México: A meserear

Chacahua 

A penas faltaban 10 días para la semana santa cuando Chacahua se convirtió en una revolución. Todo el mundo trabajaba y trabajaba como loco para preparar la temporada. Arreglaban palapas, construían fosos, pescaban para tener reservas para los exigentes clientes, negociaban y compraban mariscos por kilos y recolectaban mangos, limones y caracolas. Me habían dicho que aquel tranquilo lugar, se transformaba en estas fechas. Después de que las hamacas se desocuparan de cuerpos locales, no me cabía la menor duda. La isla se iba a llenar de chilangos procedentes del DF. Ya empezaba a echar de menos el remanso de paz en el que estaba acostumbrada a vivir. Cesar, el sobrino del general y amigo de Cata, construyó una nueva hamburguesería a la entrada de las cabañas de su tío. Inés, movería su puesto de tacos a la plaza donde se encontraba la tienda de abarrotes principal.

DSC06546 DSC06523 DSC06545

Para aquellos entonces, ya había hablado y acordado con Luisa el pago de 20 pesos diarios por el uso de su cocina. Agradecí mucho agarrar mis ritmos de comida y eliminar el picante de mis sencillos platos españoles.    

Luisa seguía preocupada por la situación de su hija. En breve llegaría a Chacahua para quedarse 2 semanas. Desde la reunión pasada, las familias no habían vuelto a hablar. Recomendé a Luisa que forzara una reunión y me mandó con el recado a la tienda. En menos de 1h y con 2 ó 3 idas y venidas, la cita estaba montada. Se verían al día siguiente en la casa de la futura mamá. De nuevo, actué como testigo y notario de la situación esperando y deseando, que todo se arreglase.

El martes antes del jueves santo llegó a trabajar Rocío, la otra mesera. La cocina se llenó de ayudantes. Viri había llegado de Río Grande. Estela era la hermana de Darío, tenía mi edad y dos niños. Lisette de 16 y pelón de 19. Estela y Lisette completaban el equipo culinario. Yo deseaba actividad pero apenas recibíamos goteadas de turistas locales y extranjeros. Eso me permitió pasar tiempo con la familia al completo. Viri fue a la primera persona a la que le tiré las cartas. Estela fue la segunda y por primera vez, cobrando 3 monedas de 5 pesos, se las eché a un vendedor ambulante con mucha pluma. Me había hecho unas fichas de ayuda para la interpretación y mi baraja española, estaba completada a mano. Pensé que alguien me diría algo pero no fue así. Todo el mundo esperaba que las cartas hablasen.

Todavía no sabía mi horario de trabajo. Luisa me decía que ya lo hablaríamos cuando empezase a llegar la gente. Yo sólo necesitaba tiempo para seguir con mis clases de surf y cuando veía un momento tranquilo, me escapaba a las olas. Las propinas nos las repartiríamos entre Rocío y yo. En mi libreta de pedidos me anoté la chuleta de qué significaba las distintas maneras de cocinar el pescado. Al ajo, al ajillo, empanizado, a la diabla, a la veracruzana y a la talla. Luisa me tuvo que explicar varias veces la diferencia entre las entomatadas, las enchiladas y las enfrijoladas. Todas se preparaban a base de tortillas de maíz y a mí me sonaban todas igual.

DSC06519 DSC06522 DSC06542 DSC06515

El jueves, viernes y sábado santo fueron una locura. Todas las palapas estaban llenas de tiendas de campañas. No había ni un hueco libre ni tampoco cabañas. Al principio estaba un poco torpe sobre todo con el tema de preparar el acompañamiento de salsas mexicanas y las tortillas. No sabía que platos llevaban salsa o tortillas. Pero me hice con ello en poco tiempo gracias a Rocío, mi maestra. Ella ya había mesereando con Luisa el año anterior y conocía de sobra como organizarlo todo. Una de las cosas divertidas, era como apodábamos a los clientes en la libreta de pedidos. Muchos de ellos, residían en nuestra palapa. Se les abría una cuenta y se iba sumando todo lo que consumían hasta que decidían liquidar la cuenta pendiente. Una de las veces hubo un mal entendido. Un chico argentino, que no nos caía muy bien, me dijo “me regalarías un café?”. Hice la petición a la cocina y nos hicimos las sordas porque si quería uno, lo tenía que pagar. Volvió a insistir, pero con la otra mesera. Al final, se lo servimos y lo cobramos. Al día siguiente, alguien se asomó a la ventanita de la cocina y dijo, “no me regalarías unas servilletas?”. Me di cuenta en ese instante que muchas personas en México dicen “regalar” en vez de “dar”. Caí en mi error del día anterior y fui a disculparme con el cliente argentino. Lo más duro de servir, era caminar por la arena de la playa con la charola (bandeja) cargada de cosas. Y lo peor de lo peor, atender a la mesa que estaba situada bajo la sombrilla a la orilla del mar. Tenías que pegarte unas palizas enormes para llegar allí, calzar las chanclas para no quemarte las plantas y aguantar a algunos clientes pretenciosos que querían todos los servicios posibles, a precio de saldo.  Lo mejor, el contacto con la gente. Cada vez que aparecía alguien con pinta de extranjero, todos me miraban para hacer de traductora, era mi público objetivo!. Muchos clientes me preguntaban que hacía allí y cosas de mi viaje. Muchas conversaciones, intercambios y pocas propinas, así es la vida de la mesera! Yo siempre había pensado que no podría trabajar de cara al público y, no solo se me daba bien, sino que lo disfruté. Hasta conseguí vender una pulsera de 35 pesos a una de las clientas. 

DSC06524 DSC06526

El miércoles por la noche, la luna salió del mar y se convirtió en una enorme esfera roja. Estaba mesereando y me lo perdí. Viri se colocó un pañuelo rojo sobre la cabeza, buena influencia para la embarazada según su madre. Estaba preciosa. El jueves, un apagón de luz me regaló el momento perfecto. Estaba sentada junto a los hermanos finlandeses esperando el espectáculo. Cuando ya quedaba poco, me fui a tumbarme a la playa. El manto de estrellas era precioso y todo el mundo, a falta de comida, disfrutaba de la calma de la noche y el silencio de las bocinas situadas en una mesa sí, y en otra también. Esa misma noche, llegaron 3 chicos, otros hermanos finlandeses y un belga. No tenían donde quedarse y por ayuda de los otros hermanos, se quedaron en las hamacas de la palapa. Llegó la luz y me puse a trabajar. Los chicos me esperaron para acudir a la fiesta reggae. Iba con 4 hermanos finlandeses, hermanos 2 a 2, chico y chica, Algo muy raro según decían ellos. Suvi y Sami (me costó días aprenderme sus nombres y distinguir cual era de quien) tenían muy buena onda. Él era un rubio casi blanquecino de ojos azules muy guapo que llevaba años surfeando. Ella era alta, atractiva, pura dulzura y desbordaba simpatía. Se iban a quedar unas semanas y me alegré de tener tiempo de compartir con ellos. Yo me quedé hasta la 1. Estaba destrozada y el día siguiente mi jornada empezaba a las 7 de la mañana. Además, por las noches apenas dormía por la cantidad de ruido que había en la playa de voces y música. La playa al completo se llenó de equipos de música, gente borracha y hogueras improvisadas por todos los sitios. Timmy, amaneció al día siguiente tirado en la playa. Había pasado la noche allí y no recordaba el momento en qué desistió encontrar su cabaña. Eso es lo bueno de este lugar, sino encuentras tu cama, te tumbas en la playa y te duermes sin peligro alguno. Al abrigo de las estrellas, el ruido de las olas y algún que otro perro que se acurruca a tu lado.

El viernes era el día del baile local en las canchas de baloncesto. Se podían comprar los boletos anticipados pero desgraciadamente, la luz volvió a desaparecer. Aún así, servimos cenas simples de hamburguesas y tlayudas cocinadas a la luz de las velas. Me dolía el cuello de ver a Luisa y Estela cocinando con una linterna en el cuello con la que agarraban doblándolo de una manera imposible. Ahí, conocí a Pablo y Rebeca, una pareja formada por un español y una mexicana. Vivían en el DF y tenían muy buena onda. Ella era super expresiva y desde el primer momento, nos entendimos. Me encantó el tatuaje que llevaba en su muñeca. El más bonito y elegante que he visto nunca. Se trataba de una frase, especial para ella, escrita en negro que bordeaba su muñeca como si de un brazalete se tratase. Algunos símbolos en color rojo, completaban la composición. Se quedaron muy agradecidos de que les sirviéramos algo de comer pese a las condiciones luminosas y a partir de ahí, mantuvimos el contacto durante los días que estuvieron allí dándome sus señas por si quería escaparme al DF.

DSC06704

Me pasé todo el día calentando a las chicas para que fuésemos al baile. Cuando acabamos, aún sin luz, nos fuimos dando un paseo hasta la cancha. Nos sentamos y charlamos en la oscuridad con los organizadores, entre los que se encontraba el apreciado profe Luis. Y como si de un milagro se tratase, al poco de llegar y estar allí, vino la electricidad. Pese al cansancio, nos fuimos a ducharnos y a arreglarnos. Luisa nos abandonó y Estela trabajaba en el baile sirviendo bebida. Lissette se calzó tacones y era muy graciosa verla andando por la arena de los caminos. No era la única, parece ser que estos eventos son los propios para que los habitantes de la isla, saquen sus zapatos de debajo de la cama. En la puerta me encontré con César, el sobrino del general. Hasta las 4 de la mañana, con muchas cervezas en el cuerpo, lo dimos todo en la pista. Pocos extranjeros vinieron a la fiesta local. La mayoría estaba en la playa pero sí coincidí con una pareja que estaba durmiendo en nuestra palapa. Fue una velada de desquite espectacular. Regresé, no se cómo, sola por las calles arenosas de Chacahua a mi tiendita. El día siguiente, lo intuía duro.

El domingo por la mañana, muchas personas desaparecieron y Chacahua, empezaba a recuperar su normalidad. Por la tarde, se fueron nuestros últimos clientes, 6 amigos exigentes que me dejaron 150 pesos de propina, sus felicitaciones y sus mejores deseos para mi aventura.

El lunes era el último día de Rocío. Se volvía a casa a estudiar y se llevó consigo otra pulsera más. La segunda semana vacacional se presentaba mucho más tranquila y me permitió a seguir aprendiendo el oficio de mesera pero también, el de ayudante de cocina aprendiendo muchas cosas de la cocina mexicana. Luisa lleva gestionando el negocio 20 años y me ha enseñado un montón de cosas, recetas, trucos y lo que es más importante, a reutilizar alimentos, a no tirar y a trabajar con los instrumentos con los que dispones. En esta casa, he probado cosas que nunca antes había probado. Luisa es de Oaxaca y es una experta en preparar moles. Los he comido de todo, de iguana, de mapache, de pollo y de res. Para poder utilizar la iguana, primero hay que carbonizarla en la parrilla para después pelarla y trocearla. Probé huevos de tortuga que un día encontró Luisa caminando de madrugada por la playa. Estaban sabrosos y como no, los acompañamos de salsa picante para darles sabor. También prepara unos tamales riquísimos. De rajas, de nopales, de camarón y de tichindas (mejillones). Estos dos últimos son deliciosos. Hay que tener paciencia y tiempo para preparar tamales porque exigen mucha preparación, más aún, los de tichindas por la limpieza y preparación del molusco. Hemos hecho quesadillas, empanadas de banana, preparado donas (donuts), tortillas de coco y tortas de harina con leche. Para aplanar la masa, utilizábamos una ocurrente idea, una botella de cerveza! Absolutamente todos los días, preparan agua de sabor. De tamarindo, sandía, melón, jamaica…que acompañan con las comidas. También utilizan esta agua para preparar bolis. Con el agua de sabor, van rellenando pequeñas bolsas de plástico que meten al frigorífico para comerlas después o venderlas por 5 pesos. Mis favoritas, sin lugar a dudas, las de coco. Una delicia sentir los tropezones dentro mientras chupas y aprietas la bolsa con ansias. Luisa utilizaba unas hojas llamadas hierba santa que da un sabor muy rico a los platillos. Era la primera vez que saboreaba esta especia y espero poder encontrarla en España para poder reproducir su especial sabor. Lo que peor llevaba eran los horarios. A las 8, desayunábamos un vaso de leche con unas pocas galletas o un bollo. A las 10:30 – 11, desayunábamos un plato fuerte, tamales o mole. A las 16h, hacíamos nuestra última comida del día, normalmente pescado. Si por la tarde o noche te entraba un poco de hambre, siempre podías apaciguar el estómago con los deliciosos mangos. A cambio, yo preparé e intercambié trucos de mis propias recetas. Tortas fritas de mi mami, pollo con cerveza, risoto, puré de patata y carne molida (hachis parmentier), pasta a la carbonara, pollo con coca – cola, hervido de verduras, tortilla de patata….Yo aderezaba todo con una pequeña botella de aceite de oliva, carísima, que me sabía a gloria. La familia entera mezclaba el platillo preparado con sus salsas picantes. Mientras cocinaba, un paño de cocina al hombro y mi papá me acompañaban.

DSC06700 DSC06707 DSC06834 DSC06547 DSC06552 DSC06553 DSC06556 DSC06564 DSC06566 DSC06568 DSC06572 DSC06574 DSC06577 DSC06695 DSC06697

Uno de esos días de relajo, al acabar la jornada, Viri empezó a prepararnos micheladas a las tres abuelas de la casa. Yo solo veía como nos acabábamos las caguamas (litros de cerveza) hasta el punto que me sentí muy mareada. Tras pasar por el baño, tuve que irme a la playa a tomar la brisa del mar. Me senté un rato y cuando me encontraba algo mejor, seguí mi piloto automático y fui a parar a la palapa de Cirilo. Allí había una pandilla de chicos con un guitarrista cantando y animando la fiesta. Entre ellos, estaba Moro, Agustina y Cristina, las dos argentinas amigas que mesereaban con Anita y Leo. No pude aguantar mucho. Resolví irme a la cama y volver a la jarana, al día siguiente. Y allí me planté durante 3 noches más. Conocí a Pako, del DF, profe de arte durante 3 días a la semana y excelente músico el resto del tiempo. También conocí a Destiny, una chica americana de color con una voz preciosa que hacía de segunda voz con Pako pese a que nunca se había dedicado antes a esto. Oscar, o como todos lo llamábamos, el perú, era un peruano surfista que me decía que era la primera dama de Chacahua, la única chica que se duchaba y arreglaba. También estaba Hugo, un chico algo mayor que yo, muy culto y conocedor de la cultura y costumbres mexicanas. Cerraba el elenco, David, un chico muy callado que aparecía y desaparecía en escena por arte de magia. Todas las veladas iban acompañadas de mucha caguama, mota y rolas de canciones. Ojos mentirosos, la puerta negra, vasos sucios, poco a poco, mi razón de ser, malagueña salerosa, han pasado a la banda sonora de mi viaje. A veces, Pako me regalaba alguna canción de Silvio tocada con sus privilegiadas manos y cantada por su preciosa voz. Una de las noches, la que siempre prometía ser la última, hubo despliegue danzil dejando el pabellón bien alto con un baile lolailo que me marqué. Chicas, nada que desmerecer al de Dublín. Con alcohol y sentido del humor, Destiny se convirtió en la hija perdida de Cirilo y nos moríamos de risa, cuando ambos intentaban salir en una foto en la oscuridad, “somos negros”, gritaba con orgullo Cirilo. Noches memorables como aquella en la que toda la panda nos reunimos a tomar y acabamos desnudos en el mar. Alterábamos con movimiento el plancton que brillaba alrededor de nuestros cuerpos. Cerramos la velada secándonos alrededor de las sombras de una hoguera mientras cantábamos.

DSC06612

DSC06616

DSC06617

chicos_guitarra_1 chicos_guitarra_2 chicos_guitarra_3  

Fue una semana en la que socialicé mucho y en la que tuve un mal entendido grande con Moro. Me enfadé mucho con él, tanto, que estuve a punto de irme de Chacahua. Pero la cabeza fría, una charla con Cata que desembocó con el libro “las mujeres que aman demasiado” en mis manos y mi primera puesta de sol en solitario desde el faro, me hizo reflexionar y no dejar aquel paraíso. La vista de Chacahua desde el cerro es muy bonita. Podría parecer que unos dinosaurios podrían aparecer en cualquier momento. Tienes vistas bonitas en 360º. Las lagunas, la enorme bahía de la playa y el pacífico golpeando en el otro litoral. Una especie de neblina cubre los bajos de las palmeras. Las cabañas del pueblo, apenas contaminan el paisaje. Según Yann, que ha visto y viajado mucho, es una de las mejores vistas. Siempre recordaré con las luces apagadas de la noche, desde la playa o la laguna, el haz de luz del faro iluminando y guiando a los moradores isleños.

DSC06490

Un día Jorge, el vecino de al lado, vino a buscarme. A su lado, había un chico que había preguntado por mí. Era Yann! No me lo podía creer! Todavía estaba trabajando. Con una cerveza en la mano y viendo el fútbol, hizo tiempo hasta que terminase yo. Nos pusimos al día comiendo unos tacos con Inés. Allí sentado, lo miraba con envidia pero no podía deleitarme con ellos porque estaba siguiendo mi tratamiento de purga. Desde que empecé a trabajar y comer con la familia a horas intempestivas, mi tripa se había atorado. Ya no me entraba más comida en el cuerpo. Compré en el supermercado unos sobres que me recomendó Luisa. Pasé todo el día yendo al baño y tomando caldo de arroz para no deshidratarme. Luisa, a parte de una buena cocinera, es muy buena cuidadora y tiene remedios caseros que son muy eficaces. El tratamiento, fue mano de santo.  Allí sentados en la plaza, no me podía creer que Yann hubiese llegado. Iba a quedarse 3 días que se convirtieron en 5. Después, pasaría por Sancris para dirigirse al lago Attitlan de Guatemala donde trabajaría de voluntario como profe de inglés 2 meses. Era muy gracioso ver su cara y su malestar cuando le servía. Luisa entendió en seguida que era una persona importante para mí y lo incluyó casi en la familia. Un día preparé una paella gigante de pollo y marisco. Mami, seguí los pasos que tanto te he visto repetir en la cocina de casa. Preparé todo en la estufa pero la paella la cocinamos en la leña. Pese al estrés del fuego desigual, a todo el mundo le encantó. Hasta la servimos a dos clientes que felicitaron a la cocinera.  Otro día, cerramos el chiringuito y la familia al completo, junto con un sobrino pequeño, Yann y yo nos fuimos de excursión a la laguna. Pasamos todo el día juntos. Pescamos o hicimos el intento y nos bañamos en las aguas tranquilas de la laguna. Fue maravilloso y me sentía muy afortunada de poder estar compartiendo con todas aquellas personas. El tiempo que yo trabajaba o que hacía surf, Yann se lo pasaba con su cámara a cuestas para arriba y para abajo haciendo fotos a los surfers y a todo lo que su ojo fotógrafo capturaba. Uno de los días, lo acompañé al faro. Sería mi segunda vez allí. Con una caguama en la mano, cacahuates y soledad, disfrutamos de las vistas y un anochecer tranquilizador. Una tarde sentada en mi hamaca preferida de la palapa, en la que puedo columpiarme como una niña, tuvimos una charla durante horas. Estoy segura que le hizo pensar durante muchos días después.

DSC06559

DSC06560

DSC06562

DSC06592 DSC06599 DSC06610 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-40 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-41 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-43 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-44 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-45 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-46    DSC06579

El destino quiso que se celebrara una pelea de gallos en Chacahua y allá que nos plantamos Yann y yo para observar el espectáculo. Habría peleas durante todo el día. Todos los hombres de Chacahua estaban allí, hasta el profe Luis que era el encargado de la logística de la comida y la bebida. Los dueños ponen una especie de cuchillas curvadas en la patas de los gallos para que se produzcan heridas mortales al luchar. Pesan a los gallos, encaran a varios luchadores para ver si hay rivalidad y eligen a los que se enfrentaran a muerte. En apenas 3 minutos, un gallo cae muerto sobre la tierra.  Tras 3 peleas, sangre, ver in situ como remiendan las heridas de los animales agonizantes para que sigan luchando, mucho ambiente, chelas y numerosas apuestas, abandoné el lugar dejando a Yann en intimidad con su objetivo. Su última noche, la celebramos con medio litro de tequila a palo seco compartido con otros amigos y conocidos de la cabaña de Cirilo. Yann bebió y gastó muchísimo. Lo tuve que acompañar a su cabaña. Vino a increparnos Viko, el único chico que me da miedo en Chacahua. Llevaba días intentando seducirme pero el alcohol y las drogas lo transforman queriéndote alejar de su lado por si las moscas. Educadamente, le dije que estaba bien y pese a que insistió en que acostara a Yann y me fuera con él, finalmente me dejó en paz.

DSC06640 DSC06650 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-79 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-80 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-83 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-86 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-96 Chacahua,_Mexico,_Oaxaca-97

DSC06632DSC06624

Se fue Yann y la vida volvió a la normalidad. Moro se había rodeado de 4 morras (jóvenes), estudiantes aspirantes a surfistas. Como él diría, ya estoy demasiado ruco para esto! Cristina y Agustina eran las dos argentinas meseras. Lucía, era otra argentina que estaba alargando lo imposible su estancia en Chacahua. Yo cerraba el cuarteto. Nos reíamos rememorando las frases del profe, frases que han quedado grabadas en mi cuerpo y en mi mente. “Rema! Recio! Párate! No te agüites!”. También lo han hecho momentos especiales haciendo surf. El día que dejamos la orilla para meternos más adentro experimenté tanto miedo por el poder del agua, que estuve a punto de abandonar. Le explicaba a Moro que a parte del surf, en mi caso, tenia que aprender a desenvolverme en un medio así. Cuando vaya al mediterráneo voy a pensar que estoy en una balsa de aceite. Allí, Moro ya tenía su tabla y no me aventaba (empujaba) más, paso 1 superado! Otro día, en las que las olas no estaban grandes, no metimos hasta el break point. Fue increíble estar en la cresta de olas de metro y medio. Aunque no conseguí pararme, me divertí mucho y sentí verdadera adrenalina al estar tan arriba con la tabla. Otro día, me llevé un par de sustos que me hicieron recordar que siempre hay que tener respeto al mar. Una ola me tragó y me revolcó. Sentí lo que Moro me había explicado tantas veces. No saber donde tienes la cabeza y donde los pies, La incapacidad de saber qué hacer para salir a la superficie. Ese mismo día, las olas de salida chocaban con las olas que rebotaban desde las orilla. El resultado es que a mitad del mar, las olas que circulaban en sentido contrario, chocaban generando un gran alboroto de agua. Me caí y a pesar de que me quedé los segundos de seguridad bajo el agua, cuando salí a la superficie, una ola que regresaba me aventó la tabla a la cabeza. Por fortuna, el golpe no fue grave pero después de los dos sustos, decidí dar el surf por acabado con las pulsaciones a mil y temblajera de piernas. El mejor día, fue aquel que conseguí agarrar 7 olas haciendo rai’s largos. Una gozada y un subidón enorme.

También hubo hueco para practicar y aprender artesanía. Esteban, un francés de 25 años de padre mexicano, llegó a la palapa. Él también estaba aprendiendo artesanía e intercambiamos algunos consejos. Tuvimos tiempo para reírnos mientras hacíamos malabares. Hugo, compró la primera pieza de artesanía que hice. Un collar con una conchita. También engarcé una piedra verde en un collar para Estela. Un placer imaginar hasta donde llegarán las piezas que tejieron mis manos con hilos de bobinas de colores. Un día, una niña de unos 6 años apareció vendiendo chicharrones (cortezas). No le compré pero estuvimos dibujando y escribiendo nuestros nombres en mi libreta, era muy lista. Le dije que la próxima vez le compraría. Le invité que visitara la palapa al día siguiente para hacerle un muñeco con globos. Allí estaba como un clavo, con su pelo chino, reclamándome su recompensa. Fue mi divertido porque aparecieron otros niños y estuvimos durante más de 2h inflando globos, retorciéndolos generando ese desagradable sonido y decorándolos con rotuladores. Linda, la vecinita de al lado de 2 años, también vino reclamando su perro rosa. Me pasé el resto del día haciendo el payaso con la nariz de clown puesta. La familia entera se asombraba de verme como una niña jugando y haciendo muecas sin parar. A menudo, niños me rondaban. Siempre querían saber lo que hacía. Les encantaba cuando me veían con el ordenador y me rogaban que les dejara jugar al bubble puzzle. En Chacahua había maquinitas pero costaban un peso. Yo bromeaba con cobrarles las partidas y se reían sabiendo que nunca lo haría. Yayi, el hijo pequeño de la familia, era el fan número uno de mi computadora. Les encantó ver su nombre en un documento word con un montón de efectos y colores. También les gustaba verme hacer pulseras y collares de macramé. Pasaban vendiendo bolis y se quedaban sentados a mi vera mirando mis manos trabajar. Uno de esos días en los que trabajada tejiendo y perdiendo agujas en la arena, pasó a mi lado Vanesa. Es una española que, a pesar de llevar allí un mes, no la había visto nunca. Había estado encerrada tejiendo y tejiendo. Llevaba poco tiempo también con el oficio pero ya hacía maravillas. Pasé una mañana con ella en la que aprendí mucho y aprovechando que un colegio vino a visitar la isla, expusimos todos nuestros productos. Fui muy afortunada porque sólo se vendió un collar, el mío a 100 pesos. El primero que hice con uno de los cuarzos que me regaló Moro.

DSC06785

DSC07038 DSC06712 DSC06713 DSC06714

DSC06716

DSC06798

DSC06790

En mis quehaceres extraordinarios se encontraba el de lectura de cartas. Lo hacía a todo aquel que me lo pedía. Cobraba o intercambiaba el servicio. Una chica del DF, Cristina,  mi vecino Chui y su mujer y una que fue muy especial para mi, Sami la finlandesa. Aunque no pasé mucho tiempo con estos hermanos, fue lo suficiente para que me resultaran entrañables y me ofrecieran su hospitalidad si iba al DF. Leer cartas se ha convertido en una herramienta terapéutica para ayudar a los demás. Es realmente increíble como se crea un canal de energía y comunicación con la persona que tienes enfrente. Al principio, muchos de ellos están escépticos pero luego, las cartas hablan y su postura corporal cambia y la expresividad de su cara responde. Normalmente y casi sin conocerte, las personas me contaban muchas cosas de sus vidas privadas y pronto se establecía un vínculo que yo sentía que tenía que aprovechar para poder ayudarlos. Siempre les decía que las respuestas no están en las cartas sino en uno mismo. Las cartas sólo abren puertas y ventanas que creían cerradas. Cuando la persona estaba receptiva, yo decía, “ahora es Montse la que habla” y les daba alguna de las herramientas terapéuticas que aprendí en arteterapia y a lo largo de mi viaje. Es realmente poderoso como personas que no suelen escuchar, están completamente receptivas en estos momentos. Siempre y con cada persona, en algún momento leyendo las cartas, he sentido escalofríos que me suben por la espalda y me erizan la piel. Una experiencia única.

Ya formaba parte de la familia y Luisa me incluía en las comidas como una más. Intercambié con ella recetas, cocinamos juntas, platicamos y me enseñó el punto de ojal para coser mis pantalones remendados de la India. Se preocupaba por mí y me daba muy buenos consejos. Un día ocioso, todos sentados en las hamacas, Luisa empezó a contarme historias de espíritus ocurridos en Oaxaca de los que tenía testimonios de primera mano. A partir de ese momento, en muchas ocasiones por la visión lateral, unas sombras en movimiento se me aparecían. Es como si de repente, todo se hubiese llenado de presencias. Siguiendo los consejos de Luisa, limpié mi casita rodeándola con incienso en la mano y pasándolo por el interior. Aún así, me acompañaron hasta que me fui de la isla. Una experiencia difícil de explicar. Otro día me platicaba que en su generación, incluso en la actualidad en Chacahua, es común que una chica sea robada por su novio. Eso significa que, con el consentimiento de ella, se va a vivir a casa de su novio con la familia de él. Por este motivo, las hijas normalmente quedaban desheredadas de tierras puesto que ya tenían la del futuro marido condenándolas a sufrir cuando la situación entre la pareja no iba bien. Un día, yendo a Río, conocí a un conductor de camioneta con el que no había coincidido antes. Él me habló del enorme problema que hay en Chacahua y en general, en México, con los hombres flojos, alcohólicos y marihuanos que maltratan a la mujer y descuidan a la familia. Él había pasado por ahí y afirmaba que los jóvenes aún eran peor. “las mujeres de Chacahua son unas sufridoras”, me decía con oscuridad en sus ojos al rememorar tiempos pasados.

A cambio de todo lo que Luisa me daba, yo le ayudaba con la cocina, a meserear y a hacer de traductora con los extranjeros. Enseñé a Viri y a Lissette diseños sencillos de pulseras de macramé despertándoles las ganas por ganarse la vida de otra manera. Al pasar la temporada de semana santa, Luisa puso encima de la mesa mi jornal. No lo acepté porque pensaba que estaba más que pagada por el trato y el cariño que había recibido. A partir de ese momento, sin transacciones económicas de por medio, se estrecharon aún más los lazos entre nosotras. Mantuve interesantes charlas con Rafa, el hombre que proveía de marisco congelado a toda la isla. Se trataba de un hombre de unos 45 años, con gran experiencia en montar y gestionar pequeños negocios que le permitían llevar una vida holgada trabajando eso sí, como un negro. Era chiapaneco y me contó mil aventuras de lo difícil que es encontrar personas responsables para trabajar que no te dejen tirado por la borrachera nada más cobrado el salario del mes. Me proponía rentar una palapa en Chacahua, proveerme de productos del mar a crédito y así poder montar mi propio negocio. Fue el hombre que me hizo el regalo más original, una caja de camarones! Luisa se reía diciéndome que al final encontraría un hombre en Chacahua y me quedaría allí a vivir. Llevo un año no queriendo trabajar y desde que llegué a México, todo el mundo quiere ponerme a hacerlo. Gracias a las largas charlas con Rafa y a la gestión que hacía Luisa del restaurante, me di cuenta, por primera vez en mi vida, que tengo capacidad para montar mi propio negocio. Me gustaba el contacto con la gente a pesar de que siempre había dicho que nunca trabajaría de cara al público. El misterioso hombre mayor del machete que cruzaba la playa, nos vino a visitar una vez con su amigo. Se llamaba Don Jorge, suegro de Cirilo. Era amable, reservado, sonriente y le gustaba tomar. Le servía las cervezas con agrado porque el alcohol no transformaba su buen estar. Pronto establecí lazos que le hicieron volver a nuestra querida palapa.

Recuerdo el susto que me llevé un día cuando Cata me dijo que había un problema en España y ya no se podía sacar dinero desde los cajeros en el extranjero. Casi me caigo de culo y pensé que menos mal que había empezado con la artesanía y a leer las cartas. Me fui a Río a comprobarlo y todo fue una falsa alarma. Se lo dije y me preguntó, ¿por qué querría engañarme mi hermana entonces? Cuando me fui, todavía no se había resuelto el misterio…

Después de cambiar varias veces de opinión, decidí quedarme en Chacahua hasta Julio, momento en que se cumplirían 6 meses en México que me obligaban a salir del país. Tenía muchos planes por delante. Celebrar el 10 de mayo, el día de la madre, con Luisa, colaborar con la escuela, seguir con el surf, acompañar a Cata a San José del Pacífico para probar los hongos alucinógenos, irme una semana a una granja de la familia de Darío y seguir con la artesanía. Pero antes, tenía que hacer un alto en el camino yendo al DF. Los días antes de irme, estaba muy triste de dejar la isla. Me emocioné un día con Luisa en la cocina y también hablando con Moro. Sentí que tenía que despedirme de todas las personas importantes que se habían cruzado en mi camino y eran importantes para mí. Tal vez, ya sabía que mi destino iba a sufrir un cambio de planes. La última noche dormí en una hamaca a orillas de la laguna, despidiéndome y cargándome de energía.

La isla ha supuesto mucho para mí. Aprender a vivir sencillamente. Emocionarme de la generosidad de la gente. El trueque como objeto de cambio. Otra manera de viajar. Darme cuenta de mi manera de relacionarme con hombres gracias al libro de las mujeres que aman demasiado. Decidir que voy a viajar sin contar con recursos económicos con lo que eso supone, trabajar, vender artesanía y buscarme la vida. Sentirme capaz de montar mi propio negocio. Me llevo grandes amigos, muchos conocidos y una familia mexicana, que ya la siento mía.

SAM_0436

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s