuando veo trozos pequeños verdes, me temo que no podré comer lo que me he comandado. Aún así, me he deleitado con la comida. Pibipollo, tortillas de maíz rellenas de pollo desmigajado y cebolla. Es un plato típico campechano. Empanadas de cazón y pollo también con tortillas de maíz que una familia mexicana tuvo la gentileza de invitarme en el mercado. Tortilla de camarones en la palapa del tío fito. Era como una especie de lasaña de gambas y virutas de tocino, todo ello servido sobre una torta de maíz. Una bomba vamos.

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Ha habido también encuentros con gente. Yann un francés, creo que de mi edad, que le apasiona el español y que ya ha viajado por aquí. Me dio muy buenas recomendaciones y si el karma quiere, me encontraré con él en Palenque. Arturo, un mexicano de Mérida, apasionado del zodiaco, que viene a esta ciudad para recibir quimioterapia. Ya empieza a detestarla, razones no le faltan. Alex un australiano de 35 años muy raro, mal educado, que practica yoga y meditación pero es un juerguista. Las pocas horas que pasé con él me transmitió muy mala onda. Candelario el viejito pincha disco de la clase de zumba. Alberto, un chico de 19 años que trabaja por las tardes en el hostal pirata, estudiante de ingeniería. Me hizo una foto porque soy la primera mujer que conoce que lleva converse y sabe lo que es android! David, un extremeño que se olvidó de la tarjeta en casa y ya estaba gastando el efectivo que trajo. Greg, un belga que en tan sólo 2 meses aquí habla un español increíble. Me decía que a mi le costaba entenderme porque hablaba muy rápido. No me extraña, incluso muchos españoles tampoco pueden! Así que tengo un nuevo reto para este viaje. Hablar más despacio sin que, a mí, me parezca que lo hago a cámara lenta. Nos intercambiamos contactos y gracias al wifi y a facebook, Greg me reservó una cama en la habitación común de chicas, 100 pesos, de un sitio llamado Yaxkin Hostel en Palenque, donde él y Yann se alojaban. Es una maravilla la tecnología.

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Hace unos días me empeñé en que me gustaría estar desconectada de España, como lo estaba en Asia. La razón era que sentía apego a recibir mensajes y noticias continuamente. Cada dos por tres estaba conectada y buscando señal disponible. Me creaba ansiedad y maldije que la conexión fuera tan buena en esta parte del mundo. Pero un día hablé con Raúl, mi madre y whatsappeé con amigos. Me di cuenta de lo feliz que me hacía estar al lado de mi gente. Me di cuenta de algo muy simple, no es malo estar conectado.  Sobre todo porque voy a estarlo con la gente que quiero. Al contrario, es un lujo. Soy yo la que tiene que gestionar esta adicción y disfrutar de la suerte de teneros tan cerquita. No se por qué, es más fácil la solución radical, en este caso no querer estar comunicada, que la de enfrentarse cara a cara con el problema. Otra pequeña lección que puedo generalizar a muchas situaciones.

Estoy terminando de escribir la entrada ya desde el hostal en Palenque. Huyendo de las pulseritas del todo incluido de Yucatán, nada más llegar me han colocado una. En un sitio que cuesta 100 pesos la noche con derecho a cocina! Son casi las 8 de la mañana y hasta la hora del checkin, las 12 del mediodía, tengo que hacer tiempo. Estoy en el jardín sentada en una silla de madera. He visto los primeros rayos del sol en las copas de los árboles, una ardilla revoloteando, el golpear de un martillo, continuos cantos y gorgoteos de pájaros. El olor a tierra y hojas mojadas, ha llegado a mi nariz cuando un chico las removía y recogía con el rastrillo.

Mary en los medios de transporte la música está por todos los sitios. Como me acuerdo de lo que me contabas de tu viaje a Ecuador. Gracias a Silvia, una amiga de María, voy a entrar en contacto con una persona de San Cristóbal de las Casas para hacer voluntariado. Lo estoy deseando. Me gustaría estar en contacto con niños y sobre todo, pasar tiempo con la gente local de aquí. Salí de Madrid con globos y una nariz de payaso. Me descargué videos de cómo hacer figuritas con globos. En Playa me compré 3 bolas de malabares y hasta en la mochila, he encontrado vestuario de clown. Me faltan dos dedos para echarme a la calle.

Hasta ahora la experiencia en México está siendo increíble. Estoy a gusto, no me siento insegura y me tratan muy bien. Lo peor es que aunque no quiera ni lo sienta, a una le entra el miedo en el cuerpo cuando oye las historias terribles de secuestros, raptos para quitar órganos y violaciones que ocurren en este lindo país. Las mujeres se extrañan al decirles que viajo sola y con mirada tierna, me dicen que tenga cuidado y que no ande sola de noche. No podía creer el cartel que me encontré al cruzar una avenida.

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Pero como bien me dijo mi gran compañera África, Montse el miedo no es malo, te mantendrá alerta. Dan ganas de coger las maletas y salir corriendo si no fuera, porque hasta ahora, todo va como la seda.

 

Un comentario en “México: Campeche, tierra de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros

  1. Hola guapa por fin nuevos relatos y fotos. Me encanta el angel vaya chica más guapa. Espero que todo siga igual de bien la verdad es que te veo muy bien. Un besazo

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