Nicaragua: mala onda

Lunes 1 de julio 2013

Se acabó Nicaragua y por desgracia, envuelto en una mala onda. El domingo 23 de junio llegué a la isla ometepe, no sin dificultades. El autobús que tomé en Granada, me dejó en Rivas. Allá, tenía que agarrar un taxi o un bus para ir hasta el embarcadero. Los taxistas, viéndote turista, te ofrecen precios desorbitados para cubrir el servicio, 5$. Decidí, buscar la opción barata. Siguiendo a un turista, oí a gritos que un bus ponía rumbo a San Juan. Me subí contenta al saber, que tan sólo me cobrarían 35 pesos,  un poco más de 1€. Sentada, me alegraba de cuanto había aprendido como mochilera en el viaje. En esos pensamientos estaba, cuando pasaron a cobrarme. Les pedí que me avisaran en la estación más cerca al embarcadero. El revisor extrañado me miró y me dijo que ese bus iba en dirección a San Juan del Sur. Mierda, me había equivocado. En ese momento, apareció mi bicho riéndose de mí. No me estaba mal empleado por jactarme de lo buena mochilera que era.

Yo tenía que dirigirme a San Jorge. San Juan del Sur era el siguiente punto donde quería ir después de la isla. Como ahora interpreto todas las cosas que me pasan como señales, pensé, que el destino quería que fuese directamente a San Juan. El revisor tuvo que ver algo que yo estaba obviando. Me dijo que San Juan era muy turístico y que había mucha party. Las imágenes del hostel de León, revivieron mi memoria. “Mejor vaya a la isla”. 5 minutos más tarde, me bajé del autobús y crucé la carretera. Esperé más de 1h a que pasara el autobús de vuelta. Había salido a las 8 de la mañana de casa de Chad y llegué al embarcadero a las 12 del medio día. Allí, conocí a 2 chicos finlandeses y a una americana con su niña de 9 años. Comimos juntos y decidimos compartir un taxi para llegar a una parte de la isla. Era domingo y el autobús de línea no circulaba. Montamos todos en el barco que nos llevaba a la isla. El cielo estaba completamente gris y encapotado. Nos sentamos al descubierto sobre la cubierta de madera del barco. Los marinos taparon las mochilas con lonas y comenzamos el viaje de 1h. Por momentos, parecía que nuestro barco iba a volcar. El lago de Nicaragua es enorme, cualquiera diría que uno está en el mar, cuando lo navega. No había un fuerte oleaje pero el viento y la estructura de la embarcación, hacía aquel trayecto una aventura de feria. En varias ocasiones, empezó a llover y las gotas humedecieron nuestra piel e intensificaron las sensaciones. Llegamos a puerto, sanos y salvos.

DSC08405 DSC08407

Tip nº 93: no viajar en domingos 

Hasta ahora no me había fijado, pero tal vez, siempre fue así. El viaje a la isla se hizo más complicado de lo normal porque llegué un domingo. Los servicios de transporte se ven minados o eliminados por completo. Eso hace que tengas que utilizar taxis privados que cuestan más caros. Tampoco tengo claro que los pasos fronterizos funcionen en horarios regulares. Por eso, si puedes, evita viajar en domingo.

Yo quería ir a un sitio llamado Zopilote. Se trataba de un hospedaje ecológico que conocí por un folleto en las peñitas. Me latió bien y decidí pasar allí unos días. Finalmente, sí había un autobús que me dejaba en Santa Cruz, a unos 15min andando del hospedaje y abandoné la opción confortable del taxi y a los chicos, con los que no había sentido mucho feeling. Después de 1h y media, nos apeamos varios turistas en el cruce de santa cruz. Dos americanas, un papá y un hijo canadiense y yo. Caminamos por la carretera empedrada con cuestas hasta llegar a la entrada. Allá, había un bus amarillo, perteneciente al hostel, que vendía productos ecológicos y artesanía. La chica que trabajaba allí nos confirmó que sólo quedaban disponibles hamacas a 3$. A mi me parecía muy bien y el resto, se unió. Empezamos la subida hasta la recepción. Atravesamos la finca en plena selva siguiendo un estrecho sendero de piedra. Era un lugar mágico y realmente especial pero, con las mochilas a cuestas, se hizo demasiado largo. Eran las 17:30 cuando llegamos. Hicimos el chekin y nos instalamos. Las hamacas estaban una junta a la otra bajo una de las habitaciones privadas. Teníamos lockers y no parecía que hubiese muchos mosquitos.

DSC08453 DSC08450 DSC08506 DSC08507 DSC08436 DSC08438 DSC08441 DSC08551 DSC08552

Regresamos a la zona común del comedor y comandé un pastel de la casa. Chocolate con ricotta. Muy rico. En ese momento, empezó a forjarse una relación muy bonita con Amy, una de las americanas residente en Phennis.

DSC08411

Amy hablaba muy bien español y en los últimos tiempos, su vida había sufrido un viraje. Las circunstancias personales comunes posibilitan que nazcan rápidamente sentimientos profundos por la persona que los comparte. Apenas pasé un día y medio con ella pero me lo pasé a lo grande. Era divertida, nos reíamos mucho, nos contábamos secretos, ilusiones, experiencias y soñábamos con cuerpos musculosos de surfistas americanos. Cuando regresábamos por la noche a nuestras hamacas, atravesábamos un lugar donde unas ranas escandalosas daban su espectáculo. Nos asomábamos para ver a esos pequeños cuerpos emitiendo ruidos de maquinitas electrónicas al tiempo que inflaban la papa. Con su experiencia, colaborando 6 meses en un orfanato en Gana, se me despertaron las ganas del continente africano. Se fue una mañana temprano después de nuestra práctica de yoga con una deuda contraída. Le tuve que prestar 200 pesos para que pudiera liquidar su cuenta y llegar a tiempo a playa gigante. Allá, le esperaba un amigo para regresar a los estados desde Costa Rica en menos de dos días. Ojalá, acá o allá, tenga la oportunidad de devolverme el favor y yo, el tremendo abrazo que me dio al recibir mi ayuda.

DSC08423 DSC08468 DSC08472 DSC08470

Tip nº 94: playa gigante

En las guías turísticas de Nicaragua se recomienda como punto interesante de surf y playa, san juan del sur. Alrededor de esta ciudad, existen numerosas playas de gran reputación. Pero nadie habla apenas de playa gigante. Playa gigante se sitúa entre la isla ometepe y san juan del sur. A pesar de que no tuve la oportunidad de ir, varios viajeros me recomendaron este paraíso en el pacífico nicaragüense.

 

Los días en la isla y en el Zopilote tenían mucha rutina. A las 6:30 me levantaba. Normalmente durante la noche me despertaba varias veces por el frío, calor, mosquitos o ruidos. Con el cansancio, los últimos días dormía en la hamaca como un angelito. A las 7, estaba en la zona de yoga. Una plataforma de cemento decorada para el uso y rodeada de plantas y árboles. Allí, Casandra, la instructora brasileña novia del propietario de la finca, estaba preparándolo todo para comenzar la clase. Las esterillas eran de bambú y la sesión te conectaba con una misma y la naturaleza. A veces, los pequeños perros de la finca, se recostaban a nuestro lado. Los momentos de relajación al final de la clase eran maravillosos. Recuerdo uno en especial, después de una sesión de reiki recibida por Patricia. Estaba sentada, con los ojos cerrados, cruzada de piernas tras los 15 minutos de relajación. De mi cabeza, por la visión lateral, podía sentir que desde mi cabeza se estaban emitiendo ondas concéntricas de colores. Me sentía ligera, en paz y con mucha energía. Fue una sensación mágica.

DSC08473 DSC08475 

Patricia era una voluntaria del Zopilote. Había llegado apenas una semana antes que yo. Procedía  de argentina y mantuvimos muchas charlas acerca de la energía, las terapias, el chamanismo y los viajes. Hablar con ella era como transportarse a un mundo paralelo. Me animé con el reiki por ella. Estaba algo nerviosa cuando acudí a la sesión. Me senté boca arriba en la camilla. Había música de fondo y a veces, Patricia me tocaba con sus manos. Lentamente, mi cuerpo se fue durmiendo y clavándose en la camilla como si fuera muy pesado. A veces, me daban espasmos. Mi mente soñaba cosas locas en las que aparecían los voluntarios del hostal. En la garganta, me apareció un malestar que me traía de nuevo a la realidad. Sentía que el brazo se me desdoblaba. Por un lado, lo sentía clavado en la camilla pero por otro, estaba levitando. Patricia me explicó que tenía mucha falta de energía y que en general, toda fluía bien por mis chacras salvo la emocional, situada en el estómago. No se por qué, no fue una sorpresa para mi. Me tomé el tiempo de asimilar todas las sensaciones que había experimentado y junto con las charlas que me dio Patri, sentí que tal vez me iniciaría en esta práctica.

La finca y la isla, eran sitios adecuados para contactar con uno mismo. El zopilote es una finca ecológica. Los baños no tienen agua. Junto a la taza, hay depositado un saco de cáscara de arroz que había que echar cuando uno iba al baño. La comida era totalmente ecológica. La ensalada, producto de la huerta de la finca. Cocinaban su propio pan. Pan de verdad, no como el que venden en el resto de las panaderías de Nicaragua, de perrito caliente. Hacen mermeladas, nutella casera, miel, aceites y también sus propias pizzas. En la finca hay un par de miradores. Torretas construidas con bambú. Una noche, tras hablar con unos turistas, me subí a uno de ellos. Podía mirar las estrellas y sentir el fuerte viento enfriando mi cuerpo. Una mañana, después de un día de lluvia, mientras desayunaba, veía como los árboles estornudaban agua del cielo. Olía a fresco, mi cuerpo y mi mente se despertaban con la observación de la naturaleza. Una noche, me asombré viendo a un enorme bicho palo situado sobre mi toalla. Cuando se cansó de que lo mirara, lentamente, se fue caminando hacia otro lugar. El camino que me llevaba a la zona wifi, pasaba por la casa de las mariposas. Allí, estaban todas revoloteando y envolviéndote cuando pasabas.

DSC08412 DSC08476 DSC08510 DSC08413 DSC08416 DSC08418 DSC08421 DSC08518 DSC08422 DSC08465 DSC08478 DSC08479 DSC08480 

Las cosas que pasaban en el Zopilote, y mira que pasaban, también eran objeto de nuestras conversaciones. En la finca trabajaban varios voluntarios, en el jardín, en las 3 noches de pizza de la semana, en la huerta, en el bus, en las clases de yoga y en las sesiones de reiki. Estando en las peñitas, quise trabajar de voluntaria acá pero el hecho de que tenía que llegar a principios de agosto a Perú, me lo imposibilitaba. Ahora me alegraba de que así fuera, por las cosas que allí pasaban. Desde el primer momento que llegué, mi contacto fue con los voluntarios y en una semana, apenas me relacioné con otros turistas. Durante mi estancia allí, pasaron cosas muy raras y había muy mala onda. Despidieron a los chicos del bus y otro voluntario, robó todo el dinero a Patri el mismo día de mi partida. Estaba destrozada porque semanas antes, también le habían robado su mochila en el bus Managua – Ometepe con sus pertenencias más preciosas. Su diario de viaje y su material de reiki. 

Esa semana tenía un objetivo claro, avanzar con mi proyecto de escritura. Pasé muchas horas en la inconfortable zona wifi. Estaba tirada en el suelo, destrozándome la espalda, actualizando el blog, hablando con mi familia, consiguiendo sofá para Costa Rica y Panamá, bajo un ataque continuo de bichos. Si hay algo que no echaré de menos cuando el viaje termine, será la agresión que los bichos hacen arrojándose contra tu cara.

Los horarios para desayunar, comer y cenar eran muy estrictos. Fuera de la hora marcada, sólo te servían café y pastel. Los martes, jueves y sábado había noche de pizza y no se podía pedir nada más que no fuera eso. Como mínimo, te tenías que gastar 5,5$. Los domingos noche, también había limitación. Un único plato indio, normalmente a base de arroz, verdura y picante por 5$. Tenían algo muy bueno, el pan artesanal que ellos mismos cocinaban por 52 córdobas. En la semana me comí 2 acompañado por aceite de oliva y sal o nutella casera. Gracias a ello, pude abaratar mucho mis gastos alimenticios. 71$ fue la cuenta final incluyendo la dormida de 8 días. También me ayudó en mi economía la leche en polvo que me había sobrado en granada y la granola que me había comprado en la pulpería de la isla. 

Tip nº 95: qué viva la leche en polvo 

Hasta Granada, no había consumido leche en polvo. Es realmente práctica cuando se viaja así y se quiere ahorrar dinero en los desayunos. La leche en polvo no se estropea, apenas pesa, no se derrama y es muy útil.

El sábado de pizza, trabajé ayudando a los chicos y me gané la cena gratis. Me encargaba de servir las bebidas. Estuvo bien, hubo buena onda y poco trabajo. Allí comenzó mi primera clase de español, junto con Patri, a una pareja californiana de voluntarios, adorable.

DSC08512 DSC08515 DSC08516

En las noches de pizza también montábamos unas mesas con la artesanía. Parte de la semana me la pasé tejiendo como una loca. También con hilo y aguja normal para remendar mi mochila de Nepal, estaba desintegrándose…Kevin, Tamara, los chicos del bus, junto con otra pareja formada casualmente por las mismas nacionalidades chilena y francesa. Cata, Benja y yo, éramos los artesanos del lugar. Sólo vendí una pulsera a 35 córdobas, los chicos, nada de nada. Intercambié puntos con ellos y me enseñaron algún que otro truco. Compré también piedras fósiles del volcán madera a un artesano de la isla que las pulía. Estuve hablando con él y su mujer durante horas. Me enseñó la materia prima de las que saca las piedras que los artesanos compramos para engarzar. Me quedé asombrada al ver una piedra de las que encuentras en cualquier lugar y a las que les das patadas. No me podía creer que de aquella roca, aquel hombre pudiera conseguir piedras tan bellas y tan trabajadas. A partir de eso momento, valoré el trabajo que hacen y empecé a asumir que el precio que pagamos por las piedras (entre 1$ – 5$) es completamente justo. Se me había hecho completamente de noche y por petición de Rosita, el artesano me acompañó por la carretera al hostel. La subida hasta llegar a mi hamaca, con mi frontal impotente, fue una aventurillas de apenas 5 minutos que me puso el corazón a mil. Con una de las piedras fósiles de la isla, tejí la que consideraba que era, mi mejor pieza.

DSC08572

 DSC08429 DSC08428 DSC08430 DSC08464 DSC08483 DSC08485

Con Rosita, la mujer del artesano, algo nació. Ella me decía que sentía mi energía. Uno de los días, hice turisteo y me fui a ojo de agua. Unas piscinas naturales con minerales muy buenos para el cuerpo. Allí estaban Cata, la chilena, Benja el francés y Rosita vendiendo artesanía. A los chicos les había ido muy bien consiguiendo vender 35$ diarios pese a los 4$ que tenían que pagar de entrada. Llevaban varios días haciendo lo mismo. El camino de entrada, hasta las piscinas, era frondoso y tenía un olor a mango agrio. Cientos de ellos estaban en el suelo bajo su árbol por efecto de la madurez. Todo estaba impregnado por ese olor. Pagué la entrada y disfruté del baño. Tumbada boca arriba, con los ojos fijados en las copas de los árboles, dejé mi cuerpo muerto. Empecé a respirar y sentí por primera vez, con la calma y la observación, que mi pecho se inflaba en cada inspiración haciéndome más flotable. Cuando expiraba….mi cuerpo se hundía lentamente, mis orejas empezaban a sumergirse pero antes de que mis ojos se inundaran, mis pulmones acudían en mi ayuda y me sacaban a flote. Pasé mucho tiempo así descubriendo la naturaleza humana y la calma en el corazón. …cuando me di cuenta, un chico me observaba hipnotizado.

DSC08488 DSC08490 DSC08486 DSC08489 DSC08491

Rosita estaba muy preocupada por una situación familiar, una de sus primas se encontraba muy enferma con síntomas raros. Vomitaba sangre sólo los martes y los viernes. Tras varios análisis clínicos, no le habían detectado nada. Quería que le tirara las cartas. Allí, en una mesa con la candela encendida, se las leí. Me pagó 60 pesos y me agradeció con un abrazo la tirada. Volvimos parte del camino juntas paseando y contándome parte de su vida. Este encuentro fugaz, fue bonito pero a la vez, con muchas responsabilidad para mi.

DSC08493 DSC08494

Como a los artesanos les estaba funcionando ojo de agua, al día siguiente decidí parchear allí y probar suerte. Estuve gran parte de la mañana con el proyecto de escritura. Como era domingo, no había bus para ir al lugar. Intenté hacer RAI, pero nadie me subió al coche. Me hice la hora y media andando que me separaba de ojo de agua. Vi como en las numerosas casas, perros, gallinas y cerdos jugaban juntos. Gallinas que saltaban para atrapar la comida de una planta. Me crucé toda la bahía del lago con el madera a mis espaldas hasta llegar a la playa de santo domingo. Caballos y jeep atravesaban la arena. El paseo estaba mereciendo la pena. Allá, ya por carretera, comí y me relajé en el río. Un poco más tarde llegaba muerta de calor y cansancio a la entrada.

DSC08458 DSC08449 DSC08456 DSC08462 DSC08523 DSC08521 DSC08526 DSC08531 DSC08534

En el camino de tierra, de nuevo los olores de la infinidad de  mangos maduros volviéndose a integrar con la tierra por descomposición, inundaban mis fosas nasales. Varios autobuses salieron. Me castigué por llegar tan tarde. Pensé que el que mucho abarca….poco aprieta. Tenía entre manos demasiados proyectos y eso hacía que no me dedicara plenamente, a ninguno de ellos. Dejé que el bicho me atacara por un momento y luego utilicé mi herramienta práctica para calmar y afrontar esta nueva situación viajera que tengo. Pagué la mitad que el día anterior, tan sólo 2$, por ser artesana. Llegué y puse mi mesa. Me hizo mucha ilusión porque era la primera vez que tenía una para mí sola. El lugar estaba medio vacío y no vendí nada. A cambio, un agente de inmigración me pidió mis papeles. Como era extranjera, no podía vender sin un permiso. Como no estaban de servicio, me dijo que diera gracias de que no me retuvieran mi pasaporte. Recogí mis cosas, al igual que los chicos y pusimos rumbo de vuelta por un camino más corto en medio del campo muy bonito. La salida a la carretera me regaló una maravillosa vista del enorme volcán concepción, bonitas flores y monos aullando en las copas de los árboles.

DSC08535 DSC08537 DSC08538 DSC08548 DSC08550 DSC08539 DSC08541 DSC08544 

No me apetecía nada caminar hasta el hostel, estaba muy cansada. Llegaría además muy tarde y aún me quedaba despedirme de los voluntarios, hacer la mochila y ducharme. Cuando dejé a Benja y Cata en playa domingo, me puse a hacer rai.  Apenas pasaban coches pero un pick up, con otros mochileros subidos, paró. Por fortuna, me dejó en la misma puerta del Zopilote. La primera vez en mi vida que hacía rai y la sensación fue memorable. De pie en la pick up, con el aire azotando mi cara, revolucionando mi cabello y el volcán concepción imponiéndose. El día siguiente, me tocaba madrugón, 4:30 de la mañana para agarrar el bus de las 5. Técnica de la foto para hacer de espejo y comprobar que puedo salir a la calle a por una nueva aventura….Allí, una pareja formada por un isleño y una austriaca, hacían el mismo recorrido que yo. El ferry, esta vez enorme, me regaló vistas de la isla. Poco a poco las nubes se desenredaban de los volcanes con nuestro caminar opuesto. En el embarcadero por 5$ cada uno, un buen señor nos llevó a la frontera en taxi. Nicaragua tocaba a su fin y empezaba la cuenta atrás para llegar en un mes a Lima, Perú, donde me reencontraría con mis niñas.

DSC08553 DSC08554 DSC08568 DSC08571 DSC08573 DSC08560

Un comentario en “Nicaragua: mala onda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s