México: un pedazito de mí para ellos

Chacahua 7 de marzo de 2013, cumpleaños de Maxi

Las risas de los niños lo trajeron de vuelta. Olía a pescado. Se acurrucó en la hamaca adormilado. Lentamente la cabalgó dejando visible su espalda rombada. Sus pies entraron en contacto con la fría arena. La sensación de humedad despertó un agradable escalofrío que le erizó la piel. Sus ojos estaban a salvo bajo la palma seca de la palapa. Lucía un sol radiante que no alcanzaba a ver. El cielo azul tenue, ausente de motas blancas, se tintaba de pelícanos y aves especiadas. Solitarios algunos y otros, en bandada de iguales. Unos dirigiéndose mar adentro, otros retornando a los manglares de la laguna. El pacífico rugía clamando a gritos tablas y maestros. La espuma blanca de las olas recorría un camino oblicuo que se estrellaba en la orilla. Cientos de cangrejos bailaban al son de su avance. Hipnosis en estado puro. Con dificultad, acompasó sus movimientos para juntar sus pies. Inhaló aire y cerró los ojos. Amarró la brisa en sus pulmones queriendo dejarla ahí para siempre. Se alzó. Sus piernas se resistían a retomar el relevo del peso. Abrió los ojos para ayudarlas a ganar conciencia de su horizontalidad. Balanceándose en la red de enfrente, una preciosa niña negra de rizos prietos y grandes ojos, se zafaba con un boli de tamarindo. Instintivamente un pie viró hacia la orilla del mar. La presión de la arena en las plantas activaba la conciencia de su cuerpo. El agua y la sal hicieron el resto. Allí varado, escuchaba el murmullo de las moradas ahogadas de los pequeños crustáceos. Volteó la cara y vio a la flaca meciéndose en su lugar. Con el corazón lleno, el espíritu libre, la mente inquieta y el alma hambrienta, inició el vaivén de sus caderas. Tenía 17 kilómetros por delante.

Chacahua 19 de marzo 2013, cumpleaños de Cata

Catalina de Gracia y Olé. Cata de México. Catita de Chacahua. En San José dejaste sus montañas, tus niños, tu casa y ese terrible frío, que se te metía en las entrañas. Chacahua te acoge ahora con su pueblo negro, su vida sabia, su pescado y ostriones que bañan tus sentidos con la mar salada, los niños guapos que todo lo tienen porque su juventud proclaman, su inmensa playa, sus olas bravas, sus calles de arena que acarician tus plantas, su laguna calma que mágica se vuelve cuando la luna está tapada. El sol, las estrellas y la luna danzan alrededor de Chacahua. En el centro, Cata; las siente, las comprende, las acaricia y les habla. Susurros claros como sus vestidos de manta blanca; tejidos con esmero, paciencia y horas de calma; envuelven su cuerpo llenándolo de gracia, luz y aura. Caminando por Chacahua, se escucha la voz andaluza de Cata y si Dios lo quiere, las castañuelas bailan en sus manos divinas que leen cartas. Sentimiento cantado o prosa versada, cuentan historias de una vida pasada, de unos vicios malos o de un amor, que todo lo alcanza. Si la encuentras, siéntate a su lado y escucha todo aquello que te regala. Los astros desvelándole quien eres, sus consejos, su visión y su risa franca. Y sus ojos se achican ausentándose mientras canta y pone su ser en todo aquello que habla. Sino la escuchas, búscala en la hamaca, donde reposa tumbada esta gran mujer revolucionaria de cuna española y cama mexicana. Su pelo recogido oculta una larga melena cana, vestigio de su naturaleza de mujer, su sabiduría y su belleza innata. Que un padre nuestro siempre te acompañe y te proteja, mi querida Catalina, Catita, Cata.

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