México: Cambio de rumbo

Estación TAPO, metro San Lorenzo Ciudad de México 15:00 domingo 5 mayo

Tengo 13h por delante para escribir 2 entradas del blog que tengo pendientes, dormir y evitar, o bien desmayarme o bien, irme por las patas abajo. Ayer por tercera vez, intenté ver el museo antropológico. Un imprescindible si estás en el DF. Pasé el día con una chica que conocí por la mañana en un taller de artesanía. Amablemente, me acompañó a comprarme unas pinzas para poder trabajar con el alambre y unos hilos encerados. Al acabar, se animó a venirse a Chapultepec, el sitio según ella, donde no hay que ir los domingos y menos aún, duchada y arreglada. Las chicas y chicos vienen a este pulmón de la ciudad a buscar novio. Justo lo que yo había hecho en mi primer intento de visitar el museo gratis. Sadwi y yo íbamos caminando por un centro repleto de gente. Gran vía en Navidad no es nada comparada con la marea humana que nos empujaba. Tanta gente me estaba absorbiendo la energía. Montamos en el metro para llegar al parque. Nos equivocamos 2 veces porque íbamos de cháchara. En el metro, una corriente de gente y calor te nutría de aire viciado y caliente. Sadwi me estaba contando lo mal que estuvo meses atrás por haber bebido un agua de sabor de fresa callejera. Ella estaba sentada y yo de pie agarrada a la barra. De repente, empezaron a entrarme nauseas. Yo pensaba que era raro porque no soy aprensiva a historias de hospitales. Le dije a Sadwi que no me encontraba bien. Se reía pensando que estaba bromeando. En un segundo, me subió un calor enorme y empezó a nublárseme la vista. Lo último que recuerdo es que le dije a mi nueva amiga, “en serio, me encuentro mal”. Desperté de un sueño aturdida. Oía voces diciendo, “se ha desmayado”. Veía un techo y no reconocía donde estaba. Intenté incorporarme pero seguía sin darme cuenta del lugar en el que me encontraba hasta que ví a Sadwi. Me dejó su asiento mientras me decía que se me habían doblado las rodillas y caído en redondo. Mucho calor, poca comida, un bajón de azúcar. Habían parado el metro por mi desmayo y fueron a buscarme. Los pasajeros, me dieron caramelos y paletas para compensar algo. Afortunadamente no me hice nada y nos bajamos en la parada siguiente para tomar aire. Me quedé sentada en el andén excusándome a Sadwi por el mal trago. Pensaba que nos acabábamos de conocer pero me sentía afortunada de haber estado acompañada por alguien en esos momentos. Magali, ahora se lo que sientes cuando te pasa a ti. Mi primera vez en 35 años. Me comí una torta (bocadillo) y plátanos, que según mi enfermera, suben el azúcar y el potasio.

Seguimos hablando mientras recuperaba el color en mis mejillas. Me contó muchas cosas de México, de sitios preciosos que había visitado, de su formación como artista, de anécdotas….Al acabar, sin estar al 100%, nos dirigimos hacia el museo. Eran las 16:15. Cerraban en 45 minutos más así que decidimos chismorrear la tienda. Sadwi estudió Bellas Artes y ha hecho un montón de cursos de distintas técnicas artísticas. Así que estudiábamos todos los recuerdos antropológicos por su precio y desde un punto de vista técnico. Fue muy divertido y lúdico. Me contó por qué existe en México tantas figuras cómicas de la muerte. Antes de que llegaran los españoles a este continente, la cultura de los antiguos, consideraba la muerte como algo bueno ya que la persona que había fallecido iba a ponerse en contacto con los dioses. Por tanto, los funerales eran motivos de fiesta y celebración. Se llenaron de pena y plañideras con nuestra influencia. Fue muy divertido e interesante pasar el día con ella. Al salir del museo, pasamos por una enorme escultura tecnológica feísima que había servido al alcalde como motivo para robar mucho dinero. Para compensar sus fechorías, los ciudadanos podían enviar mensajes de texto que se iluminarían en la gran torre al llegar la noche. Tuvo la amabilidad de acompañarme hasta mi parada de metro. Allí me preguntó cosas de mi viaje. A ella le gustaría viajar pero le da miedo hacerlo sola. “Tal vez es porque vivo en el DF y creces con la cultura de estar siempre atenta porque en cualquier momento te puede pasar algo” me decía. Le conté que nunca había tenido una experiencia grave. Le explicaba que si hubiese desconfiado, no hubiese pasado el día con ella. Aún así, me decía que me podía haber drogado y secuestrado. Le respondí con una sonrisa dibujada en mi cara, “pero no lo has hecho”. Y allí, con un abrazo nos despedimos deseándonos todo lo mejor.

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Al llegar a casa, me comí el sándwich que me había preparado por la mañana pero creo, que a él tampoco le había sentado bien el calor. Provocó un destrozo en mi tripa. Esta mañana no me he despegado de la taza. La situación ideal para viajar 12h.

Nota: El viaje en el metro del infierno, para llegar a la estación de bus, ha sido superado.

Para colmo, desde el miércoles 1 de mayo, día del trabajo, se ha instalado un constipado en mí, o gripa como aquí dicen. Me tiene la garganta inflamada y lastimada. La culpa la tiene “la marquesa”. Junto con Rebeca, Pablo y los amigos de Pablo, nos fuimos a dominguear al campo. El sitio estaba superpreparado con un montón de casetas con parrillas. Hicimos una barbacoa, mejor dicho, los chicos la hicieron de chorizo, costillas, alitas y arrachera. Buenísimo. Buen día y buena compañía junto a españoles y mexicanas. Es común que españoles tengan novias mexicanas pero no a la inversa. Los mexicanos son demasiado machistas me decían ellas afortunadas de vivir con un europeo. Al primer numerito que monte el chico mexicano a la europea, ésta le manda a freír monas. La atracción del día fue Chun. Un chihuahua pijo de sexo confuso al que todos queríamos patear al principio pero que acabó ganando nuestros corazones. En la marquesa bajo el sol, hacía calor pero en la sombra, corría un aire desagradable que erizaba la piel.

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Así que estoy hecha una rosa para recibir a Raúl el próximo 10 de mayo en la ciudad de Guatemala. Una sorpresa para él y para mí. Hablamos por skype unas cuantas veces y hacienda, volvió a unir nuestro destino. Ya no regreso a la isla y mi aventura en México, está llegando a su fin después de 4 meses. Me dirijo a Sancris, al ya conocido hostal el rincón de los camellos. Desde allí, con el servicio que ofrecen, llegaré a Antigua, Guatemala, el miércoles o jueves que viene.

El resto de los días en el DF han pasado con una cotidianidad que me faltaba. Casi todos los días iba a la cafetería a ayudar a Rebeca. Preparar, cocinar y servir. El ambiente del equipo es muy bueno y hasta hemos tenido tiempo de compartir interesantes charlas. Era muy gracioso no entendernos a pesar de que todos hablábamos español. Los alimentos y las cosas se llaman de forma distinta. Pedí un mortero y me mostraron 5 cacharros distintos antes de dar con el bueno después de mi gestual explicación. “Podemos añadir ejotes”, me dijo una vez Rebeca. “Si quieres”, contesté sin saber qué eran. Al mostrármelos, aparecieron ante mis ojos nuestras judías verdes. Todos los días sirven agua de sabor y descubrí que me encanta una verdura llamada jicama que es como el nabo pero algo más suave y dulce. Un día, preparé risotto como tiempo medio y fue un éxito! Preparé también espinacas y judías verdes con una salsa de tomate y ajo cocinada al estilo de mi madre, “para chuparse los dedos” me decían todos mientras nos comíamos las pocas sobras que quedaron.  Ayudé a preparar y servir gazpacho andaluz pero no se por qué, nuestra sopa de tomate, no gustó tanto entre los clientes. El día de los niños, Rebeca nos regaló a todos una paleta payaso. Era la primera que probaba y me encantó volverme a sentir como una niña comiéndome a bocados los ojos de gominota del payaso! En el camino de ida y vuelta seguía compartiendo con Rebeca. Tiene 27 años y con su temprana y despierta conciencia, su ternura, su niñez, sus consejos, su expresividad y su sinceridad., me he llevado el mejor regalo que un ser humano puede alcanzar, una bonita amistad.

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El domingo pasado, fuimos a ver el concierto de la banda de reggae de Pako. A Pako también lo conocí en Chacahua y aproveché mi estancia para deleitarme con música en directo y la compañía de Pablo y Rebeca. Tuve oportunidad de estar un ratito con Pako y hasta nos pasó al lugar donde el grupo esperaba el momento de la actuación!

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También me he tenido que ocupar de mis menesteres de artesana. Me he recorrido varias veces el barrio donde se encuentran las cosas de artesanía. Tienen tiendas enormes ofreciendo todo lo que te puedas imaginar. Hay unas superficies que venden piezas, pulseras, collares, pendientes…de todo tipo al por mayor por muy poco dinero. Hay tiendas especializadas en herramientas de joyería de tallaje y medición que cuestan un ojo de la cara. He comprado piedras naturales, semillas e hilo encerado de ocho colores distintos. Obsidiana, jade, onix, cuarzo, ojo de cabra, frijoles africanos, chuck-chuck y ojo de venado forman ahora, parte de mi mochila. He contactado con Marga y Maxi, los artesanos que conocí en Chacahua culpables de que mi mochila pese casi 2 kilos más. Me han dado referencias de donde encontrar buen ámbar en Sancris, ellos son unos especialistas! Mi mochila parece ahora una morcilla embuchada. Pero ya se sabe, el que quiere, algo le cuesta! No es fácil dar con los productos adecuados porque muchas tiendas venden cosas de mala calidad. Lo peor es que no te reembolsan el dinero. La experiencia es un grado y ahora ya tengo más claro cómo comprar. Al principio te pasan cosas tan tontas como comprar piedras agujereadas sin confirmar que el hilo pasa a través. O comprar hilo encerado que no se quema y deshace con un mechero. Comprar pinzas que hacen muecas al cortar el alambre….Lo mejor, es probar antes de comprar. En una de esas veces que visité el centro, divisé una calle muy transitada con potencial para poder vender. Así que una tarde me instalé en un banco a coser y a vender. Saqué mi tubito de pulseras y mi estuche para collares recién comprado. Conseguí 95 pesos y por imprudente y despistada, casi me requisan todo el material a no ser porque una buena señora me aviso de que venía la policía. La inversión total que habré hecho, en este particular proyecto, es de 1.700 pesos, unos 100€ y ya he vendido 650. El retorno de la inversión está asegurado. Lo bueno es que ahora tengo mucho material para seguir creando y empezar a financiar mi viaje. El sábado por la mañana, acudí a un taller gratuito en la tienda del artesano, donde había comprado el alambre de alpaca para engarzar piedras. El alambre de alpaca se ensucia pero se puede limpiar fácilmente recuperando el brillo original. Me llevé las pinzas que tenía, el alambre recién comprado y piedras para engarzar. La chica me enseñó pacientemente como hacerlo y me dijo que tenía que comprarme unas pinzas diferentes para poder hacer el trabajo. Me quedé muy contenta porque ahora puedo engarzar en collares o pulseras, semillas y piedras que voy recolectando por el camino de mi viaje. Para rematar la mañana, la profe me compró una de mis pulseras!

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Y a parte de las compras, he tejido y tejido en casa probando cosas nuevas. Desplegaba todos mis bártulos y me ponía a ello. Me atreví con una pulsera ancha. La acabé, me la probé y decidí quedármela para mí. Era la primera pulsera que había hecho con mis manos que me regalaba. Rebeca me pidió que la introdujera en la materia. Le regalé una tablilla con pinzas, como la mía, para que le resultara más fácil el aprendizaje. Le pasé los videos con los que yo empecé y le mostré los diseños más sencillos. Al abandonar el DF, encima de su mesa dejé parte de mis creaciones, aquellas que había hecho con hilo de algodón para que partieran hacia otros hogares. A partir de ahora, solo el hilo encerado formaría parte de la base de las creaciones.

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Con los chicos compartíamos momentos e ilusiones a la hora de  cenar. A veces cocinaba yo y muchas otras, comíamos cosas que habían sobrado de la cafetería. Como ya viene siendo una tradición en este viaje, les preparé una buena tortilla española. A menudo, comentábamos las diferencias culturales e idiomáticas que existen entre México y España. Rebeca decía que le extrañaba que Pablo le dijera “te quiero”. “yo quiero a mis amigos pero amo a mi novio” clamaba con enojo. Los mexicanos utilizan por ejemplo la expresión “no manches” que sería nuestro equivalente a “no jodas”. Los “vatos”, lo utilizan para referirse a chicos. Dicen “simon” en muchas situaciones como coletilla. Puede ser una expresión de sorpresa, o una expresión de confirmación, o de estar de acuerdo….

A pesar de llevar una vida bastante cotidiana, algo de turisteo hice. En mi primer intento de ver el museo antropológico, me fui el domingo 28 de abril al parque de Chapultepec. Es el pulmón de la ciudad. Me encontré con un parque abarrotado de gente y muchos chiringuitos de comida y regalos. Entre ellos, había unos puestos chiquitos llenos de sombras de ojos y ceras que maquillaban niños en 5 minutos. Niños y mayores exhibían monster high y super héroes en sus caras. Me quedaba hipnotizada viendo como las chicas transformaban en tan poco tiempo a los niños. Pregunté que tipo de pintura utilizaban y aplicaban sombras de ojos normales y lápiz de ojos. Sería precioso poder trasladas esta iniciativa al retiro. Muchos niños y mayores llevaban agarrado en la cabeza una especie de muñeco. Eran changuitos (monos) que se venden por todo el parque a tan sólo 10 pesos. Seguí sumergiéndome por el parque restando tiempo a mi visita al museo. Pasé por el lago con barcas. Justo al lado, había un recinto con sillas ocupadas mirando absortos a un clown actual. Un  espectáculo de mimo que me hizo pasar 30 minutos de emoción, nostalgia y lágrimas en las mejillas. La expresividad del actor con su cara blanca pintada y su vestuario blanco y negro me dejaban con la boca abierta. Al salir, y con tan sólo un par de horas por delante, me dirigí al museo. A pesar de que era poco tiempo, aprovechando que era gratis, podría echarle un primer vistazo. Al llegar leí en un cartel que era gratis sólo para nacionales. Decidí volver otro día y me quedé sentada en la entrada tejiendo. Desafortunadamente, no vendí nada. Cuando volvía a casa, muchas personas en el metro llevaban en los brazos la figura de un santo. Los había de todos los tamaños. Me quedé muy sorprendida. Cuando pregunté a los chicos, me explicaron que se trataba de San Judas y que una vez al mes, la gente sale a rezarle con sus imágenes a cuestas. El segundo intento de ver el museo antropológico, lo frustró Obama. No me dejaron entrar, ni a mí ni a nadie. El señor presidente de los EEUU tenía el museo para el solo.

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También saqué algo de tiempo para el cuidado personal, Decidí ir a la peluquería tras hablar con mi hermana Estefanía por skype y decirme que parecía una seta. Le pedí recomendación a los chicos y al final, fue al sitio donde Pablo se cortaba el pelo. Un negocio atendido básicamente por gays. Después de varias indicaciones y apaños de última hora, el resultado no estuvo del todo mal. Aún así, cuando regresé a casa, le metí el tijeretazo por algunos sitios para dejarlo a mi gusto.

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Otro día, paseé por la aglomerada plaza central. Estaban celebrando el día del niño y toda ella estaba llena de casetas y actividades para estos. La plaza no está cortada al tráfico y entre el ruido, la contaminación y el gentío, decidí refugiarme visitando la catedral y un edificio aledaño. Era un edificio precioso con un mural de pintura sobre México muy lindo. El DF está lleno de preciosos edificios históricos entre los que se encuentra el museo de bellas artes. Algunas cosas me recordaban a las corralas de lavapies. Las calles más turísticas eran recorridas por personas uniformadas que reproducían música girando una manivela en una especie de organillo. Tras el recital, pasaban la gorra pidiendo la colaboración del público desinteresado.

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El día que me hice la mochila, desplegando todas mis cosas en el salón de casa, tuve que desprenderme de algunas cosas que dejé a Pablo y Rebeca. Era imposible poder meter todo aquello dentro.

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Hice varios intentos de ir al teatro. Paseando por la calle, me encontré con un bus que había sido adaptado para representaciones. No conseguí ver ninguna obra…Me voy del DF sin visitar todo lo que mis amigos me recomendaron. Soy un desastre Oscar! Ni tan siquiera fui a ver las ruinas que me dijiste! Así que motivos no me faltan para volver a la capital.

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