Un paso adelante

6 de abril 2014

Envases y cucharas de plástico, arroz, tomates, judías, zanahorias, zapallo (calabaza), ajos, espinacas, nabos, papas, tiempo y 30 soles. Eso es todo lo que he necesitado para dar un paso adelante.

En España siempre sentí necesidad de ayudar a los demás. Desde allí, mi aportación económica a alguna asociación saciaba esa ansia.

Viajar durante año y medio, ver y sentir como viven los demás en otros continentes, sentir sus penas, compartir la comida o un té en platos y casas sin recursos, revolicó mis entrañas.

 Eso me empujó a colaborar en dos proyectos sociales de distinta índole.

Aldea Yanapay (entrada relacionada) en Cusco, Perú es una escuela de apoyo a niños desfavorecidos. Colaboré con ellos 2 meses y esta semana me escapé una semana más para ver a amigos y los niños que tanto aportaron en mi vida.

La senda verde (entrada relacionada)) en Coroico, Boliviaes un refugio de animales que da acogida a especies autóctonas, en gran parte maltratadas, salvadas de cazadores furtivos, venta ilegal y amos sin escrúpulos. Colaboré con ellos un mes y medio. Aprendí lo valioso de la vida, la entrega desinteresada y un amor por la naturaleza en todas sus expresiones.

Pero llegó el momento de dar un paso más. Con mis ganas, mi tiempo, mi esfuerzo, mi plata y el 10% que, www.cuentamequetecuento.com aporta a proyectos sociales, una nueva ayuda activa se ha puesto en marcha.

Hoy empieza la primera acción de muchas de un plan social que abarca tres grandes líneas:

Alimentación: repartir comida a las personas sin techo que viven en la calle.

Empezar ha sido fácil. 30 soles de presupuesto (8 euros), 2 horas de trabajo cocinando y 3 horas más para repartir las 16 comidas. Hay muchos efectos colaterales de ayuda en las acciones. Puedes comprar los alimentos en establecimientos “justos” o a personas que venden lo que su huerta da en la calle. Mi intención es ir mucho más allá. Conseguir la colaboración económica necesaria para poder pagar a mujeres de familias pobres para que cocinen. Sus comidas y el apoyo de voluntarios, darán de comer a personas necesitadas. La ayuda de esta simple acción es doble, dar trabajo a personas que lo necesitan y dar de comer al que no tiene nada que echarse a la boca. Un principio básico al que todos tenemos derecho, la alimentación.

Educación: Para poder iniciar esta parte, necesito la colaboración de gente local. Yo sola no puedo meterme en un barrio necesitado sin más y ponerme a preguntar quién necesita apoyo educativo. Pero tengo un plan de acción que me ayudará a poner en marcha el apoyo a niños con necesidades escolares. Educando a los más pequeños conseguimos invertir en el futuro de ellos y de su entorno.

Salud: Los hospitales públicos en el Perú dan miedo. Recorrer sus pasillos oscuros y maltrechos, esquivar la masa de gente a la espera, esperar en las colas interminables y  lanzar una mirada curiosa a las salas, te hace sentir lo afortunados que somos la gran mayoría, de disfrutar de una sanidad pública de calidad. Se puede ayudar de muchas maneras pero mi primera iniciativa será la del apoyo moral a las familias con ingresados de larga duración. Hacer compañía al enfermo, leer para ellos, conversar, hacer espectáculos de clown para niños o tan sólo, escuchar…Para esto, sólo necesito tiempo, palabras, empatía y oídos.

Mi primera acción empezó el domingo 6 de abril 2014. A las 11 estaba en el mercado San Camilo comprando lo necesario para cocinar un potaje de verde con arroz. Fui al mismo puesto precario de siempre. Allí estaba la señora mayor recibiéndome con una sonrisa. Como era habitual, los clientes brillaban por su ausencia.

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Apenas tiene variedad de verduras pero siempre me trata de una manera justa sin querer engañarme por mi acento o color de piel. Si algo no tiene, se va a otro puesto y lo trae. Nunca me voy de allí sin que caigan en mi bolsa unos tomates o cebollas añadidos. Esta vez, me agasajó con unos cuantos limones y un nabo. Con una sonrisa mellada se despidió de mí pidiéndome que no la olvidara.

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Preparé todo y cociné durante algo menos de 2 h. Aparté mi ración y repartí el resto en los recipientes de plástico, 16 raciones en total. Eran las 14:30 cuando salía a la calle a repartir. En la mano llevaba una bolsa con 6 tupper, cucharas de plástico y pancito. En la mochila, cargada a mi espalda, las 10 restantes.

Hacía un calor horrible y las calles estaban desiertas como era habitual en los domingos arequipeños. Me costó encontrar gente en la calle.

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La primera señora la divisé rebuscando en las bolsas de la basura junto a unos puestos de verdura y fruta. Era muy mayor. Me acerqué a ella. “No le puedo ofrecer dinero pero sí comida, si quiere”. Se le iluminó la cara. Saqué una cuchara, pan y un recipiente lleno de comida. Crucé para alejarme de ella. Me volví, guardó la comida en una bolsa vieja y siguió recogiendo hojas viejas de vegetales en la basura.

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No todos estaban tan necesitados de comida como de oídos. Dorotea, una señora mayor con un solo diente a la que apenas entendía, se hubiese venido a vivir a mi casa en ese mismo momento. Casi más de la mitad de las personas que me encontré en la calle, eran o estaban borrachos. Mi primera reacción fue, “a estos no les daré”. Pero como otros, estaban en la calle, sucios, mal cuidados y hambrientos. Decidí darle a todo aquel que me encontrara. Viejo, joven, mujer u hombre. Algunos, rechazaron la comida. O no les interesaba o me decían que gracias a Dios, ese día ya habían comido. Otro señor, se la comía a regañadientes apartando gran parte de su contenido o escupiéndolo sin ningún escrúpulo en la calle.

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Otros la abrían en el momento para comérsela al instante. Un músico ciego se la quiso guardar. Se la metí en una de sus bolsas al tiempo que, una joven que paseaba por la acera de enfrente, me lo agradecía con un susurro.

No pude evitar llorar cuando me senté al lado de un señor en un portal frente al mercado. Le hablaba pero no me respondía. Sacó una bolsa de plástico con unos huevos cocidos que olían a rayos. No desistí y le dije si quería comida. Se giró y emitiendo ruidos con cierto compás, tendió su mano. Le di la cuchara, le abrí el envase y empezó a comer. No me podía mover de allí. Aquel señor seguía soltando el gemido repetitivo. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Parecía un zombi en vida.

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Eran las 17h cuando regresaba a casa con una ración sobrante, los pies doloridos y cierta frustración. En el camino de vuelta, un chico joven me había tocado el trasero. Lo acusé en voz alta delante de todos los que transitaban las calles. Sintió vergüenza y echó a correr. Muchas sensaciones me han quedado de esta experiencia que, estoy segura, no será la última.

Todos podemos emprender iniciativas simples para apoyar a nuestro entorno. Si salimos a la calle y observamos, nos daremos cuenta que hay más personas necesitadas de las que son visibles. Si quieres apoyo, ayuda, ideas o saber cómo voy a llevar a cabo estas acciones, escribe un correo a apoyosocial@cuentamequetecuento.com.

Si no tienes tiempo y te sientes identificado con alguna de las acciones que quiero emprender, puedes colaborar con la causa escribiendo un mail a  apoyosocial@cuentamequetecuento.com.

Compartiendo nuestra comida, nuestros conocimientos, nuestra experiencia y nuestro tiempo, nos hacemos más sensibles, más grandes y en definitiva, más humanos.  

4 comentarios en “Un paso adelante

  1. Eres grande Mongi, muy grande …. me gustaria colaborar aunque desde la distancia solo puede ser economicamente, ya podias poner un numero de cuenta para colaboradores y comprar comida desde España o cualquier rincon del mundo.
    Mucho animo y sigue asi, no desesperes y te frustres ….

    Besukos

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