Perú: Cusco da para mucho más

Combi Puno – Yunguyo, Jueves 24 de octubre 2013

Y no vayáis a pensar que las 7 semanas que pasé en Cusco, fue sólo trabajo. Pasaron muchas cosas más….

El primer domingo, el 8 de septiembre, tenía previsto hacer un temazcal llevado por Marian. Un temazcal es una sauna natural hecha en una especie de iglú con palos de madera que se cubren con hojas o mantas para conseguir un habitáculo cerrado, sin luz. Está construido sobre la tierra.

En el centro, un agujero, da cobijo a piedras calientes para conseguir el efecto sauna al rociarles con agua. No se trata de una simple sauna para eliminar toxinas sino de un ritual, el ritual del renacimiento. Por desgracia, por falta de hombre de fuego, el temazcal se suspendió. Tuvimos un plan B, junto con otros voluntarios y yanapay, el perro del hostal, ascendimos hasta el templo de la luna.

Tita, una señora costarricense de unos 50 y muchos años, nos acompañó. Guiados por Deivid por las estrechas y empinadas cuestas del bohemio barrio de San Blas, llegamos a una arboleda preciosa de eucaliptos. Estábamos encima de un cerro y teníamos unas vistas preciosas de Cusco. Yanapay disfrutaba como el que más después de estar en el hostel encerrado durante semanas sin salir. Durante todo el camino, Tita y yo íbamos juntas, acompañándonos.

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Una lección más, no hay que fiarse de las primeras impresiones. Cuando la conocí en el hostal, huía de ella porque me parecía que hablaba demasiado y yo necesitaba soledad. Pero que equivocada estaba! Flor o Tita, como todo el mundo la llama cariñosamente, es una mujer extraordinaria. En el camino descubrí una persona muy energética que me enseñó cosas muy bonitas. Me enseñó a crearme un espacio de protección para viajar tranquila y con seguridad. Me enseñó un saludo de los ancianos de Nazca y me hizo consciente de que la espiral, era un símbolo importante en mi vida que no paraba de aparecérseme. Con su “r” pronunciada a lo americano me decía “mira Montse que te está queriendo decir ese símbolo…”.

Seguimos caminando bajo un sol radiante y llegamos hasta el templo de la luna. Nos sentamos en las wakas, las piedras del templo que son como constelaciones de la tierra. Los chicos se bajaron junto al río mientras Tita y yo, nos quedábamos allí sintiendo y absorbiendo toda la energía. Fue un momento increíblemente potente que me recargó. Mientras estaba de pie dejándome llenar, un leve viento enfrió mi cara. Era Peter. Estaba allí, lo podía sentir claramente. De nuevo, un contacto con él fuera de lo normal…

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Nos unimos al grupo y mientras los demás hablaban, yo me quedé tumbada en el césped tomando el sol y descansando.

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Llegó el momento de volver y por el camino, hablé con Dan, un voluntario inglés con el que compartía dormitorio. Teníamos muchas cosas en común, un matrimonio fallido, un viaje, una búsqueda…Muchas más, de las que a priori podíamos pensar. Compartimos mucho y hablamos de nuestras experiencias. Sin lugar a dudas, un placer conocer a las personas fuera del proyecto Yanapay, porque todos, tenemos una vida que nos hizo deparar en el mismo lugar en el mismo momento.

Llegamos hasta el Cristo Blanco y allí, Tita y yo nos quedamos disfrutando de un músico del valle sagrado que hace años se vino al Cusco a trabajar. Tocaba música en los autobuses y ahora, lo hacía desde aquella magnífica vista. Nos deleitamos con un par de canciones y a pachas, Tita y yo le compramos el cd.

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Los chicos ya habían bajado hacia la ciudad. Tita y yo nos tomamos el tiempo de disfrutar del camino pasando por los alrededores de las ruinas de sacsayhuaman, o como muchos turistas las llaman, sexywoman.

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Llegamos hasta la plaza, era sábado y todavía temprano. Decidí acercarme al baratillo para encontrar una sustituta a mi navaja suiza. Tita se animó y quiso acompañarme. Nos tomamos antes un menú en un restaurante y al salir, nos deleitamos con los bailes de un desfile muy colorido. Pusimos rumbo al baratillo callejeando por las estrechas y abarrotadas calles. Le gente estaba en el suelo vendiendo sus pocos productos y todo el mundo deambulaba comprando. Con mucho cuidado, protegiendo nuestras pertenencias, llegamos al mercado. Se trataba de un rastro en toda la regla, como me imagino que sería el rastro de Madrid hace 30 años. Había muchas cosas de segunda mano. Podías encontrar lo que quisieses, ropa, decoración, tecnología, cables, tornillos, muñecas malogradas….de todo. Subimos la empinada cuesta hasta llegar al puesto que necesitaba. Compré una versión mejorada de mi navaja con tijeras por 30 soles (8€). No pude sucumbir a comprarme un prismático de un solo ojo y si me hubieran insistido más, me hubiese llevado un aparato espanta violadores a base de descarga eléctricas!

De bajada, Tita se compró una bonita alfombra por 50 soles que pondría en su restaurante de Costa Rica. Locas de alegría, con el corazón lleno y satisfechas por nuestras compras, regresamos al hostal. Ese fue el principio de una bonita amistad que por circunstancias duró demasiado poco.

Durante la semana siguiente, Tita y yo, siempre coincidíamos por las tardes en la cocina. Se nos unió una pareja de uruguayos maravillosa. Los cuatro pasábamos veladas de risas y confesiones. Tita había tenido una vida intensa. Nos la contó con lágrimas en los ojos y mucha fuerza. Vive en un pueblo muy pequeño y se casó para poder tener relaciones sexuales. Pero la jugada le salió mal. Se mudó a Panamá, de donde era su marido. Él era alcohólico y la maltrataba. Estaba fuera de su país, sola y apaleada. Vivió la época de la guerra en Panamá en la que no había comida para nadie y todos estaban encerrados en casa si no querían que un tiro les traspasara la cabeza. Decidió abandonar esa vida perra tras una paliza estando en avanzado estado de gestación. Nació su hija y se buscó las triquiñuelas para volver a casa sin que su padre pudiera reclamar los derechos de la niña. Volvió al pueblo en una zona cafetera de Costa Rica. Y allí, montó un restaurante. Tiene una casa donde acoge a muchas personas inmigrantes y viajeros con pocos recursos. Es tan buena, que a veces, tiene que pagar para que la gente se vaya. Es una revolucionaria y sus historias con los vecinos, no tienen desperdicio. Es una mujer de bandera y con un corazón, más grande que su pecho. Me invitó a visitarla y me decía, “Montse, en la casa que tengo, podemos montar una escuelita como la de aquí para los niños de allí. Vente”. Era una oferta más que tentadora. Sabía que si iba, no me faltaría de nada y podía seguir aprendiendo de la vida de mano de mi querida Tita.

Mucho después de que se fuera, a través de un sobrino que visitó Cusco, me mandó 2 paquetes de café ecológico de su cosecha. Estaba muy agradecida por haber conocido a un ser así.

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El miércoles 18 de septiembre, me reencontré en la plaza de armas con mi amiga MªPaz. Ambas, abandonamos nuestra querida España el mismo día, el 15 de enero. Ella emprendía la aventura de irse a vivir con su chico a Santiago de Chile y yo, continuaba mi aventura viajera. Nos conocemos desde que éramos unas niñas, creo que yo tenía 8 años. Veraneábamos juntas en Santa Pola, Alicante. Nuestra relación ha pasado por muchas etapas, con más y menos contacto. Con más y menos afinidad. Pero los últimos tiempos vividos, nos han unido más. Siempre será una persona importante en mi vida. No podía dar crédito que nos íbamos a encontrar en Cusco. Quedamos por la tarde – noche. Me senté en la plaza y los vi acercarse. Los habría reconocido allí o en cualquier otra parte del mundo. Nos fuimos a cenar al restaurante Yanapay. Nos pusimos al día de nuestras vidas. Tenía la impresión de que el tiempo no había pasado entre nosotras. Al día siguiente, se iban temprano a Machupicchu pero nos daríamos cita el sábado siguiente. Si se animaban, podían participar en el temazcal que tendría lugar el mismo día que empezaba la primavera.

Todos los astros se unieron para que tuviera un fin de semana espiritual. Muy conectada conmigo misma. El viernes 20 de septiembre, al terminar el show de los niños en la escuela, fui a un círculo de mujeres que Marian organizaba para las mamás de los niños de la aldea. En mi cabeza, iba de espectadora pero no me podía imaginar, que sería participante. Junto conmigo, Ronja, Alba, Sandra y Laura tintábamos el círculo de voluntarias en el que también participaban otras 3 mujeres bolivianas. Fue un encuentro de 2h cargado de mucha energía, emoción y conexión. No esperaba encontrarme con un espacio donde, como en las sesiones de arteterapia, todo estaba permitido. Por turnos y compartiendo, todas fuimos pidiendo algo. Adornamos con hilos el bastón de la palabra, nos bautizamos como diosas tras contar nuestra primera experiencia con la menstruación, nos escuchamos, nos entendimos, nos emocionamos y se crearon lazos femeninos que siempre nos unirán.

Con esa energía, de nuevo me reencontré con MªPaz y Francesco el sábado a las 11:50. Teníamos una cita, el temazcal. Las únicas cosas que teníamos que llevar eran una toalla, un traje de baño, fruta y un propósito. Olvidamos la fruta pero, nuestros compañeros de viaje, la compartieron amablemente con nosotros.

11 participantes, un hombre del fuego y Marian, como anfitriona de la ceremonia. Mientras el fuego se preparaba, comimos algo y nos introducían a lo que íbamos a experimentar. Hicimos ejercicios y cantos para conectarnos como grupo. Cada uno eligió una piedra en la que depositaría todas sus peticiones. Poco a poco, el hombre del fuego las fue colocando en las llamas para que se calentaran. Cubrimos el iglú con mantas hasta que, de dentro, sólo brotaba oscuridad. Eran más de las 2 de la tarde cuando todo estaba listo para entrar.

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Uno por uno entrábamos en el vientre de la madre después de la bendición que recibíamos de Marian. A mi derecha, tenía a Pepe, en la posición del búfalo, donde más calor hacía. A mi izquierda, mi amiga MªPaz. La puerta del temazcal se abriría 4 veces. En cada una de ellas, se añadirían más piedras al agujero cavado en la tierra sobre las que, Marian, arrojaba agua con hierbas. Estuvimos dentro casi 6h. Cantos, confesiones, peticiones, llanto, cosas que arrojamos al fuego que ya no queríamos que nos acompañasen más y cosas que recuperamos de la luz del mismo, que queremos que siempre nos acompañen. Recordamos y compartimos cada una de las etapas de nuestra vida. Todos rogamos por todos. Cada vez que se abría la puerta para dar entrada a nuevas piedras, el calor era más y más intenso. Por momentos, pensaba que no podría aguantarlo más. Allí, se reabrió una herida que pensaba que ya estaba cerrada. La muerte de mi papá. Sentía un dolor profundo en mi pecho y las lágrimas brotaban desde mi corazón. Pedí por mi propósito de formar una familia en el futuro y también, por que se cumpliese el de todos los demás. Me sentí desfallecer de calor y al abrigo de Pepe, podía respirar mejor tumbada en el suelo sintiendo el frescor de la tierra. Llegó el momento de renacer el mismo día en que la primavera hacía presencia. Afuera, ya todo estaba oscuro. Nos abrazamos uno por uno compartiendo un lindo enlace recién creado. Me sentía desfallecida, mareada y con nauseas. Algo normal después de un proceso así. El baño con cubetas de agua fría, restableció mis sentidos y pero brotó el cansancio en mí. Nos cambiamos rápidamente de ropa. Nos esperaba una sopa caliente al abrigo de la chimenea. Compartimos la experiencia con sosiego y nos retiramos a las 11 de la noche extenuados.

Me despedí de MªPaz y Francesco hasta el día siguiente, las últimas horas que pasaríamos juntos. Me uní con ellos el domingo a la hora de la comida. Apenas tuvimos tiempo de estar juntos pero estábamos muy contentos de haber compartido esos momentos tan lindos. Los acompañé a su hotel y con abrazos, nos despedimos.

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Me separaban tan sólo unas horas hasta mi próximo encuentro espiritual. A las 19h tenía una cita con Peter. Estaba en Cusco con unos turistas. Nos encontramos en la plaza de armas y tras un abrazo, buscamos un lugar al cobijo del frío del atardecer. Una cafetería nos dio refugio acompañados de un vino malo que hizo aún más profundo el encuentro. Peter pudo sentir en mí el dolor recién revivido y me apoyo tanto….De nuevo, sin apenas conocernos, la energía entre nosotros era muy fuerte. Hablamos y hablamos durante 3 ó 4 horas hasta que llegó el momento de la despedida. Algo me decía que nos volveríamos a encontrar. Y así fue, 3 semanas más tarde volvimos a estar un par de días juntos en Cusco en el que compartimos mucho más. Muy agradable fue un paseo a caballo al cerro. Después de 2h, casi al final del paseo, tuve la mala fortuna de tocarme los ojos y al poco, parecía que alguien me había pegado un puñetazo. Apenas podría abrirlo y me molestaba muchísimo. En una farmacia me dieron unas gotas que después de un día, colocaron mi ojo en su lugar. Menos mal, que estaba acompañada de Peter. Una escapada más a Puno, antes de finalizar mi estancia en Cusco, nos volvió a reencontrar en Amantaní. En la misma casa en la que nos conocimos cuando aún, María y Eva estaban por estas tierras. Todo parecía de otro mundo, intenso, espiritual y sentimientos pasados afloraban en forma de lágrimas. En el trayecto de vuelta en barco, desde la isla hasta Puno, Mickey Mouse de Disney Land y Mary Poppins, firmaron el boleto de registro de turistas con carcajadas sonoras. Nos separamos después de tomar, en una cafetería de Puno, huajsapata. Un vino caliente con frutas muy rico que nos alentó ante la inminente separación. Él a Arequipa y yo a Cusco. No sabíamos dónde iba a parar todo aquello pero no importaba. Había descubierto que mi alma era verde tintada de amarillo. Tenía cuerpo, mente, corazón y desde aquel momento, dejé de ser un palo con alma.

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Las cenas y los bailes eran la tónica general de nuestra vida voluntaria fuera de la escuela. Había 2 salidas fijas semanales. Los martes de quiz y los viernes de buffet. En muchos casos, el precalentamiento empezaba en el propio restaurante Yanapay. Al terminar de cenar, Deivid nos solía hacer de DJ. En ocasiones, formábamos 2 equipos para hacer una competición. El objetivo, divertirse y beber. Jugábamos al limbo, a pasarnos una naranja usando sólo el cuello, pasarnos una botella de agua usando sólo las piernas o bebernos un chupito de ron sin manos. Eran noches divertidas en las que en ocasiones, bailábamos hasta desfallecer. En las noches más tranquilas, escuchábamos música en directo. Los martes tocaba Amaru Pumac Kuntur, un grupo de música andina que participaba en el programa Perú tienes talento. Era una banda con instrumentos rarísimos y una potencia increíble. En una de esas salidas, olvidé mi pareo morado en el restaurante. Nunca más lo volví a ver. Me dio mucha pena porque me había acompañado desde el inicio de mi viaje y era una prenda que me encantaba. Era el momento de dejarla ir, de desapegarme a ella. Una de las noches, en la que despedíamos a Marian ante su partida a México, lo pasamos muy bien. La buena onda nos acompañó toda la noche. En la calle, las chicas orquestadas por Marian, cantábamos las canciones del temazcal a capella. La fiesta acabó bailando en un local pequeño con un grupo en directo y tras el fin del espectáculo, los chicos se arrancaron tocando los cajones.

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Entre los voluntarios, Paloma, Loli, Maxi y la piola Sarah, han llenado mi corazón. Con Paloma coincidí tan sólo 2 semanas pero ambas comenzamos juntas y trabajamos juntas en la misma familia. Me hubiese gustado que su estancia en el Perú fuese por más tiempo. Habíamos pasado por experiencias similares. Nos entendíamos y hablábamos sobre una esperanza para el ser humano fuera del sistema capitalista en el que vivimos. Conversaciones largas, lágrimas y mucho entendimiento. Una noche, junto con Ángel otro voluntario, nos fuimos a tomar una chicha al bar de al lado. Era una de las chicherías más famosas del Cusco y por fin, después de estar un mes en Perú, iba a probar la cerveza casera a base de maíz fermentado. Nos impresionó que el bar estuviera repleto, de hombres y mujeres. La chicha de medio litro costaba 1 sol y medio, menos de 50 céntimos de €. Ángel y yo nos animamos pese a la pinta del barril de donde sacaban el líquido. Nos tomamos un par de ellas y compartimos mesa y una conversación agradable con los locales.

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Antes de irse, a Paloma le tejí una pulsera verde oliva con una serpentina, la piedra nacional del Perú. La intención del regalo es que la acompañe, proteja y le de mucha fuerza para afrontar todo lo que le esperaba a su regreso a España. Paloma, te extraño.

Loli es una andaluza muy salerosa y graciosa que llevaba una semana en el proyecto cuando yo me incorporé. Ha hecho mi estancia en el hostal muy amena. Me acompañó y aconsejó en momentos importantes. Una noche en la cocina, junto con Maxi, Sarah y Juan, un alojado argentino, nos reímos hasta morir de la próxima etapa que Loli tenía que abordar en solitario. Iba a empezar con couchsurfing y entre risas le dábamos consejos de seguridad ante chicos malos llegando a proponerle, con lágrimas en los ojos, que se comprara un spray antivioladores. Qué divertida fue esa noche. Tampoco estuvo nada mal una que compartimos Oscar, Loli, Pepe y yo. De nuevo, Loli, con su inocencia y sus ocurrencias nos dio momentos míticos que no podré olvidar.

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Maxi es un argentino de veinte pocos años con el que coincidí las últimas dos semanas que estuve en Cusco. El entendimiento fue directo y de una forma muy poco común. Una noche, cenando en la cocina coincidimos con una madre Suiza que empezó a plantearnos los horribles problemas que tenía con su hijo mayor de 15 años con el que viajaba junto con Chaski, su otro hijo de 11 años. Para nosotros era muy difícil verla hablar así de su hijo. Una persona que viene de Europa, con buena educación y capacidad era peor que alguno de los casos que vivíamos en la escuela. A partir de ese momento, Maxi y yo nos convertimos en muy buenos amigos.

Compartíamos las mañanas de la escuela y preparábamos juegos, canciones y dinámicas para el círculo de expresión. Nos aconsejábamos sobre hombres y mujeres. Filosofábamos, bailábamos, reíamos. No podía creer que le sacase más de 15 años. Pasamos mucho tiempo juntos y tuvimos conversaciones muy intensas y profundas. Recuerdo con especial cariño aquella, en la que bajo el sol cusqueño, él hacía sus quemadores con latas de refrescos y yo, tejía artesanía. Me encantaba su forma de hablar y que cariñosamente, me llamase negra. Lo llevo en mi corazón y mi alma. Un verdadero tesoro.

Junto a él, Sarah cerraba el trío. Sarah es una italiana residente en Barcelona de treinta y pocos años. Ella trabajaba en el proyecto por las tardes y yo por las mañana. Aunque nunca llegué a coincidir con ella de voluntaria, compartíamos el hostal mágico como nuestro espacio vital. Maxi, Sarah y yo parecíamos los tres mosqueteros. Abrazos, llanto, risas, retos, reflexiones. Estos dos chicos han llenado mi corazón y una parte de mí, se fue con ellos. Chicos os quiero y espero que en algún momento de nuestra vida, nuestros caminos se vuelvan a encontrar.

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Otras personas, que no participaban en el proyecto como voluntarios, compartieron conmigo  tiempo en el hostal mágico. Robin es un alemán rondando los 30 años que, aunque es educador con experiencia, trabajaba en un proyecto de mujeres maltratadas como chico para todo. Compartimos una única conversación en la cocina que nos unió. Muy buena onda, mucha energía y talento personal.

Heidi era una chica del norte de Europa de 32 años que tomaba un curso de español en Cusco. Desayunábamos juntas bajo el sol temprano. Aunque luego se convirtió en voluntaria, mi afinidad con ella iba mucho más allá de lo que habíamos compartido. Tenía mucha energía y una sonrisa preciosa. Era un placer despertarse por las mañanas y verla. Más tarde, nos encontramos en la Paz, Bolivia. Desayunamos juntas y fue todo tan intenso que también se quedó grabada en mí. Curiosamente, acabé compartiendo habitación con mi Sarah Carusso y Heidi.

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Chaski es un niño de 11 años ávido de abrazos y cariño. Estaba todo el día pegado a Maxi y a mí. Una lástima que su mamá no le dejase venir a la escuela un día. Se lo habría pasado a lo grande con los otros niños pero su mamá lo asfixiaba

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Noa y Javi son dos gallegos que batieron como huéspedes, el record de permanencia en el hostal. No eran voluntarios pero el trabajo les retuvo más tiempo del deseado en Cusco. Tenían que presentar un proyecto ante la Xunta y siempre estaban con el ordenador trabajando y trabajando. Viajaban en moto y nos contaron aventuras muy bonitas. Tienen un proyecto muy lindo en marcha para implantarlo en España, en su querida tierra. Una escuela diferente, en la que se enseñen valores diferentes y tenga su propio huerto. En breve iniciaran su proyecto y necesitan muchas manos voluntarias. Así que si estáis interesados en colaborar con esta linda pareja, no dudéis en decírmelo para daros su contacto. Ellos fueron los que me recomendaron la senda verde como una de las mejores experiencias que habían tenido en su viaje. Noa mil gracias por hablarme de este proyecto tan lindo que me ayudó a descubrir mucho de mí, de la naturaleza y los animales.

Entre todos los huéspedes, guardo especial cariño con Yanapay. Es un perro muy lindo encerrado en un lugar hermoso pero carente de condiciones para él. Es muy cariñoso y siempre me acompañaba donde iba. Cada día, jugaba con él haciendo carreras por el patio. Cuando me alcanzaba y ponía sus enormes patas sobre mí, podía tirarme.

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Flor, Shirley y Chio eran trabajadoras del hostal. El roce hace el cariño y eran como parte de mi familia. Fueron ellas quienes me remarcaron que los peruanos utilizan mucho la coletilla “si pues” o “si pes” después de cada frase. Hasta ese momento no me había dado cuenta pero sólo hacía falta escuchar a los niños en la escuela para verificarlo. Edson completaba el staff del hostal. Aparentemente serio, con el tiempo se convirtió en un chiste con patas. A Shirley y Chio, les engarcé una piedra que ellas mismas eligieron de una tienda de artesanía de la ciudad. Les cobré precio de amigas y quedaron realmente contentas de tener un amuleto hecho a medida.

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Flor tiene una historia muy bonita porque fue de las primeras alumnas que empezaron en la escuela Yanapay. Con el tiempo, se fue a Lima a estudiar y a su regreso, se encontró con Yuri, el director del proyecto. Sin dudarlo un segundo, Yuri le ofreció trabajar en el hostal con todas las facilidades para que pudiera seguir estudiando. Un gesto muy lindo que engrandece la labor de este chico peruano de 35 años. Un día, al salir de la reunión semanal del proyecto, paramos a comer anticucho en un puesto callejero. El anticucho es corazón asado. Estaba delicioso. Mientras caminábamos me estuvo contando muchas cosas del proyecto, de las dificultades que han tenido y de lo difícil que es sostener económicamente un proyecto así que no recibe más que donaciones.

No todos los huéspedes del hostal eran agradables. El primer mes estuve compartiendo un dormitorio de 6 personas. Tuve la mala suerte de que un par de americanos borrachos que hacían demasiado ruido se hospedasen dos veces en mí mismo cuarto. No importaba la hora que fuese. Entraban empujando la puerta, hacían escándalo y hablaban fuerte como si estuvieran en el salón de su casa. Yo los quería matar.

El ruido, el frío en la habitación compartida y la falta de agua caliente en la ducha, no hacían muy agradable la estancia en el hostal. La situación se volvió crítica cuando, durante un par de semanas, nos cortaron el agua por obras en los alrededores. A las 2 semanas me enteré que podíamos calentar un poco las habitaciones utilizando botellas de alcohol, que nos proporcionaban en la recepción, que depositábamos en una tinaja. Una cerilla obraba el milagro caldeando un metro alrededor de la estufa manual. Imposible tomar una ducha al levantarte si no querías quedarte congelado. El máximo reclamo de los baños compartidos era a medio día, cuando la fuerza del sol, te recalentaba tras recibir litros de agua fría en tu cuerpo. Una mañana me reí mucho cuando oí decir a Maxi detrás de la cortina de baño, “hay alguien ahí?”. Apenas acababa de conocerle y ya me pedía ayuda. De repente, se había cortado el agua fría  y estaba completamente enjabonado. La respuesta de la recepción fue de chiste. Se están duchando en el otro baño y la presión del agua no llega. Así que allí que me fui a pedirle al otro usuario que se diera prisa con su ducha porque Maxi corría el riesgo de contraer una pulmonía.

Un italiano de cuarenta y muchos, nos acompañaba en ocasiones bajo el sol y con un porro en la mano. Siempre mantenía la misma conversación contigo independientemente de las veces que ya la había repetido. Hablaba del tiempo que hacía en Cusco, meses atrás, cuando también lo visitó. Un día, no podía parar de reír con Heidi y otra voluntaria antes los comentarios y la cara de colgado de aquel italiano vividor. Una cosa que le tengo que agradecer es la recomendación de Ubunto, un restaurante italiano, que aunque caro, estaba delicioso. Con Oscar, también fui a un restaurante que un voluntario me aconsejó. Se llama Puka y lo recomiendo a todo el que vaya a Cusco. La vista sobre la ciudad es preciosa. Se puede ir a ver la puesta de sol y a cenar. Los platos son aparentemente simples pero lo más delicioso que he comido en mucho tiempo. Al nivel de restaurantes madrileños de 75€-100€.

En el hostel pasaba muchas horas. Siempre me cocinaba y aprendí a hacerme sopas de quinua, desayunos con kiwicha, improvisaba recetas con las sobras. Pero aquí es una maravilla cocinar porque las verduras y las frutas tienen sabor. La última semana la dediqué a vaciar la despensa, entre otras cosas, un sobre de puré de papa que compré en Lobitos a finales de julio. También me di el lujo, después de 9 meses de viaje, de lavar mi saco de dormir, mi chamarra (chaqueta) y mis zapatillas de montaña en la lavandería. Había dejado todo listo para la siguiente aventura.

A veces comía en el restaurante de al lado, un menú por tan sólo 4 soles y medio. Sopa de primero, un segundo a elegir entre 3 opciones y una gelatina de postre. Por las inmediaciones del restaurante, siempre había una viejita de despacio caminar, flaca y menuda. Parecía una anciana de cuento con sus lentes y su sombrero. Caminaba lentamente utilizando la pared como apoyo. Daban ganas de correr hacia a ella y abrazarla con fuerza.

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En frente del hostal, había un pequeño local que por las noches ofrecía hamburguesas, pollo broaster y las famosas salchipapas. En Perú, en cada esquina hay un local o restaurante que te ofrece pollo. Frito, a la brasa o el más demandado, broaster, empanizado y frito. Es como el que se sirve en KFC pero mucho más rico. Con un exterior crujiente y un interior jugoso y tierno. Las salchipapas no son más que papas fritas con trozos de salchicha. Como aderezo, salta de tomate, mayonesa o ají. Al gusto del consumidor!  Comida sana donde la haya…

La artesanía me ocupó durante las dos últimas semanas de mi estancia en Cusco. Los voluntarios se enteraron que la hacía y las chicas querían que les tejiera pulseras o collares. Hice una pulsera para Mar y me compró un collar para su hermana. A Loli le regalé una pulsera con una turquesa azul preciosa. Noa se llevó dos pequeñas pulseras a mi querida España. Con una japonesa, hice un intercambio. Era dibujante y había producido, junto con su chico, unas postales de diseños propios. Me quedé con tres postales suyas a cambio de una pulsera de retales. Varios huéspedes también compraron cosas. Durante este periodo, vendí 330 soles en artesanía, casi 90€. Lo más bonito de la artesanía, a parte del apoyo económico, es que tu arte viaja por todo el mundo. Es como si un pedacito de ti, partiera a cada rincón del planeta. Es una moneda de cambio para otros artesanos y un regalo, muy personal, para aquellas personas que te han tocado de forma especial.

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Algo que también quedará en mi memoria, de mi estancia cuzqueña, será la noche en la que varias chicas voluntarias nos reunimos para hacer el círculo de la luna llena. Mar, fue la encargada de dirigir la ceremonia. Mucha energía, comida compartida y muchas historias. Entre ellas, una argentina recién incorporada al proyecto, nos contaba los beneficios del ayuno Ekadasis que se realiza dos veces al mes. Una 11 días después de la luna llena y la segunda, 11 días después de la luna nueva. No hay que comer nada en todo el día, tan sólo algo de agua cuando lo necesites. Me quedé con aquella historia decidida a probarlo cuando buscara más información sobre el ayuno.

Cuzco fue una estancia envuelta en el descubrimiento de mi espiritualidad por todos los encuentros que tuve y todos los lugares que visité. El libro, “el poder del ahora” que me recomendó Pablo, mi couchsurfing de Costa Rica, también hizo que mi sensibilidad creciera al mundo de las energías, a la importancia de vivir el momento, a dejar las cosas del pasado a donde pertenecen y a no vivir el día a día construyendo el futuro. Todo es mucho más sencillo. Vivir el presente como lo que es, un regalo. Gracias a este libro y a Peter, un mes más tarde pude digerir la tristeza, frustración y amargura de la muerte de mi padre. Me despedí de su alma prendiendo una vela que se consumió durante toda la noche sobre uña de gato.

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Y eso es lo que sucedió con mi cumpleaños, lo disfruté con todas las sorpresas que se presentaron. La primera, fue Oscar. Llegó a Cusco un par de días antes y pasamos unos días muy lindos y algo duros pero con muchas conversaciones sobre la vida, el momento presente y los planes futuros siempre disfrutando de buena comida peruana. En mi cumple, me regaló un pareo y un masaje inka, con piedras calientes, que me renovó por fuera y por dentro. Las felicitaciones me llegaban de todo el mundo empezando por la India desde el día anterior. Muchas de las personas con las que me había encontrado en el camino me mandaron mensajes lindos. Para celebrarlo, el domingo 29 de septiembre había quedado con un montón de voluntarios para celebrar mi cumpleaños en un restaurante español. Antes de salir del hostal, en la recepción, me entregaron un paquete. Era una tarta de cumpleaños! Cuando pregunté quien la había enviado, Chio me respondió que un tal “José Martínez”. Casi me caigo de culo contestando al tiempo que esperaba que no fuera él porque se trataba de mi padre y había fallecido hacía 3 años. No había notas pero en la tarta, estaba la foto de mi blog. Sabía que el encargo, venía directamente desde España. Entre las gotas de lluvia, con unas sandalias que me resbalaban, conseguí llegar con la tarta sana y salvo al restaurante. Comimos de tapeo mientras intentaba adivinar quién me había mandado la tarta. Después de comer, la abrí y entonces me di cuenta de lo que ponía…”If you’re happy birthday” Era Raúl, no podía faltar ese día!. No sé cómo lo había hecho pero allí tenía una bonita tarta de cumpleaños. Me hizo mucha ilusión y la compartí con mis compañeros mientras soplaba la vela y me cantaban cumpleaños feliz en más de 8 idiomas. Al acabar de comer, por cortesía del restaurante, pudimos pasar a una sala con sofás. Marian había traído el cigarro natural que lió en el temazcal y que no pudimos fumarnos. Allí mismo hicimos una ceremonia del tabaco que duró horas. De nuevo la velada se desarrolló con peticiones, rezos y cantos mientras todos y cada uno, fumábamos aquel tabaco. Fue realmente un cumpleaños muy bonito. Nunca hubiese pensado celebrado tan intensamente, primero con los niños en la escuela y después con mucha gente a la que aprecio.

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El último día en Cusco, el 21 de octubre por la mañana, fui a comprar mi billete de bus para Arequipa para esa misma noche. Sería mi última parada antes de abandonar mi querido Perú. Y no me podía ir de Cusco sin que me robaran en el correcaminos, el mini bus que hace el trayecto al centro llenísimo de gente. Cuando monté, recordé que a Robin le robaron ahí. Me protegí como pude y a mi lado, vi un tipo raro que se acercaba demasiado. Puse mis manos sobre mi canguro y cuando bajé, entre empujones de gente, comprobé mis pertenencias. La cremallera de la canguro estaba abierta y mi monedero, había desaparecido. Por suerte, mi celular aún estaba conmigo. Estaba en la puerta de correos sin un céntimo. Se llevaron unos 30 euros, 2 claves usb, el billete de bus que acababa de comprar y lo peor, las llaves de los lockers del hostal. Tuve que regresar al hostal andando. Con suerte, Edson, pudo abrir mis taquillas desarmando las cerraduras y sólo tuve que comprarle candados nuevos para sustituir los antiguos.

Tip nº 118: Dinero de seguridad

Aunque me hubiesen robado algo más como una tarjeta, no estaba muy preocupada porque viajo con una bolsa de dinero de seguridad. Siempre es recomendable tener dólares o euros de seguridad que nunca gastas para casos donde te quedas sin dinero porque te roban o los necesitas en caso de emergencia. Yo los llevo en una bolsita a parte y siempre los llevo ocultos en un sitio diferente al del resto de las cosas. Si gastas parte, no olvides reemplazarlos en el próximo cajero en el que puedas sacar dólares. Lo peor de estar sólo a miles de kilómetros fuera de casa, es quedarte sin un duro. He conocido viajeros que han pasado por eso y aunque la gente se solidariza, lo pasan mal. Tenlo en cuenta a la hora de viajar aunque sean por un par de semanas.

Con prisas, volví a correos. Quería mandar a Almansa todos los dibujos que me habían hecho los niños para que no se malograran. Cuando llegase por la tarde a la estación de bus, ya gestionaría que me emitiesen un nuevo billete. Comí en Bembos, el Mc Donalds peruano pero mucho más surtido y diferente. Llegué al hostal y me quedaban unas cuantas horas para descansar y despedirme de mi gente. Tuve una conversación final muy linda con Laura, la coordinadora de voluntarios del proyecto. Después, compré unas cervezas y las tomamos juntos a mis queridos Maxi, Sarah, Yanapay y otras dos voluntarias catalanas, Iraia y Mireia. Me despedí de los chicos y de Yanapay sin mucha tristeza. Saber que vería a Peter al día siguiente y que pasaría unos días con él, hacía el mal trago de despedirme de Cusco, mucho más dulce.

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En Arequipa pasé unos días muy tranquilos haciendo cosas inusuales para un viajero. Fuimos al cine, a nadar a la piscina cubierta, desayunábamos todos los días en el mercado un revitalizador extracto de zanahoria y fuimos a visitar el mundo alpaca no sin que los mosquitos nos comieran vivos. Me había ido de Cusco sin haber podido comer mi último ceviche en el mercado pero Peter conocía un sitio local en Arequipa donde he comido el mejor ceviche de mi vida. Abundante, picante y fresco. Qué maravilla!

Tip nº 119: El vinagre es un antimosquitos eficaz y barato

Al igual que yo uso el champú para evitar que los mosquitos me piquen, Peter usa el vinagre. Untar tu piel con vinagre evita las picaduras y también, alivia el picor si ya te han atacado los temibles mosquitos. Los repelentes de mosquitos son muy caros y no siempre eficaces, así que utiliza remedios alternativos como el champú o el vinagre.

Ponía rumbo a Puno, de nuevo en soledad, el jueves 24 de octubre rodeada de bolsas de cuadros de viaje y un cargamento de pollitos. Todavía me pregunto cómo cada persona puede distinguir qué bolsa es la suya. Tras dormir en la terminal, al día siguiente una pequeña combi me llevó en 2h hasta la frontera con Bolivia. Tras pasar los controles sin ningún problema, me despedí de Perú con la certitud de que pronto la volvería a ver.

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2 comentarios en “Perú: Cusco da para mucho más

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