Perú: energía pura

9:00 de la mañana, viernes 9 de agosto 2013

El surf, el reencuentro con nuevos amigos y disfrutar de mis queridas María y Eva, han marcado estos primeros 10 días en Perú.

La primera semana ha sido un remanso de paz, buena vibra y carga energética en la casona de Lobitos. Oscar me dejó un neopreno y su longboard para surfear. Fue muy gracioso porque el primer día que lo utilicé, me lo puse completamente al revés. Lo de dentro, afuera y lo de detrás, alante. Cuando estaba haciendo mis ejercicios de calentamiento en la playa, una amable señora tuvo la gentileza de mostrarme mi torpeza. El agua estaba congelada, a unos 17º y después de tres días, conseguía desplazarme por las espumillas de las olas. De nuevo sensaciones de conexión con el mar y adrenalina a flor de piel. Simplemente adictivo. Surfeaba a medio día, con la fuerza del sol pero aún así, era todo un logro llegar a la parte de la playa por donde entrar debido al fuerte viento y su choque contra la tabla. Un viento que enfriaba el ambiente por el día y lo congelaba por la noche obligándome a cubrirme con todas las capas de abrigo que tenía. Un día, con mucho sol aparente, me bajé a la playa a tomar el sol en bikini. Apenas aguanté un par de horas por el frío y la arena azotándome la cara. Lobitos es perfecto para surfear, cualquier tipo de nivel y desde el primer día, me sentí segura en sus aguas. El último día, con marea baja, el agua estaba algo más caliente y después de surfear, me animé a sumergir mi piel en mi estimado pacífico. Una delicia y tratamiento de firmeza estupendo!

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En la casona, conocí al administrador Kala, un argentino de 40 años surfista desde hacía 20 y según Oscar, con los primeros síntomas de la enfermedad de la casona. Jorge y Alicia son los socios de Oscar. Una pareja limeña muy buena onda que me han tratado muy bien. Jorge es un excelente cocinero y me deleitó con su ceviche gay para los que no amamos el picante y una degustación de choritos a la cholaca, un mejillón con un picadillo ligeramente picante. No probé su famosa leche de tigre, ceviche concentrado que según ellos, podría levantar a un muerto. En la casona coincidí con voluntarios que trabajaban allí. Entre ellos, una perla, Anissa. Una francesa con la que he compartido conversaciones profundas de la vida y la energía. Me dio contactos en Perú de una ONG de Pisco con la que trabaja y otro en la selva para meditar y trabajar desconectada de la sociedad sin luz ni agua corriente. La selva me parecía un buen plan para relajarme después del mes de voluntariado con niños en Cusco. A cambio de tanto cariño, consejos y dulzura, Anissa se llevó en su muñeca una de las pulseras que más le gustaba. También le regalé a Alicia unas pulseras que me encargó como agradecimiento por lo bien que me habían acogido.

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La casona es un edificio de 100 años construido por un príncipe de Inglaterra. Junto con Brasil, este príncipe pasaba sus días con una bella vista al pacífico sobre un cerro. En el medio del mar, desde el porche de la casa, se avistan plataformas petroliferas, surfistas y skysurf en los días de viento. Después, Lobitos se convirtió en un asiento petrolero y de la nada, en medio del desierto, crearon un pueblo inglés de tejados rojos y barandas blancas. Allí se podría encontrar productos procedentes de Inglaterra que ni tan siquiera se podrían encontrar en Lima. También Lobitos albergó el primer cine en Perú. Poco queda ya de todo este glamour. Más tarde, el gobierno lo expropió a los ingleses y lo convirtió en zona militar. Poco a poco el pueblo se fue abandonando y las casas se caían. Cuando los civiles entraron, empezaron a ocuparlas en concesión del ejército. Así Oscar se hizo con la casona y la convirtió en un hostel de surfistas lleno de voluntarios buena onda, colores en las paredes y antigüedades en las estanterías. Hace un año, el alcalde de Talara, utilizando la extorsión y la violencia, intentó quitarle la casona a Oscar. Pese a que decenas de militares armados, encabezados por el capitán, tocaban a su puerta para coaccionarle que dejara la casona, Oscar resistió las embestidas con entereza, humor y paso firme. Lo llamaron ministros y hasta llegó una orden del presidente de la república de Perú. Oscar no se amedrentó y siguió manteniendo la casona como su concesión le otorgaba el derecho. El alcalde corrupto, bajo previo pago, prometió la explotación de este maravilloso lugar a un tercero y montó un circo. La jugada le salió mal. Gracias a eso y a la templanza de Oscar, pude disfrutar una semana de este maravilloso lugar lleno de historia. Cuentan que hasta Fujimori se ha hospedado aquí. Todavía quedan cosas originales como la estructura, las ventanas, su sistema de cerrado a base de poleas y pesos, el suelo, los baños y el techo.

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Estábamos en el desierto con un problema enorme de agua y todo se hacía usando cubetas. Tomarse la ducha era un horror con la regadera de agua fría y el clima ventoso. A pesar de eso, fue una semana muy linda. Me impactó mucho el camino para llegar allí. Oscar me recogió en la estación de bus y en su camioneta, llegamos a Lobitos. Cruzábamos el desierto y lo único que veíamos eran máquinas extractoras de petróleo en el paisaje. Se desvió para enseñarme un terreno que le pertenecía en el que antes, había una casa. Hacía viento y frío pero aquel lugar respiraba paz y energía por los cuatro costados. Había dunas de arena y la soledad estaba en cada rincón. Nos acercamos al mar y me quedé maravillada con el paisaje de rocas que parecían pertenecer a otro planeta. Oscar me contaba que le gustaría construir allí una casa sin agredir el paisaje para que se convirtiera en su guarida. Era un sitio realmente especial.

El mismo día que llegué, fui a comprar comida en el supermercado de Talara para toda la semana. Entre las cosas que compré, la fruta granadilla que me aconsejó James en Puerto López. Una fruta difícil de describir pero realmente exquisita. Podía usar la cocina y preparé tortilla, berenjena rellena, pasta y sopita. Hice un reportaje gráfico de los pasos de la tortilla para poder mandarle la receta explicada a mi querida familia josefina de Costa Rica. Hacía y vendía artesanía, me comunicaba con mi gente con el lento internet y leía la novena revelación. Un libro que me aconsejó Patricia en la isla ometepé, Nicaragua. Al igual que el libro “las mujeres que aman demasiado”, éste, también me estaba dando una nueva visión y ayudando a seguir adelante con mi camino que cada vez se hace más lindo de recorrer. Las puestas de sol, con la enorme esfera en el horizonte sumergiéndose en el mar y las coincidencias, han envuelto mi semana acá.

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También hubo tiempo para las chelas con los voluntarios, el vino, rememorar tiempos y veladas chacahuenses junto con Oscar. Hasta un día disfruté de un show de payasos para una fiesta de cumpleaños. Era maravilloso verlos improvisar en aquel escenario con el sol a sus espaldas y los niños embobados. Oscar Tuvo mucho trabajo en su empresa de muebles pero las 2 noches que pasamos juntos, fueron suficientes para seguir conociéndonos y compartiendo experiencias vitales bajo el manto estrellado, la calma y la conexión.

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El lunes 5 de agosto, fue mi último día en lobitos. Por la mañana, Oscar me llevó a unas cuevas muy especiales en una zona llamada Capullanas. Nos perdimos varias veces por los innumerables caminos de tierra que hay que conducen a cientos de extractores de petróleo. La marea estaba alta y no pudimos entrar en la más sagrada. Los marineros nunca se acercan a ella porque dicen que de ahí salen barcos fantasmas cargados de oro. Es una zona muy común de avistamientos de ovnis y se celebrar reuniones sagradas debido a la carga energética que muestra el lugar. Dicen además, que es imposible filmar nada allí porque los aparatos no funcionan. Las brújulas, tampoco. Estuvimos escalando por encima de las piedras ayudándonos de cuerdas que llevaban allí años. Desde allí, se veían las cuevas y las formas imposibles de las piedras. Parecían de otro planeta. Fue un paseo precioso que disfrutamos muchísimo.

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Volvimos a la casona a recoger mis cosas. Sentados en el tejado original de la casona, con dos cervezas en la mano, admirábamos el océano y me dejaba penetrar por la brisa del lugar. Apuraba los últimos minutos de mi estancia allí. Su lectura de cartas nos demoró más de la cuenta y casi pierdo el autobús a Lima. Llegamos 2 minutos antes de su salida!

Tardé 19h en llegar a Lima pero viajar en la compañía Cruz del sur, era incluso mejor que hacerlo en el avión. 115 soles (31€) el pasaje, incluía cena, desayuno, mantita y almohada. Me pusieron 3 pelis, 2 reportajes y musiquita. Para mi bienestar, no hacía frío polar. Para poder embarcar tienes que presentar tu pasaporte y cuando todos los pasajeros están sentados, un empleado pasa con una cámara registrando todas nuestras caras. Era surrealista. Hasta había un mensaje como en los aviones explicando las medidas de seguridad y las salidas de emergencia. Sólo hubo un momento crítico. No había tenido tiempo de comer y estaba hambrienta. Esta compañía no hace paradas y tuve que esperar a la hora que sirvieran la cena. Eran casi las 8 de la tarde cuando me sirvieron un refrigerio que consistía en una manzana y un zumo. Miraba las bandejas de comida de mis compañeros y no entendía. La azafata me indicó que en mi reserva en internet había indicado esa comida. Yo había indicado cena regular, codificada en la página como Cena Re, lo que para ellos significaba, refrigerio. Casi se me saltaban las lágrimas. Las comidas estaban contadas y no podían ofrecerme nada más. Ante mis pucheros y mi hambre atroz, la azafata me indicó que si alguien no quería su cena, podían darme su porción. Volvió a los 10 minutos, cuando mi refrigerio ya lo tenía en mis pies, con un menú vegetariano.

Casi le abrazo de la alegría que me dio. Después de tener el estómago bien lleno, me dormí. Llegué a Lima a las 11 de la mañana y andando, me dirigí hasta el hostal donde se encontraban las chicas. 45 minutos con las 2 mochilas a cuestas. A las 12:30, estaba en la recepción del Kokopeli. 33 soles la noche en el dormitorio común. Habían gestionado mi reserva y sin hacer el checkin, subí a la terraza a reencontrarme con ellas. No había estado nerviosa y pensé que no me emocionaría. Pero al verlas, una alegría extrema, gritos, abrazos y lágrimas se arremolinaron en mí. En seguida estábamos conectadas como si no hubiese pasado 7 meses desde que las vi. Como si no hiciese más de un año que viajamos juntas a Tailandia.

Estuvimos un día y medio en Lima pero podríamos haber estado, en cualquier sitio en el centro de Madrid. Lo pasamos con Vanesa, una amiga peruana de María y Raquel, una amiga madrileña de Eva. Comimos en un buffet riquísimo de comida peruana llamado  Rustika. Paseamos por el bohemio barrio de Barranco, el moderno Miraflores y tomamos cuzqueña en un garito con solera. Una velada entre chicas!

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Por la noche, nos encontramos con 2 franceses que yo había conocido en Lobitos. Estuvimos conversando. Allá, yo me tomé mi primer pisco sour, una bebida refrescante y rica a base de la bebida nacional, el pisco. Al día siguiente visitamos tiendas de artesanía y agarramos un bus a Paracas en compañía de uno de los dueños del hostel Kokopeli. Nos volvimos a instalar en otro kokopeli gracias al 20% de descuento. Salimos a cenar para celebrar el cumpleaños de Eva. Pescado, pasta y conchas a la parmesana. Bueno, bueno. Si seguimos así, en 3 semanas nos caerán unos cuantos kilos encima.

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Al día siguiente y por 60 soles cada una, hicimos las 2 visitas obligadas del lugar, islas ballestas y el parque natural de Paracas. Las islas se visitan por 30 soles en lancha. Cuando llegamos al embarcadero no dábamos crédito de la gente que había. La noche anterior no nos habíamos encontrado apenas gente y de repente, cientos de personas estaban esperando su turno para montarse en las lanchas. Por el camino, pudimos ver un candelabro, parecido a las líneas de nazca, grabado en la tierra de apenas 3cm de profundidad que lleva allí siglos. Las islas se rodean con una embarcación mientras ves miles de pájaros sobrevolándote en grandes bandadas, parados en las escarpadas rocas y cagándose sobre nuestras cabezas. Por mucho tiempo, la mayor fuente de ingreso del Perú fue el guano, las cagadas de los pájaros, considerada como la mejor fuente de abono del planeta. Las rocas estaban blancas de guano mirases donde mirases. Fui increíble ver pingüinos y leones marinos. Los machos tenían la cabeza muy similar a un león terrestre. Estaban tan cerca que disfrutamos de este regalo natural.

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El parque natural era una península de tierra con dunas que se adentra en el pacífico. Las dunas las imaginábamos de arena blanda pero cuando caminábamos por aquellos parajes, eran duras como rocas. Playas de arena roja, fósiles marinos, dunas de duro suelo, acantilados y un picnic con bocadillos de atún deliciosos.

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Tip nº 108: visita al parque natural de Paracas el taxi 

Muchos hoteles y agencias, ofrecen un tour para visitar el parque natural de Paracas. En nuestro caso, pagamos 30 soles cada una. El problema del tour, es que todo lo haces bastante rápido y no tienes opción de quedarte sentado sintiendo el paisaje el tiempo que quieras. Por eso, es aconsejable agarrar un taxi y pagarle por horas. Te llevará donde quieras y podrás disfrutar de este maravilloso lugar. En nuestro caso, al ser 3 personas, nos hubiese salido incluso más barato que los 90 soles que pagamos por el tour.

Volvimos a Paracas, nos tomamos un helado e hicimos las primeras compras en los puestos de artesanía. Nos enteramos al llegar al hostel que no podríamos visitar al Joan. Por casualidad, el barco en el que trabajaba, andaba por aguas peruanas pero no conseguimos los permisos para entrar al puerto en el que se encontraba. Hubiese sido increíble volvernos a reencontrar los 4.

Buscamos la manera de visitar las líneas de Nazca y viajar al cusco al día siguiente. Difícil comprar un billete de bus por internet y tras una llamada telefónica entre risas, conseguimos una prerreserva. Chicas, nos decía el chico de la recepción, “no se asusten si cuando lleguen a Nazca no tienen sus boletos”. Sin mucha preocupación, nos cocinamos una rica ensalada de pasta. Tras leer dos páginas digitales, nos dormimos.

Vamos ahora camino de las líneas de Nazca y todo fluye. Todos nos ayudan y tenemos los billetes comprados para el cusco con la compañía Palomino a las 19:30. Resulta muy fácil viajar en Perú y más aún, acompañada de la buena vibra de las chicas.

2 comentarios en “Perú: energía pura

  1. Hola guapa alucinantes las fotos de las más bonitas que han colgado. No esperaba que Perú fuera tan bonito. Me ha gustado un montón esta entrada. Un besazo enorme

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