Perú: tiempo de relajo y disfrute

Domingo 1 de septiembre 2013 

Tenía una semana de tiempo libre, desde que se fueron María y Eva, hasta que empezase el voluntariado en Cusco el lunes 2 de septiembre. Decidí pasarla en Lima. Varios artesanos, a lo largo del Perú, me habían indicado que el mejor sitio para comprar artesanía, piedras e hilos, era la capital. Además, podría reencontrarme con Oscar y con un poco de suerte, también podría ver a Peter, el polaco que conocí en Amantaní.

Fue una semana de relajo y disfrute en todos los sentidos. Junto con Oscar, pasé unos días muy divertidos e intensos. Él tenía que trabajar y nos encontrábamos para comer o pasear. Como limeño, me hizo degustar sitios espectaculares. En un restaurante, muy grande en el que sólo había locales elegantes, comimos a base de degustaciones. Aquello estaba para chuparse los dedos. Me encontré mucho más a gustito comiendo un bocadillo de chicharrón (corteza de cerdo) en la mítica sanguchería “el chinito”. Ahí, si que no se veía ningún turista. Me recordaba a los atestados bares de la latina en el que vas a comer comida rica y te vas. Con más de 50 años preparando esos bocadillos, habían conseguido un resultado maravilloso. El chicharrón estaba sumamente tierno y sabroso. Una noche, también fuimos a cenar a un restaurante chifa, uno de los más antiguos con 80 años. Nos reíamos viendo a los camareros que parecían tan viejos como el lugar!. Para hacer digerir toda la comida que ingeríamos, nos deleitamos con los mejores pisco sour de la ciudad servidos en copazas en el hotel bolivar y de vez en cuando, tequilas al más estilo mexicano.

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Por la noche frecuentábamos un local que encontramos por casualidad. Era un café teatro en el que tocaban música en directo y representaban obras. Íbamos de retirada cuando de repente, escuchamos una canción de sabina. En el momento, nos transportamos a las noches chacahuenses y nos animamos a entrar. Al poco, tocaron la canción que entonábamos Oscar y yo acompasados por la maravillosa guitarra de Pako en la palapa de Cirilo. ¿casualidad? No lo creo…Nos pasamos por allí la noche siguiente y le tocaba el turno a cantantes noveles. Era un sitio, en el bohemio barrio de barranco, regentado por los propios artistas. Fueron unos días de ocio completo, risa y muy buena vibra que incluyeron dos sesiones de cine con palomitas y todo!

Aprovechando que estaba en Lima, le mandé un mail a Peter. Casualmente, acababa de regresar a casa tras el tour con la familia polaca. El viernes 30 de agosto, quedamos en el parque Kennedy de Miraflores. De allí, nos fuimos a un sitio local a comer una sopa de gallina, plato de cuchara típico peruano. Empezamos a conversar de la vida. Y de nuevo, se produjo la misma conexión espiritual que en Amantaní. Él me contaba cosas y me daba muy buenos consejos. Yo le contaba lo confundida que me sentía en este momento de mi vida y los miedos que me invadían. Sin apenas hablar, él podía sentirlos. Nos fuimos más tarde a tomar un café y seguimos conversando. En aquella cafetería, me proporcionó un arma muy útil para no verme arrastrada al abismo por el contacto de personas de oscuridad. Habían pasado apenas 3h cuando llegaba el momento de la despedida. Le agarré las manos y permanecimos en silencio. Jamás antes había sentido tanta energía de nadie traspasándose a mi cuerpo. Fueron unos segundos que parecieron una eternidad. De nuevo, un encuentro místico que se cerró con un fuerte  y sentido abrazo en las calles de Lima.

Me encargué también de mis deberes de artesana y me gasté unos 100 soles en material (casi 30€). Me dirigí a la zona que me había indicado Wari. Estaba repleta de tiendas enormes de venta al por mayor. Compré muchísimas piedras de distintos tamaños. Entre ellas, turquesas, estramatolitas, jaspe rojo, madera fósil y serpentina,  la piedra nacional del Perú. Conseguí además, gracias a un tendero, una lima de hoja de diamante para ranurar más las piedras que apenas están marcadas. Casi todas las piedras, las venden para engarzarlas con alambre pero hasta ahora, yo las engarzo al estilo argentino con hilo encerado. Compré un par de ellas por un precio irrisorio. Aproveché el día de compras para visitar el centro histórico de Lima. Es un poco raro encontrarse edificios históricos preciosos al lado de modernas y feas construcciones. Una pena que la plaza no esté cortada al tráfico porque pierde gran parte de su encanto. Sin lugar a dudas, me quedo con el barrio “barranco” y el paseo al borde del mar en el que puedes perderte con el ruido de las olas y la potencia del pacífico.

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Con la cartera vacía, el stock lleno y mucha energía recargada durante la semana, dejé con algo de tristeza Lima.

Después de 8 meses sin hacerlo, me permití el lujo de pagarme un avión Lima – Cusco para el sábado 31 de agosto por 90$ para evitarme las interminables 22h de viaje en bus por curvas imposibles.  Cuando llegué al aeropuerto y pasé el control, mi mochila no pasaba los estándares establecidos. En ese momento pensé, “mierda, adiós a las 2 limas de hoja de diamante que me he comprado”. Tanto tiempo sin volar había hecho que olvidara facturar los elementos punzantes. El policía registró cada bolsillo de mi mochila. Abrió el estuche de la artesanía y no me quito ni las tijeras ni vio las limas. Aún así, seguía buscando. Yo pensaba que afortunadamente no perdería nada cuando, de repente, sacó mi navaja suiza. Casi me pongo a llorar. Me devolvió el estuche que la envolvía mientras yo no podía dejar de mirarla. Me había acompañado 13 meses y se iba a quedar allí, en una caja de un aeropuerto. Mi cara de pena debía ser un poema porque el policía me preguntó que me pasaba. Lo único que le contesté fue…¿todos esos elementos de la caja, se tiran o se reutilizan? Me quedó el consuelo de que mi navaja pasaría a otras manos. El vuelo de apenas 1h fue realmente bonito sobrevolando los andes.

Llegué a Cusco, tomé un taxi que me indicó que en el baratillo, un mercado que montan los sábados, podría encontrar un reemplazo material de mi navaja. Me llevó hasta el hostal mágico, el lugar que sería mi hogar durante el próximo mes de voluntariado. Se trata de un hospedaje asociado al proyecto. Parte del dinero que se recauda, va a ayudar a la escuela y a los niños. Ese fue el motivo por el que accedí a quedarme en este hostal ya que por recomendaciones, podría conseguir hospedaje más barato.

El sitio era muy bonito y me instalé en el dormitorio de 6 camas, el hospedaje más barato con el que contaba el hostal (550 soles el mes, casi 150€). Estaba bastante lleno y elegí la cama sobrante, de la habitación circo, que más me gustó. Todas las habitaciones del hostal tienen un nombre, cuento, circo, reloj, sastre…Está pintado de colores alegres, tiene una cocina comunitaria con mesas y bancos corridos, una sala de estar con sillones, tele, dvd y ordenadores. Los baños son compartidos y el patio central, es un buen sitio de encuentro para los huéspedes y voluntarios. Yanapay, un perro grande y de ojos tristones, pone el toque de cariño al lugar.

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Me pasé el sábado y el domingo dormitando y recuperándome de la semana agitada en Lima. No conocí ningún voluntario y esperaba con impaciencia que salieran los horarios para saber cual sería mi acometido el lunes. Los publicaron el domingo por la noche. Mi nombre no aparecía en el horario de la mañana. Como me había perdido la reunión de bienvenida de voluntarios el viernes anterior, decidí presentarme allí a las 8:30. Por la tarde, junto con otra voluntaria llamada Leah, llevaría la clase de arte para los yanapitas, niños entre 5 y 8 años. Para más tarde, me habían asignado la familia Intichaska, los más mayores de la escuela. Junto con Paloma, otra voluntaria que yo esperaba que tuviese experiencia en el proyecto, trataríamos el tema de los derechos de los niños con el objetivo de preparar un espectáculo de un par de minutos para el show que todos los viernes se presentaba.

La maquinaría había empezado a rodar….

Un comentario en “Perú: tiempo de relajo y disfrute

  1. Hola, que ganas de saber cómo transcurrieron los días en el voluntariado…las fotos de las piedras son muy bonitas menudos colgantes y pulseras habrás hecho. La verdad es que Perú me esta gustando un montón je,je. Un besazo enorme

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