Bolivia: La senda verde I

La senda verde, Coroico, 10 de noviembre hasta 17 diciembre 2013

La senda verde:

http://www.sendaverde.com/senda_verde.html

es un refugio de animales ubicado a pocos kilómetros de Coroico, a 3h de La Paz, Bolivia.

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Vicky y Marcelo, los impulsores de este proyecto, María, Celia, Gabi, Edgar, Pablo junto con otros trabajadores, Iván y Adriana como veterinarios y unos cuantos voluntarios, se hacen cargo de más de 400 animales. Un centenar de monos, 120 aves y 170 reptiles, en su mayoría tortugas, tienen que ser alimentados y cuidados por este equipo maravilloso de personas que componen la senda verde. Parecen muchos animales pero son más los que pasan por este lugar y que, debido a las malas condiciones en las que son rescatados, no consiguen sobrevivir. 

Bosque

El proyecto en estos momentos, necesita de mucha colaboración periódica. Marcelo y Vicky realizan un enorme esfuerzo personal y material para sacarlo adelante, pero cada vez más, el gobierno les obliga a acoger más animales sin dar un boliviano a cambio. A pesar de que la senda verde cuenta con mucho espacio, para el proyecto es vital que los animales tengan un hábitat idóneo para vivir.

Green and Blue Parrots

Son animales en semicautividad. Muchos de ellos están libres y pueden ir a cualquier lugar pero todos, absolutamente todos, tienen que ser alimentados. El coste de mejorar los encierros de los animales es enorme y a pesar de ello, los proyectos de mejora de las infraestructuras no cesan. Podéis adoptar a un animal silvestre o ver los proyectos en marcha y colaborar con aquel que os parezca más interesante o mejor para la senda.

http://www.sendaverde.com/ayudanos.html

Papaya DSC01857 Frijol

Gravity, una compañía que recorre la carretera de la muerte en bicicleta, también ayuda a mantener el proyecto. Todos los días, osados turistas que se animan a probar la experiencia, llegan a la senda verde a comer en el restaurante y hacer un tour por la senda.

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Si no eres aventurero, ni tampoco tienes tiempo de hacer un voluntariado, puedes alojarte en las eco-cabañas que ofrece la senda verde pudiendo dormir incluso, en la casa del árbol. Puedes hacer igualmente un tour, pasear, contactarte con la naturaleza o relajarte unos días en un lugar maravillo.

http://www.sendaverde.com/alojamiento.html

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Dependiendo del animal, hasta 3 veces al día, los voluntarios tienen alimentar a los animales. Todo comida natural preparada en la senda verde. Se preparan pasteles de pan de zanahoria para los pájaros, gelatina para las tortugas, porridge para los monos y los osos, etc. Cada semana, llegan pedidos de comida para poder abastecer a tantas bocas. Los voluntarios aportan dinero y trabajo al proyecto y muchos de ellos, se quedan enganchados al mismo tras poner los pies en el puente de la entrada.

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Muchos repiten experiencia y se quedan meses colaborando con el proyecto. Otros, hacen donaciones de miles de euros para proyectos. Gracias Col por tu donación para la construcción del aviario que asegurará una vida mejor a los pájaros de la senda. Otros como, Anneke, lo han integrado en su vida creando una asociación holandesa que recauda fondos para el proyecto.

http://www.selva.nu/koop-onze-mascotte/?lang=en

El domingo 10 de noviembre, fue mi primer día de trabajo. A las 8, estaba clavada en la puerta del restaurante. Me encontré con varios voluntarios a la espera. Ninguno hablaba español.

DSC01895 Mientras esperaba que alguien me indicara por dónde empezar, un loro gigante azul (más tarde aprendí que era una paraba) se acercó a mí. Como un perro, con su cabeza, buscaba mi mano para que lo acariciara. Me quedé totalmente loca ante tal reacción y empecé a rascarle la cabeza y las alas. Conforme pasaban los minutos, más voluntarios hacían su aparición. Ante la presencia de un chico, aquel loro que me pareció simpático, me atacó y quiso morderme el dedo. Entre risas, un voluntario me explicó que “Laura”, la paraba azul, cuando hay chicos delante, ataca a las chicas. Es muy celosa, me decían entre risas. Me di cuenta que me quedaba mucho que aprender de aquel lugar en el que acababa de aterrizar.

DSC01853Ese primer día junto con Sarah, una voluntaria inglesa que llevaba una semana allí, me encargué de las tortugas. Si eres escrupuloso, este no es tu lugar. De 8 a 9:30, hasta la hora de nuestro desayuno, teníamos que limpiar los 5 recintos de tortugas de tierra. La limpieza consistía en eliminar los restos de comidas anteriores, limpiar piscinas de agua con residuos fecales, rellenarlas con agua limpia, reponer plantas acuáticas y quitar hojas y ramas secas. Todo eso, usando manos y escobas por igual.

A las 9:30, el desayuno, después de haber cenado la noche anterior a las 19:30 era lo mejor. Todos los voluntarios preparábamos nuestra mesa con cubiertos y vasos. La excelente cocina, nos preparaba cada día un desayuno diferente. Todo muy natural y rico. A veces, llegamos a ser casi 25 voluntarios y la cocina, empezó a racionarnos las cantidades de comida individual. Menos mal que teníamos un frigo en el que cada uno, tenía sus reservas personales. No faltaba la mantequilla de maní hecha por las monjas de Coroico y fruta diversa.

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El trabajo con las tortugas no es muy ajetreado y salvo que hagas algún proyecto especial, tienes mucho tiempo libre. Tras el desayuno, limpié de hojas y ramas secas los dos recintos de tortugas de agua en los que hay casi 70. A las 12, era la hora de su comida. En la cocina, preparaban en un tupper las porciones por recinto. Nosotros las distribuíamos en una especie de manteles que colocábamos en el suelo. Pero lo mejor era que, para el caso de las de tierra, teníamos que buscar a todas ellas y ponerlas a comer.

DSC01858Algunas pesan hasta 10kg y no es nada fácil moverlas. Menos aún, si están escondidas en las cuevas que tienen. Nona, es una tortuga especial en la senda verde. A pesar de su nombre, es un macho que llegó sin mandíbula. Así que, como parte de tu trabajo, tienes que darle de comer con la mano. Si no, se queda sin comer. A mí me encantan las tortugas y no encontré mejor manera de empezar mi colaboración con el proyecto en esta área.

Como no había mucho que hacer, por la tarde acompañé a Judith, otra voluntaria, a dar de comer a los osos andinos, a los gatos salvajes y a los pericos. No podía creer lo que estaba viendo y que aquel lugar albergara animales tan diferentes. Los osos, Tipnis y Aruma, se encuentran en dos recintos muy grandes electrificados. Para darles de comer y limpiar, siempre tienen que ir dos voluntarios. Uno de ellos, con silbato en mano, entretiene al oso con cacahuetes mientras el otro, realiza la tarea. Parte de la misma, consiste en colocar los alimentos de forma que el oso tenga que apañárselas para coger la comida. Recuerdo un día que estaba dentro de la jaula de Aruma y empecé a escuchar el silbato. Estaba con Adri y le dije asustada, Adri tenemos que salir. El silbato sonaba cada vez más acelerado pero Adri no se movía. Malditos pájaros. Os juro que sonaban igual.

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Por la noche, a los 4 novatos que empezamos, nos dieron a elegir entre comernos un chile (pimiento pequeño híper picante) o recibir una descarga eléctrica de algunos de los recintos que cuentan con esta medida de protección. Todos elegimos el chile. Aquella cena, me supo no más a picante.

Los dos días siguientes estuve con tortugas y como no había mucho que hacer, pregunté si no podía realizar algún trabajo especial para ellas. Claro que sí! Me dijo Adriana, la veterinaria. Los recintos están faltos de plantas para que las tortugas se las coman. Puedes rastrillar el suelo, elegir la mejor zona y plantar plantas. Wow! Que días más duros de trabajo pasé. Bajo el sol y la humedad, con pico y pala en mano. Adapté y protegí con vallas, una zona con plantitas que tuve que arrancar desde raíz, de otra parte. Todos los días las regaba y reemplazaba si veía que no habían sobrevivido porque algún mono, se había dedicado a arrancarlas. Si eres una persona activa, con ideas y recursos, este es tu lugar. Tu trabajo no consiste sólo en alimentar y limpiar. Va mucho más allá. Hacer de la senda verde, un lugar mejor para los animales. No olvidemos que vienen de entornos de maltrato. Cualquier cosa vale para mejorar. Un palo, unos hierros, piedras….Y mientras trabajas, sobre todo los primeros días, no puedes dejar de mirar a los monos a tu alrededor y a numerosos voluntarios y trabajadores, que caminan con uno encima de la cabeza.

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Los monos son los animales estrellas de la senda. La verdad es que es increíble ver cómo están a tu lado, se suben encima de ti, te abrazan, juegan contigo y si se enfadan, te muerden. Hay 15 monos araña en la senda verde. Son los que más suelen interactuar con todo el mundo y con el resto de los animales. Son especialistas en robar la comida de las tortugas, los pájaros o los humanos cuando consiguen entrar en el restaurante por descuido de alguien.

En todas las puertas y ventanas hay protecciones. Y cuando llegas, no paran de repetirte que cierres todo bien. Al principio te parece un poco paranoico pero nada más cierto que la realidad.

La primera semana, había tantos voluntarios, que cuando ibas a la lavandería a cambiar la camisa (cosa recomendable cada, máximo, 3 días), no había ninguna limpia. Me harté y decidí lavarla. Estaba limpiándola en el baño una mañana y olvidé cerrar el pestillo. Cuando escuché ruido y levanté la cabeza, vi 3 monos araña reflejados en el espejo. En pocos segundos, uno se subió al lavabo y empezó a jugar con el agua, otro se metió a un baño y el otro, jugaba con el papel higiénico. No sabía cómo echarlos. Me daba miedo que se enfadaran y me mordieran. Salí a pedir ayuda y un voluntario con experiencia, los echó en un plisplas.

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Un día, que estaba trabajando en la clínica, escuché un ruido. Cuando me levanté, nina, una mono araña que siempre camina de pie, estaba en la sala de los ordenadores. Pedí ayuda a gritos y Col, un voluntario australiano, vino a ayudarme. Conseguimos echarla pero ninguno de los dos nos dimos cuenta que el Jochi y el Sari, especies de roedores, se habían escapado al dejar la puerta abierta. Con mucha suerte, otro voluntario los encontró y los puso de nuevo en la clínica.

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La historia de estos dos animalitos es bastante curiosa. El jochi es un animal nocturno. Bigotes, todos los mamíferos en la senda verde tienen nombre, es un macho. Cuando llegó el sari, una especie de ratón, creyó que Bigotes era su mamá y no paraba de intentar mamar de él. El día se lo pasaban juntos y rompían así todas las reglas de la naturaleza en cuanto a comportamiento y dormida.

Un día, Col, el papá de Alex, me trajo de cuarentena una ramita de albahaca. Salí del desayuno con ella en la mano dispuesta a ponerla en la clínica donde trabajaba. Ja, que ingenua! Por el camino, uno mono araña, que estaba tirado plácidamente sobre la hierba, vio el manjar. Sin esperarlo, se incorporó, me la quitó de las manos y se la comió. Así de simple.

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Hay anécdotas mil con las travesuras de los monos. Mi habitación fue invadida por un mono capuchino que revolvió todo. Abrió bolsas de aseo, revisó mochilas y comió todo lo que era comestible.

Wara, una mono araña adorable, era un trasto. Siempre estaba cerca de la puerta del restaurante alerta para entrar ante cualquier descuido. Lo consiguió varias veces pero una de ellas, se llevo a puñados las salchichas de los platos de los voluntarios. Era un espectáculo verla. La misma Wara que quitó a los trabajadores una botella de 2l de fanta. Menos mal que estaba medio vacía porque no dejó ni una gota. Una risa verla como empinaba la enorme botella.

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Las parabas azules también eran de armas tomar. Existían dos parejas, una vivía cerca de los baños y otra, al lado del arca, el lugar de recreo de la senda. Ambas parejas, eran muy poco amigables y cada vez que pasabas a su lado, se tiraban como locas a picarte las zapatillas. Menos mal que no volaban. Siempre tenías que ir armado con un bambú para que lo mordieran, en vez de tus dedos, o con agua para que se espantaran. Entrar o salir a veces del baño, era casi misión imposible.

DSC01926Una tarde, en la que casi todos los voluntarios se habían ido a Coroico, entré en mi habitación después de la ducha. Serían las 7 de la tarde cuando escuché que alguien cerraba el pestillo de mi habitación por fuera. No había ningún voluntario por allí, así que claramente, un mono me encerró. Salí al balcón a pedir ayuda. Afortunadamente mi habitación quedaba justo encima del arca. Sólo tenía que esperar que algún turista alojado estuviera por allí. Después de varios intentos, una chica salió pero no conseguía ver donde estaba yo. En esas estaba, cuando los ogros del arca, vinieron a mi acecho por el techo. Si me quedaba pidiendo ayuda, me picarían algún dedo. Todos se habían confabulado para dejarme encerrada. Menos mal que, al final, la chica encontró la manera de subir a mi habitación y abrirme. ¿Cómo pueden ser tan listos estos animalitos?

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Otra anécdota muy divertida fue cuando Sarah, una voluntaria que estaba trabajando en tortugas, vino a la clínica a preguntarnos si habíamos movido a las tortugas de tierra de un recinto a otro. No, contestamos Adriana y yo. Misteriosamente, 5 ó 6 tortugas se habían pasado de un encierro, al contiguo. Han sido los monos, le decía a Adriana. Yo me los imaginaba perfectamente sentado en el muro, levantando las tortugas más pequeñas y dejándolas al otro lado. Me los imaginaba haciéndolo a última hora de la tarde, cuando todos los voluntarios están duchándose. Adriana me miraba muerta de risa diciendo que eso era imposible. ¿Imposible? Con todo lo que había visto hasta ese momento, todo era plausible. Finalmente, un aburrido agujero en el muro que separaba ambos recintos, era el responsable de la fuga de los reptiles.

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La senda verde es el lugar perfecto para entrar en contacto con la naturaleza al estar inmerso en un bello valle cercano al parque nacional de Cotopata. Es muy difícil poder interactuar con los animales como lo haces aquí. La observación y el cuidado de los mismos, te enseña muchas cosas sobre ellos y sobre uno mismo. A veces, hasta 5 monos se subían sobre ti. Muchos te abrazan y se quedan dormidos en tu regazo. Eso es lo que experimenté mientras cuidaba el bebé de una voluntaria.

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Tumbo, el pequeño bebé, estaba por los árboles siguiendo a los otros monos aulladores. Mi tarea era observarle y tenderle mis manos si se veía en apuros. Pero aquel monito se defendía perfectamente bien. Mientras estaba ahí parada, un niño mono araña se subió a mis brazos. Me rodeó con sus piernas y sus brazos. Apoyó su cabeza en mi hombro. Podía sentir su respiración en mi cuello. Al poco, empecé a sentir que sus miembros se adormecían y sus manos se resbalaban por mi espalda. Le sujetaba como a un bebé y él dormía plácidamente en mis brazos. Fue un momento mágico indescriptible.

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Como lo fue la noche que pasé con Wara. Se enfermó y estaba muy grave. Todos temían que muriese en pocos días. Al igual que un niño, se orinaba muchas veces por la noche y cada vez que lo hacía, vorazmente iba en busca de agua al caño. Quise apoyar y me ofrecí a dormir con ella. Todos los voluntarios “papás” de bebés mono, comparten la misma casa. En el porche cubierto de la misma, hay cuerdas y juegos para los pequeños. Allí, eché un colchón y Khandy, una valiente mujer boliviana que lucha activamente por la caza furtiva de estos animales para su venta, me proporcionó sábanas y una manta. Tuvimos que cubrir todo el suelo de periódicos para que Wara pudiera orinar en el suelo.

Wara se abrazaba a mí con fuerza. Se colocó sobre mi vientre. Yo tenía miedo de que se ahogara porque no le entrase suficiente aire. Ella me daba su calor y yo, mi cariño. Como en los humanos, gran parte de la recuperación está en el amor. Durante toda la noche, cambiaba de posición pero siempre pegada a mí. Su cabeza junto a la mía, su brazo sobre mi cabeza, sus manos rodeando mis piernas….Cuando me levantaba, temerosa de que la abandonase, me agarraba fuertemente las piernas imposibilitándome moverme. La tenía que tomar en brazos para que pudiera levantarme.

Fue una noche increíble como lo fue, la que hice de babysitter. A mi cargo papaya y otro mono aullador, recién llegado a la senda. Es increíble como estos pequeños monos, que caben en la palma de tu mano, enrollan su cola a tu cuello. Juguetones ponen sus manitas en tu boca y te escalan hasta encontrar su posición. Experiencias que jamás habría vivido de no haberme encontrado en Cusco con Javi y Noa.

DSC02032Después de trabajar durante tres días en tortugas, fui al área de cuarentena. El área de cuarentena está situada a 10 minutos andando por el camino de tierra desde el área principal. Es el lugar donde duermen los voluntarios recién llegados. Yo tuve suerte, porque a los dos días de estar allí, por llegada de nuevos voluntarios, me trasladaron a una habitación de cuatro personas maravillosa encima del arca.

Era mucho mejor estar en el área principal, sobre todo, cuando ya oscurecía. Por la noche, sin más luces que tu frontal, volver a cuarentena no era agradable por la oscuridad y beethoven, el perro del restaurante vecino. Cuando te veía pasar, parecía que iba a saltarte a la yugular.

La noche en la senda verde, no traía siempre cosas malas. Cuando el sol desaparecía, numerosos insectos iluminaban de luces verdes el aire. Una noche ausente de luna, las estrellas iluminaban de forma increíble el cielo. Los astros luminosos casi se fundían en el mismo mundo que los insectos verdes. Era mágico observar un fenómeno así.

DSC01966La cuarentena está destinada a los animales recién llegados a la senda y que necesitan de un periodo de adaptación y observación. Pero, debido a la cantidad de animales que recibe LSV, también animales que no tienen espacio en el recinto principal. Durante mi estancia en la cuarentena, había un montón de pájaros, dos monos capuchinos, gatos, perros y dos tayras. Allí recibí mi primera mordida por un pájaro, una paraba roja. Era realmente violenta y meter la mano en la jaula para sacar y poner comida, era todo un gesto de valentía.

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De los dos capuchinos, una era adorable. Muy cariñosa. Si te acercabas, se subía encima de ti y era muy difícil poder escapar de ella. El otro, un macho, estaba bastante nervioso y desconfiaba de todos. En especial de las mujeres. El sexo femenino, tiene un área restringida de trabajo en la senda verde. La de los capuchinos. Estos monos son muy territoriales y en el pasado, alguna mujer, salió escarmentada ante su cabezonería de trabajar con ellos.

 

 

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Las mujeres sólo podíamos ir al área de monos con los tours o acompañadas de chicos. Disfruté mucho cuando Kyle, junto con Col, Alex y yo, paseamos por todo el área. La casa de Marcelo y Vicky está en medio de todos ellos. Estaban de obras y es increíble ver la devoción que sienten por los animales, especialmente, los monos. Marcelo siempre anda con porta bebés para monos araña. Los monos los adoran y recelan de cualquier persona que se acerca demasiado a su casa.

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Kyle es un irlandés de ojos azules, tranquilo, muy buena vibra que trabaja en la senda verde. Era de los pocos extranjeros interesados en aprender español. Col y Alex eran papá e hija de Australia. Alex, como yo, llevaba meses viajando, y su papá se había unido a ella un trocito de su aventura. En vez de viajar como posesos, trabajaron 2 semanas en la senda verde. Eran unos currantes natos. Aprendí mucho de ellos, a usar el machete para cortar bambú, a imitar a los monos gracias a Alex y entre machetazo y machetazo, filosofía de vida, actitud, andar por la vida siempre con una sonrisa puesta y mucho sobre aves. Ellos me enseñaron mucho de estos animales cuando trabajamos juntos durante un par de días. Me dí cuenta que los pájaros tienen unos ojos muy lindos y pestañas! Estas tres personas, junto con Adriana, hicieron mi estancia animal, más humana. 

Las tayras son dos especies de comadrejas que están en un recinto muy amplio pero electrificado. Darles de comer, era un espectáculo. Camote, el macho, siempre se te subía encima. No era peligroso pero con las uñas que tiene, te hacía trizas. Una vez se escaparon. Los escapes en los refugios de animales son normales. Muchos de ellos, se deben a problemas de manejo. Es decir, al olvido de los voluntarios. Todos se fueron corriendo a buscarlos.

Pero el escape más impresionante que yo viví fue…..(continuará en el post: La senda verde II).

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