Costa Rica: viva la cultura!

La coquerita, Capurganá – Colombia, 15:00 martes 9 de julio 2013

Estoy sentada en unas rocas en una piscina natural de agua salada. A mi lado las olas del mar rompiendo. A mis espaldas, a tan sólo unos pasos, una poza de agua dulce de río. Primer día real de descanso y desconexión después de haber salido el 1 de julio de la isla ometepe, Nicaragua.

Llegué a Peñas Blancas, la frontera de Nicaragua con Costa Rica el 1 de julio a las 9 de la mañana. Cambié mis córdobas sobrantes por colones. Por 1.140 córdobas, me dieron 23.500 colones. Parecía mucho pero al poco me di cuenta del poco dinero que significaba. Salir de Nicaragua me costó tan sólo 2$ y apenas 2 minutos.

Entrar a Costa Rica no fue tan fácil. Tras la salida de Colombia, tienes que recorrer a pie, con el equipaje a cuestas, los 15 minutos que te separan de la oficina de inmigración costarricense. Con el calor y el peso, suponen minutos infernales. Había una cola enorme, de al menos, 50 personas. El sudor calaba todo mi cuerpo y ni el abanico, conseguía darme consuelo. Un poco más adelante, reconocí al chico que me había comprado la pulsera en la isla. Mi curiosidad me pudo y no me quedé tranquila hasta ver que seguía en su mano.

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Delante de mí, unas estadounidenses dijeron que si no tenías un billete de salida de Costa Rica, avión o bus, no te dejaban entrar al país. Por supuesto, yo no tenía nada. Hábilmente, Ticabus, está en la puerta vendiendo boletos por 25$, managua – san josé, para cumplir con el requisito exigido. Los turistas los compran para pasar la frontera sabiendo que jamás utilizarán el servicio. Yo tenía claro que después de San José, me iría a la ciudad de Panamá. La señora de atrás, me guardó el turno, mientras salía a preguntar a Ticabus si cubrían el trayecto que a mí me interesaba. Vendían el servicio por 42$ con fecha abierta para confirmar. Volví a la fila pensando que, si el oficial de inmigración me pedía algo, saldría a comprar el boleto. Estando en San José, tal vez podría encontrar una forma más barata de llegar a la ciudad de Panamá. Mientras esperaba en la fila, mi cabeza empezaba a elucubrar mil excusas ante la autoridad de por qué no tenía un billete de salida. Me inventé un viaje con Pablo, mi couch de San José, y que él tenía los boletos. Incluso pensé que le propondría al funcionario que llamaran a Pablo, sabiendo que no lo harían. Tampoco me podía imaginar la reacción de Pablo si recibía una llamada de inmigración de la que no iba a entender, nada de nada. En esas elucubraciones estaba cuando llegó mi turno. Al chico de al lado le mandaron a comprar un boleto de salida.  El funcionario cogió mi pasaporte, pagué los 3$ de tasas requeridas, hizo el registro y me dejó ir sin hacerme preguntas ni pedirme nada. Muy contenta pasé mi equipaje por la banda mecánica para acabar el control, prueba superada!

Tip nº 96: Frontera de entrada a Costa Rica

Para pasar a Costa Rica, hay que pagar 3$ de tasas, al menos, en el puesto fronterizo de Peñas Blancas. Si no quieres tener problemas con la entrada a Costa Rica y no tienes un boleto de salida del país, haz una pre-reserva de un avión que nunca confirmarás. Con un plan de viaje y una reserva de avión, inmigración te deja pasar. Otros viajeros me dijeron que si no la tienes, los oficiales te piden que muestres que llevas 100$ en efectivo. Lo que yo viví es que, o te dejan pasar sin pedir nada o te piden boleto de salida. Hay páginas de viajes que te permiten hacer pre-reservas de avión que tienes que confirmar en 24h para hacerlas efectivas. Si te quieres ahorrar los 25$ de ticabus, utilízalas.

Busqué el autobús más barato para ir a San José, la compañía Deldu por 4.600 colones, 9$ casi 8€. A las 11, ponía rumbo a la capital de Costa Rica. Llegada prevista a las 16h-17h. Allí me esperaba Pablo, mi host de couchsurfing.

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El trayecto de bus fue tranquilo atravesando zonas y más zonas verdes. Dejaba atrás, los preciosos parques naturales de Costa Rica. Atrás de mí se sentaba una nicaragüense que vivió 15 años en Barcelona. Era pintora, escultora y actriz. Hablaba en susurros, tenía unos ojos grises preciosos y me transmitía mucha paz. Iba a visitar a su familia de Costa Rica. Me contó que echaba de menos sus amigos españoles y que nunca consiguió, volverse adaptar a acá. Reviviendo mi vuelta a España, podía acercarme un poco a lo que sentía. Según me explicaba, el turismo en Costa Rica había disminuido como consecuencia de un incremento de precios y una mala gestión de los parques naturales en manos privadas. Me indicó como llegar a Pavas, el barrio donde Pablo vivía. En el aeropuerto se despidió de mí deseándome buena suerte.

Eran las 17h cuando los buseros, haciéndome un favor, me apearon junto a la parada de bus para Pavas. Una señora se ofreció a acompañarme e incluso me dejó llamar a Pablo con su celular. En menos de 30 minutos, estaría allí. Bajé en la embajada americana, siguiendo las indicaciones de Pablo. Allí, tuve que preguntar de nuevo a una señora por la dirección exacta. Estaba anocheciendo y me acompañó amablemente hasta que di con una casa que coincidía con la descripción que me había dado Pablo.

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Toqué el timbre y allí estaba él. No lo esperaba porque me dijo que saldría de trabajar a las 8 ó 9 de la noche. Un dolor de estómago me ayudó a disfrutar de su compañía. Conocí a Ana, su mamá y a Sofi, su sobrina. Sofi, Pablo y yo estuvimos hablando de mi viaje y de otro que él acababa de realizar por parte de sudamérica. Pablo tiene 31 años y es filósofo. El primero que conozco en mi vida. Da clases en una academia para preparar a los estudiantes a una prueba especial que tienen para el acceso a la universidad. Lo que más me impactó del acento de acá, es como pronuncian la r. Lo hacen como lo haría un americano con un mal español. No es influencia de estados unidos pero es muy gracioso escucharlos. Casi inevitablemente, repites como ellos cuando pronuncian una palabra que empieza con r. 2 perros y 3 gatos completaban el círculo familiar. Me ofrecieron te y agua. Al poco, apareció su cuñado, su hermana Vanesa y el gran Pachico, el cabeza de familia.

Cada uno cenaba conforme le apetecía y yo, me uní al turno con Pablo, Vanesa y Sofi. Plato típico costarricense, arroz con pollo y frijoles. Era increíble como me trababan, parecía un miembro más de la familia. Casualmente, Sofi también hacía artesanía de abalorios. Intercambiamos trucos y ella y su mamá, me compraron las 2 mejores piezas que tenía por 24$. Me sentía mal porque les enseñé el trabajo sin ninguna intención. Se empeñaron en comprarme a pesar de que yo me negaba. Me estaban abriendo las puertas de su casa y no me parecía ético venderles artesanía. Aunque les rebajé el precio, me sentía culpable pero al mismo tiempo, muy contenta de que fueran ellas, las que se quedaran con aquel trabajo que había tejido con mis manos.

Pablo no iría a trabajar al día siguiente y empezó a diseñar planes para pasar el día juntos. Cuando aceptó mi solicitud de sofá y me contó que estaba muy ocupado, no pensaba que aquella experiencia iba a marcarme pero en tan sólo unas horas, agradecí que couchsurfing existiera porque me había permitido conocer a una buena familia. A pesar de la mala cara que tenía Pablo por su enfermedad, me alegré enormemente que le atacara cuando yo llegaba. Podíamos ir al día siguiente a la naturaleza o, visitar san José. A los dos nos apetecía más la primera opción pero yo estaba sumamente cansada y él, enfermo. Lo decidiríamos al día siguiente según el estado de salud de Pablo. Me fui a mi cuarto y medio dormí, por culpa de la alergia, en el sofá que había preparado para mí. Como era chiquita, ni tan siquiera le pedí a Pablo que lo hiciera cama. Al día siguiente, tras un generoso desayuno con cereales y leche, decidimos visitar San José y hacer unas gestiones en la universidad que Pablo tenía que hacer. Por la noche, para agradecer todo lo que estaban haciendo por mí, prepararía unas tortillas españolas para la familia al completo.

A pesar de que Costa Rica se conoce por sus maravillas naturales, contradicciones de la vida, yo he disfrutado de su cultura! Paseamos por el centro y a las 12:30 fuimos al teatro, a la sesión de mediodía. Una idea genial para personas que trabajan. Una sesión a 1.500 colones (3$) que da oportunidad a los nuevos artistas. El teatro era precioso y la sala estaba repleta. Vimos rapsodia, un espectáculo de música en directo y danza. La primera vez que veía algo así.

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Salimos y nos dirigimos a la universidad. En un pequeño restaurante comimos unos raviolis exquisitos, casi 6.000 colones (12$). Agradecí que el lector de tarjetas no funcionara porque sino Pablo me hubiese invitado. Costa Rica es muy caro, nada que ver con sus países vecinos norteños. Aunque hubiera dispuesto de tiempo, me hubiese sido casi imposible costearme la estancia aquí sin trabajar en algún lugar.

Paseamos por todo el campus viendo la Costa Rica más moderna, la de los estudiantes de la capital. Constaté lo que había llamado mi atención el día anterior, la cantidad de personas con los ojos claros que había en San José. Pablo se encontró con varios amigos y pude escuchar esa frase que tan conocida es en el mundo entero, “pura vida”. La utilizan para saludarse y en otros contextos. Me parece muy bonita y más, escuchado entre tan buena gente. Aquello parecía una clase intensiva de cómo hablan los josefinos (nacidos en San José). Por ejemplo, el colocho es el pelo. Utilizan “mae” como el guey mexicano o nuestro tío. Lo utilizan muchísimo, cada 3 ó 4 palabras hay un “mae” fijo. Volvimos al barrio en un tren que funcionaba lentamente a puro bocinazo. Pablo me decía, que al menos, no eran tan caballo como los conductores de buses. No pude evitar una carcajada porque en costa rica tienen más categoría que nosotros al sustituir burro por caballo en esta expresión!  Como en argentina, también tienen el “vos” como pronombre personal. Me lo recordó una pintada que vi en la pared rezando…”si sos onesto…”. “di que hay” o simplemente “hay” lo utilizan de muchas maneras como el “orale” mexicano. “Al chile” es una expresión que significa, que no hablan en serio. “al gusto” es lo que responden cuando agradeces las cosas.

Llegamos al barrio. Compré lo que necesitaba para las tortillas en el super y nos dirigimos a casa. Eran las 19h. Durante todo el día, Pablo y yo, hablamos sin parar y en seguida nos sentimos conectados. Es como si nos conociésemos de antes. Amigos desde hace años. Filosofía, vida,  sentimientos, situación actual, psicología, ayahuasca y búsqueda interior, ocuparon gran parte de nuestras conversaciones. Tanto él como yo, estamos en ese proceso de cambio de vida y conocimiento personal, que nos hizo entendernos a la perfección. Las horas volaban a su lado.

Al llegar a casa, Pablo pelaba las patatas mientras yo me ponía manos a la obra con la tortilla. Cocinábamos, hablamos y me hacía escuchar música. Cómo me gusta cocinar de esta manera! Cuando acabó, di descanso al ayudante enfermo y en hora y media más, la cena estaba lista. Pablo tuvo que ayudarme a voltear la sartén porque era muy pesada y mi muñeca no resistía el peso. Ya se puede decir que ha aprendido uno de los pasos más complicados de la tortilla, el volteado. No se le daba nada mal! Cada miembro de la familia, había visto la preparación del plato en distintas fases, así que con un poco de suerte, podrían replicar el resultado. Todos esperaban ansiosos el resultado. Con la generosidad que me venían demostrando, acompañaron la tortilla con un par de botellas de vino tinto chileno. Junto con la tortilla, preparé una ensalada de lechuga aderezada con aceite de oliva y sal. Cena al más estilo español!. Nos acabamos todo en un abrir y cerrar de ojos. Me felicitaron por la comida y yo, les agradecí profundamente lo bien que me estaban acogiendo. La discusión, mientras estábamos en la mesa, era amena y no paraban de contarme cosas sobre la educación y su situación personal. Me sentía muy afortunada de haber dado con esta casa. Todos querían que me quedara y hacían planes para llevarme a su casa de limón, en el caribe. O tal vez, hacer una caminata por la montaña con Pachico. Era realmente una pena que me tuviese que ir tan rápido.

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La segunda noche dormí mejor que la primera. Por desgracia, Pablo tenía que volver a trabajar pero Pachico no me dejó sola. Era miércoles y supuestamente, día gratis para visitar los museos. Siguió enseñándome San José, la hospitalidad de su pueblo y su alta generosidad. Juntos, fuimos a comprar mi billete de bus para Panamá. Después, cruzando el área roja, como él la llamaba, visitamos el mercado central. Se lo conocía a la perfección y me indicaba qué puesto era el mejor dependiendo de la cosa que querías comprar. Era un mercado muy ordenado, limpio y con absolutamente de todo. Vi por primera vez un uso del coco hasta ahora desconocida. Un saca brillo para el suelo! Me invitó a tomar una resbaladera, un batido parecido a la horchata a base de jugo de arroz, cebada y canela. Estaba delicioso.

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Al salir, nos dirigimos al museo del oro. Era gratuito sólo para nacionales. Pachico me invitó, 5.000 colones. Él ya lo conocía. Con su ayuda y los paneles informativos, disfrutamos de este museo didáctico muy bien montado. Tenía piezas impresionantes, de las que aún pudieron rescatar, del gran saqueo español. Aprendí también que en el siglo XIX en Costa Rica no había un banco central y cada banco emitía sus propios billetes. Las grandes fincas también tenían una moneda de pago interna con la que pagaban a los asalariados. Con esa moneda, se podría comprar comida en determinados establecimientos. Así, todo el dinero no salía de manos avariciosas. Fuimos al de jade y más de lo mismo. No le permití que me pagara la entrada de nuevo y asumí el coste. Era pequeño y lo recorrimos relativamente rápido.

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Al lado del museo había un bonito lugar donde Pachico quería llevarme a almorzar. Por supuesto, no me dejó pagar y los dos nos deleitamos con pescado. Como era habitual en mí, bombardeé a Pachico a preguntas y él, que es un buen orador, estaba encantado de responderme. No sólo fue generoso en lo monetario, también en las historias personales que me contaba. Ejerció durante muchos años de juez y le estuve preguntando sobre como se sentía cuando no podía condenar a alguien por falta de pruebas y él, tenía la intuición de que era culpable. También hizo de fiscal y le tocó defender casos de clara culpabilidad ganándolos. Me intrigaba mucho su visión y me hizo comprender lo importante que es la profesionalidad en estos casos y como uno, tiene que dejar de lado sus ideas y convicciones. Hablamos de religión, valores y fe. Me habló de su Ana querida y de sus hijos. Me contó la felicidad que le aportó retirarse del mundo laboral y cómo la montaña, con sus caminatas, le dan tanto sentido a la vida que tiene ahora. Es un hombre fantástico lleno de vitalidad. 

Me dejó a las 15h en la puerta de la oficina de Pablo con un tratado que ha escrito para sus nietos, “porque el abuelo es ateo”. Sólo él podría escribir una cosa así.

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Me quedé sentada en un banco tejiendo hasta que Pablo, se me escapó. Tuve que llamarlo y hacerlo retroceder sus pasos para reencontrarnos. Vino con un amigo. Nos fuimos a tomar un café, que de nuevo, no me costó nada. Sentados en una mesa, hablábamos de sueños, señales y me hicieron entender, lo especiales que eran. Me sentía segura con ellos y no me costaba mostrarme como soy opinando de lo que les pasaba. Nos fuimos a un parque a seguir con la conversación y ya solos, Pablo y yo nos fuimos a un local a ver un espectáculo de stand commedy. Tenía que haber contado las veces que los tres comedistas dijeron mae, fue algo increíble! Tomamos chelas, hamburguesas y nos reímos un montón. La verdad es que no quería que la velada se acabara ni tampoco, mis días allí. A veces me preguntó si debí quedarme más tiempo. Espero poder reencontrarme pronto con esta familia y en particular con Pablo, para seguir disfrutando de la vida y de la magia de reconocer a un desconocido.

Regresamos a casa y casi todos, estaban durmiendo. Allí comenzaron las despedidas de esta maravillosa familia que ya empezaba a querer. Gracias amigos por todo. Ana energía para lo que queda por enfrentar y ojalá, pudiera tener yo un poco de la fuerza que tiene. Pachico, el hombre de las mil historias. Vanesa, inteligente, cariñosa y brava. Sofi, un regalo de la naturaleza, por dentro y por fuera. Mi querido Pablo, los dos abrazos de despedida me supieron a poco y sentí que estaremos conectados para siempre. Guapo por fuera y más aún, por dentro. Gran mundo interior y un corazón enorme. Espero nos podamos volver a encontrar, en esta vida o en cualquier otra.

El jueves 4 de julio a las 10 de la mañana me iba de casa para la estación de Ticabus. Mi próximo destino, la ciudad de Panamá a la que llegaría a las 5 de la mañana del viernes 5 de julio.

Tip nº 97: Fiebre amarilla para entrar a Costa Rica

No puedo confirmar que esto sea así. Transmito lo que una chica española me contó. Cuando se viaja desde Sudamérica hasta Costa Rica, pasando por Panamá, te exigen que tengas la vacuna de la fiebre amarilla para entrar. Sino presentas tu carnet con la vacuna, te exigen que te quedes en Panamá 10 días antes de entrar en Costa Rica. Mucha gente se queda en la frontera, por no pagar más viaje, y muchas veces son sitios donde no hay nada que hacer. Mi consejo, a parte de la cuestión de prevención, es ponerse todas las vacunas necesarias y aconsejables, antes de salir de casa para evitar este tipo de problemas.

2 comentarios en “Costa Rica: viva la cultura!

  1. Holaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!! Se me dibujo una sonrisa (con la r marcada) demasiado enorme al leer estooo!!! Espero montones el momento en que vuelvas! Un abrazoooooote!

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