México: la guinda del pastel

Hotel casa santorini, ciudad de Guatemala 8:30 sábado 11 de mayo 

Sino fuera porque ayer no bajó Raúl del avión, mis últimos días en solitario han sido una delicia.

Llegué a Sancris el lunes 6 de mayo a las 5:30 de la mañana. El trayecto de 11h en bus me lo pasé durmiendo. Iba casi vacío y pude disponer de 2 asientos para mí sola. No pusieron el aire acondicionado a tope así que pude dormir a trompicones plácidamente. Hice un poco de tiempo en la estación del ADO escribiendo entradas del blog en mi cuaderno. A las 7, me dirigí en taxi hacia el hostal los camellos. La puerta estaba cerrada pero un golpe de nudillos hizo aparecer a Fabián, el dueño del hostal. Pasamos un par de horas hablando y me puso al día de las novedades del hostel, entre ellas, que Don Héctor, estaba allí. Don Héctor es un habitual añejo de Sancris y del ambiente del hostel. Ya había conocido a otro mítico, Pablo, en mi anterior visita al hostal. Ahora me complacería haciéndolo con el encantador Don Héctor.

No se que me está pasando en esta etapa del viaje pero todos los sitios me atrapan. Me obligó a irme de allí, primero mi cita de las 19:15 en la ciudad de Guatemala el viernes 10 de mayo y segundo, mis ganas de ver a Raúl. Hasta que me fui de Sancris el jueves a las 7 de la mañana, he pasado mis horas con Don Héctor, Fabián, Nora, una empleada del hostel y Gael, un francés adoptado como yo, enamorado de una pinche mexicana de Valladolid. Hacíamos un quinteto estupendo, lleno de buen humor, energía y ganas de compartir.

Don Héctor tiene 59 años y lleva viviendo 19 con 100 pesos al mes, unos 6€. Es como si en España, alguien viviera con 20€ al mes contando alojamiento, gastos, comidas, viajes…Trabajó muchos años en una prisión de EEUU. Cuando se separó de su esposa, hizo cuentas. Contó los años que podría vivir con el dinero que tenía ahorrado. La cuenta le salió redonda, justo hasta su jubilación, momento en el que recibiría su pensión. Con una gran sonrisa, dibujada en su cara Tijuana que coronaba su 1.85 de estatura, me decía que desde chico, siempre quiso trabajar poco. Me contó las consecuencias de vivir así y como su entorno no entiende que sea un viajero empedernido a su edad. Piensan que algo le falta en Tijuana y que busca lo que necesita en sus viajes. Mantuvimos conversaciones, diría yo, filosóficas. Las consecuencias de la decisión que tomó hace casi 20 años. La energía que encontraba en Sancris y en particular en el hostel. La vida entendida como sucesivas reencarnaciones. Lo bonito de escribir y expresarte con arte. Su pasión por la guitarra. La historia de su vida. Mi recién elaborado proyecto profesional, que tomó forma en los camellos, gracias a Skype y una idea genuina de Raúl.

Don Héctor me miraba y repetía una y otra vez que era muy alegre y social. Creo que me observaba mientras hacía artesanía, hablaba por skype o escribía. Torrándome bajo el sol, animaba el patio de la casa con continuos canturreos mientras ellos me acompañaban abrigados a la sombra con sus quehaceres diarios o jugando a la ajedrez.

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Don Héctor es un maestro de este juego de estrategia y los chicos se pasaban horas jugando y analizando los movimientos con la ayuda del master de Tijuana. Uno de los días Fabián me pidió que dejara la computadora para jugar con él. Hacía al menos 10 años que no había jugado pero recordaba la forma de mover las piezas. Mi padre tenía en casa una ajedrez chiquita plegable. Cuando la abrías, las pequeñas piezas estaban insertadas en una esponja amarillenta pidiendo guerra. Recuerdo jugar con mi hermano Marco que era un gran aficionado y jugaba contra la computadora. Es así como se da cuenta uno de las cosas. Recordando, redescubres como te influenciaron las personas que te rodearon. Porque él leía, yo me apasioné por la lectura. Porque el jugaba a la ajedrez, yo lo hacía. Porque el compró el primer pc en casa, yo pude hacer mis prácticas de matemáticas. Tanto le debo y tanto le quiero….qué bonito es tener un hermano mayor! Tan mal no me tuvo que enseñar porque a Fabián le impresionó como empecé a jugar. Pero mi falta de experiencia y estrategia, hizo que tuviera una muerte agonizante. Don Héctor me enseñó en muy poco tiempo reglas y trucos muy buenos. No recordaba que jugar al ajedrez fuera tan apasionante y relajante. 

Hacíamos muchas cosas juntos, como una gran familia. Desayunábamos, comíamos y cenábamos en la cocina del hostal. Mientras yo hacía artesanía, Nora y Gael jugaban a “chinga al vecino de al lado”, un juego de cartas basado en el solitario y la mala leche. Compartí también mucho tiempo con Fabián. Me contó muchas cosas de su vida, su trabajo y sus aspiraciones. Hasta quería contratarme en la recepción del hostel! Quien sabe, tal vez vuelva. Siempre viste de negro y creo que eso le provee de una coraza que lo protege del mal, pero también del bien. Tuvo una niñez complicada y aparentemente, es un hombre poco afectuoso. Pero cuando le miro a los ojos, se que debajo de tanta dureza e inaccesibilidad, se encuentra un tipo de 33 años muy consciente de sus cosas y con un ternura especial. Nora es una chica de 40 y tantos, ingeniera, luchadora, muy trabajadora y muy chistosa. Me sentía super a gusto con ella. Gael cayó por allí para pasar unos días y ya llevaba una semana instalado sin apenas turistear. Le encanta el español, México y las mexicanas. Pinche gabacho! Don Héctor es un hombre con muchas aficiones. Que yo haya podido vivir, juega muy bien al ajedrez, pinta, dibuja y hace estadísticas. Durante mi estancia, utilizaba los partidos de fútbol para sacar datos curiosos. Fabián me contó que la vez anterior, se la pasó midiendo el movimiento del sol. Es un amante de la música, como sus otros 4 hermanos que se han dedicado en mayor o menor medida a ella. Todas las noches con guitarra en mano, se va a la calle a tocar y cantar.

Una de las frías noches de Sancris, lo acompañé en busca de otros músicos y cantantes. Sancris estaba mucho más tranquilo y con menos turistas que la vez anterior. A pesar del frío, redescubrí gratamente el ambiente de esta ciudad. Por el camino se nos unió Cris, una peruana que ya había colaborado con Don Héctor. Hablamos y salió Chacahua de mi boca. Casualidades de la vida, ella había tenido el placer de compartir días en Zipolite con Cristina, la argentina mesera en la palapa de Anita y Leo. Nos fusionamos en un gran abrazo por la conexión encontrada. El recio frío y sus pantalones cortos, la hicieron abandonar la aventura musical. Don Héctor y yo, acabamos sentados en una banqueta (banco) cantando rancheras y rock & roll de los 70. Al poco, aparecieron Gael y Fabián con su bici. Nos movimos al abrigo de la catedral y sentados en su puerta, se nos hicieron las 4 de la mañana entre buenas canciones, piojitos, un borracho abusivo y molesto y otro principiante guitarrista. Las lámparas de iluminación, situadas en el suelo, calentaban mis manos, mi culo y dieron candor a esta velada que ya rezumaba color. Los chicos decían que era una pena que me tuviera que ir tan pronto. Nora bromeaba con anular mi reserva a Antigua, Guatemala. Fabián me decía que ya tenía mi contrato de trabajo preparado y Don Héctor me miraba con esa paz y calma, que dan ganas de quedarse a su lado para siempre. Alargué todo lo posible mi estancia allí y hasta renuncié a las cosas que tenía que hacer en Sancris por pasar más tiempo con ellos. Adiós a echar la carta dirigida al seguro médico para que me paguen los gastos provocados por el lunar. Adiós al ámbar. Y adiós a encontrar mi guía de viaje de Guatemala.

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Fabián me decía que hablaba más mexicano que la primera vez que estuve allí en febrero. Después de 3 días, acabé hablando chistosamente como ellos, acabando todas las palabras en oso. “No me sea fastidioso, Don Hectoroso” era una frase común en aquella casa de locos. Hasta saqué una nueva modalidad de movimiento de brazos al exclamar “pinche…”. 

El jueves a las 7:40 y con 40 minutos de retraso, llegó la van que me llevaría hasta Antigua. En la puerta, un modesto trabajador se animó a hablarme. Compartimos las necesidades y situaciones de nuestros países. Me miraba atento sabiendo que él nunca tendría la oportunidad de cruzar el charco ni posiblemente, de salir de su país.

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Después de dos cambios de combis y 13h de viaje, llegué a mi destino. Antes de pasar a Guatemala, llamé a Luisa, mi mamá mexicana. Recuerdo perfectamente sus palabras cuando le dije que estaba dirigiéndome a Guatemala. Con la voz entrecortada y seguro, lágrimas en los ojos, me dijo “pero deberías estar aquí”. He contraído una obligación moral con esta familia, la de volver para despedirme en condiciones. En la frontera, cambié pesos por quetzales, la moneda a la que tendría que acostumbrarme. Un montón de hombres con fajos de billetes en las manos, esperan ansiosos al turista, mientras pasan sus dedos por el canto para hacerlos vibrar. 

Tip nº 80: Tasas en los pasos fronterizos 

Para salir de México hay que pagar 300 pesos. Al entrar en Guatemala, hay que pagar una tasa en quetzales. Si vas a cruzar por tierra (por aire normalmente incluyen las tasas en el billete de avión) prevé quedarte con dinero local para que no te pase como a una pareja que viajaba conmigo. Primero, tuvieron que quedarse sin comer para poder pagar la tasa mexicana y después, tuvieron que pedirme prestado dinero a mi para pagar la guatemalteca.

 

Hasta lo que he visto, Guatemala es muy natural. El camino estaba envuelto de montañas y árboles por todos los sitios. Me traía recuerdos del paisaje nepalí. Llegué a al hostel Antigua. 40Q (4€) por una cama compartida en un sitio muy bonito y cocina. Conseguí una guía en inglés de segunda mano de Guate, vendí la de México, actualicé el blog e hice macramé. Estuve tentada de ir a Guatemala city en transporte público pero la prudencia y las advertencias de la peligrosidad de esta ciudad, me hicieron contratar el caro servicio del hostel a 150Q. A las 14:30 estaba ya instalada en la habitación del hotel casa santorini junto al aeropuerto. 

Me tocaba esperar 4h hasta la llegada de Raúl. Mi blog, una buena siesta, una ducha y un paseo andando hasta el aeropuerto, me colocó en la puerta de llegadas del avión. 1h más tarde de la supuesta llegada del avión, Raúl seguía sin aparecer. Le perdieron la maleta, pensé. Una hora más tarde, sin información de ningún tipo por parte del aeropuerto, pensé que Raúl había hecho una domingada. Había perdido su conexión en Costa Rica. No tenía señal con mi móvil español y agoté el poco saldo que tenía con mi sim mexicana en un intento de llamada. Entré a la recepción de la terminal de llegadas. Expliqué mi situación. No me podían dar ninguna información. Por normas de seguridad a ellos no les facilitaban datos de pasajeros. Subí a la tercera planta a la terminal de salidas. Ya estaba cerrada. Descartado una conexión a internet y una posible pista de donde estaba Raúl. Volví a bajar a llegadas. Cada vez había menos gente. Entré de nuevo y tan sólo podían ofrecerme usar un teléfono público. Pero necesitaba un montón de monedas para hacer una llamada internacional al móvil español del perdido. Había dos cafeterías. En la primera, conseguí tan sólo 5Q y al contarles mi situación, las chicas me indicaron amablemente que hablara con el chico de la cafería de al lado. Así lo hice y sin preocuparme cuanto iba a costarme la broma, intentó llamar a Raúl con su celular. No hubo suerte, no había señal. Eso podía significar que estaba volando. No quería perder la calma pero empezaba a agobiarme. Raúl no tenía la dirección ni el nombre del hotel. Nuestro punto de encuentro era el aeropuerto. Si me iba y él llegaba, no podría encontrarme. Decidí esperar hasta las 22h momento en el que llegaba otro avión procedente de San José, Costa Rica. Tal vez el avión de Madrid vino con retraso y todos los pasajeros perdieron la oportunidad de llegar a destino a la hora. Esperé una hora más y no había señales de Raúl. Pedí de nuevo al chico de la cafetería que le marcase. Más de lo mismo. La gente me preguntaba por qué esperaba tanto. Yo empezaba a tener problemas por contener las lágrimas. El chico que ofrecía el servicio de shuttle para Antigua estaba pendiente de mí, después de verme allí 5h. Algunos locales me aconsejaron que no me quedara allí hasta tarde. Sólo quedaba un vuelo por llegar procedente de EEUU y decidí marcharme. Agarré un taxi a las 22:30 de vuelta al hotel. En el trayecto, con un nudo en la garganta, le pedía al taxista que vigilase si encontraba a un Raúl perdido buscando a una Montse. “llévele al hotel santorini”, le suplicaba con los ojos vidriosos. 

Tip nº 81: La tecnología no siempre funciona

Después de esta experiencia, podría recomendar que si tienes que quedar con alguien en algún punto del mundo, no confíes en que podrás comunicar con él vía teléfono o internet. Para asegurar el encuentro y problemas como el que yo pasé, quedar en un lugar concreto como un hotel con nombre y apellidos y apuntar el número de teléfono del mismo. Ante cualquier eventualidad, se puede contactar con ellos. Será una cuestión de tiempo el encontraros.

 

Cuando entré a mi amplia habitación doble con 3 camas para mí sola, varios whatsapp entraron a mi móvil. Noticias de Raúl. No habían podido aterrizar en Costa Rica y se lo habían llevado a Panamá. Llegaría al día siguiente sobre las 10:30. Temiendo que se repitiera la misma situación, le mandé un mensaje para decirle que si no nos encontrábamos, nuestro punto de reunión sería el hotel santorini. Me quedé sin una ansiada y necesitada respuesta a pesar de que todavía era temprano. Raúl ya está dormido por el jet lag. Son las 11:45 y Raúl no ha aparecido. Estoy sentada sobre mi gran mochila y no se si reír o llorar.  En los paneles, el primer vuelo procedente de Panamá llega a las 13:15. Veremos en que acaba la historia pero al menos, en este caso, tenemos un punto de encuentro seguro. Crucemos los dedos pero jamás, un hombre me había hecho esperar tanto. Esperemos que merezca la pena!

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